Chapter 2 #5
El señor Maxwel fue el primero en reaccionar.
—Encantado, Bryan. Soy Thomas.
—Y yo Judy —añadió ella con una sonrisa—. Y este revoltoso es Duke.
Bryan asintió mientras notaba como Judy lo observaba un segundo más de lo normal.
—Opal me pidió que les diera recuerdos, así que es casi lo primero que he hecho nada más llegar —les dijo Leslie, agradable—. No sé si ya se habrán enterado. Voy a quedarme un año por aquí.
—Algo habíamos escuchado sobre esa cláusula de tu abuelo. Aquí estarás bien. Hace mucho que te fuiste. ¿Cuántos años tienes, Bryan?
—Dieciséis —respondió él.
Judy asintió mientras miraba a Leslie con las cejas ligeramente arqueadas. Ella desvió la mirada. No iba a mentirles al respecto, pero evitaría decirles que era hijo de Jeff por iniciativa propia. El que lo supieran no tenía por qué cambiar nada. En cuanto pasara un año volverían a la ciudad.
—¿Opal está bien? —le preguntó Thomas—. Seguro que no para quieta.
—Ya la conocen, pero está bien, muy bien.
La puerta trasera se abrió. Leslie se giró instintivamente. Jeff se quedó quieto en el umbral, con una caja de herramientas en la mano. Sus ojos pasaron de ella a Bryan.
—Hola, Jeff —dijo ella, con voz calmada y fingida indiferencia.
Él dejó la caja en el suelo sin apartar la mirada del adolescente.
—Hola…, Leslie.
Bryan lo observaba con curiosidad.
—No sabía que vendrías —añadió finalmente, más serio de lo que pretendía.
—Solo hemos pasado a saludar a tus padres.
Él asintió despacio, aunque su expresión seguía siendo de desconcierto
—Ya.
Bryan dio un pequeño paso hacia atrás observándolo. ¿Le diría a su madre que ya se conocían?
Leslie apoyó una mano en su hombro.
—Bryan, él es Jeff.
Bryan alzó la vista desafiante.
—Hola.
Jeff tardó medio segundo más de lo normal en reaccionar. ¿Leslie tenía un hijo tan mayor? ¿Y su padre?
—Hola… —respondió finalmente con la mandíbula tensa. No iba a decirle que ya se habían visto en otro momento aún más incómodo.
—Bryan, cariño —intervino Judy con una sonrisa suave—, tenemos caballos, ¿te apetece verlos?
Los ojos de Bryan brillaron ligeramente.
—Bien…
—Os acompaño —añadió Thomas, ya caminando hacia la puerta—. Pero tendrás que ayudarme a darles de comer.
—Vale.
Bryan miró a su madre, pidiendo permiso. Leslie asintió. Sabía que no le serviría de mucho negarse. Si no se comportaba con normalidad, Judy podría sospechar más de lo que ya lo estaba haciendo.
—Ten cuidado.
Bryan ahogó una mueca antes de salir tras Thomas y Judy.
Jeff dio un paso hacia ella. El pasillo le pareció más estrecho. Demasiado.
—¿Tu hijo? —preguntó, más bajo ahora.
Leslie sostuvo su mirada. Su corazón se desbocó agitado ¿Qué iba a preguntarle? ¿Si era el padre? Que fuera tan directo era una de las cosas que le había gustado de él cuando eran jóvenes. ¿Por qué lo había olvidado? ¿Qué le había hecho pensar que podría ocultárselo?
—Sí.
Otra pausa.
Leslie contuvo la respiración. Esperaba esa pregunta directa sobre su paternidad. Era tan visible el parecido...
—No sabía que… —empezó él, pero no terminó la frase, porque no sabía exactamente qué decir. Solo podía pedirle explicaciones de por qué se había ido sin despedirse, pero del resto de su vida… ¿Qué iba a decirle?
Jeff levantó la mirada de nuevo, manteniéndosela.
Creía que la había olvidado. Pero no. Los sentimientos enterrados, escondidos, olvidados estallaron en él sin darle tregua, recomponiéndose, como si el tiempo no hubiera pasado entre ellos, como si nunca hubiera dejado de amarla, como si jamás ella se hubiera largado dejándole el corazón roto.
—¿Va en serio eso de que vas a quedarte un año?
—Sí.
Leslie sintió cómo algo se removía en su pecho. Con el tiempo que había pasado, con su traición, con todo lo que había vivido en la ciudad, aún era incapaz de mirarlo sin que su corazón se agitara.
—¿Sabes? Pensé que no volvería a verte —le confesó Jeff.
Leslie bajó la mirada un segundo.
—Yo también lo pensé.
Jeff dio un paso hacia ella. Parecía que el tiempo no hubiera pasado entre ellos justo en ese momento.
Era tan bonita. Se había ido una niña y había vuelto una mujer aún más bella, más fuerte, más…
todo. Nunca había vuelto a sentir algo parecido a lo que había sentido con ella.
Dio otro paso acercándose más. No podía resistirse.
¿Sentiría lo mismo si la besaba? Necesitaba salir de dudas.
Quizá solo así podría avanzar en su vida.
—Leslie…
Ella levantó la vista. Sentía la mirada de él acariciándola. Por un instante, solo un instante, todo desapareció. El pasado. Las decisiones. Los problemas... Todo.
Jeff dio un paso más. Lento. Sin prisa. Como si quisiera darle tiempo para detenerlo. Pero Leslie no lo hizo. Estaba muy cerca. Sus intenciones eran claras.
—Dime que me vaya —murmuró Jeff rezando para que no lo hiciera.
Leslie abrió la boca. Todo su ser estaba palpitando. Sentía su piel erizada, sus mejillas encendidas… No debía… No quería… ¿O sí? ¿Por qué no había podido olvidarlo? No dijo nada. Ahogó un suspiro. Una parte de ella, la menos racional, quería que él se acercara más. Un poco más.
Otro paso. Estaban tan cerca que Leslie podía sentir su respiración, ese olor familiar y esa presencia que nunca había logrado olvidar, pese a sus intentos para hacerlo.
Leslie alzó la mirada. Estaba a punto de gemir por tan lenta agonía de la que era incapaz de huir. En los ojos de Jeff no había dudas. ¿Por qué parecía que el tiempo no hubiera pasado entre ellos?
—Jeff…
Apenas terminó su nombre. Él ya le había dado suficiente tiempo. Su mano se alzó despacio, dudando solo un segundo, antes de rozar su mejilla. Ese simple contacto fue suficiente para que ambos temblaran, se estremecieran, ardieran y se buscaran el uno al otro.
Sus labios se encontraron con los de ella. Leslie se quedó inmóvil una fracción de segundo. Solo una. Después, cedió. No le había olvidado. Nunca había dejado de sentir. El beso fue tierno, lento, caliente… Habían esperado años para volver a encontrarse.
Las manos de Leslie se aferraron a la camisa de Jeff, acercándolo más, borrando la distancia que jamás había querido. Le faltaba el aire. El pulso latía acelerado. El beso se profundizó. Más urgente, más apasionado, más carnal.
Jeff la abrazó por la cintura con firmeza, como si temiera que volviera a desaparecer, como si esta vez no estuviera dispuesto a dejarla ir.
¡No podía ser! Leslie se apartó de golpe, respirando con dificultad, con el corazón desbocado. Como si la realidad o la cordura le hubieran arrojado un cubo de agua helada. ¿Qué estaba haciendo? Dio un paso atrás. Luego otro.
—No… —negó, llevándose una mano a los labios, tratando de regular la respiración—. No deberíamos haber hecho esto.
Jeff la miró aún atrapado en ese instante. Había sido tan real… Le había sabido tan a poco…
—Leslie…
—No —repitió ella, esta vez con más firmeza, aunque su voz temblaba—. Ha sido un error.
—¿Eso crees?
Leslie apretó los labios, obligándose a sostener su propia decisión. No podía olvidar lo que había pasado. No podía fingir que no dolía o que no era el momento.
La mirada de Jeff se oscureció. El rechazo había dolido más de lo que esperaba. Pero ella había participado en el beso, había estado dispuesta.
Leslie dio un paso atrás antes de apartar la mirada.
—Buscaré a Bryan.
Tenía que irse cuanto antes. Ya había saludado a los padres de Opal.
Ya había comprobado que estar cerca de Jeff era peligroso para su corazón y su estabilidad emocional.
No necesitaba comprobar nada más. Solo abrir la cafetería y empezar una vida nueva durante un año.
Solo un año sin volver a caer en los brazos de Jeff.
Ahogó un gemido. No sabía si eso podría ser posible.
Se mordió los labios. Probablemente volvería a caer. No había más que ver cómo había reaccionado su cuerpo y todo su ser. Pero esta vez se protegería. No iba a permitir que su corazón acabara nuevamente destrozado.
A la mañana siguiente, Leslie dejó por tercera vez la brocha en el suelo.
Había corrido la voz de que iba a quedarse y a reabrir la cafetería y esa vez era el señor Hansen, muy amigo de su abuelo, el que estaba pegando su cara sonriente a la puerta.
Tenía que empapelar los cristales para que nadie pudiera verla dentro.
Quizá así podría pintar sin tanta interrupción.
—Señor Hansen, ¿cómo está?
—Muy contento de verte, Leslie. Arthur también lo estaría.
«Lo dudo» se dijo con una fingida sonrisa.
—Veo que estás pintando.
—Sí. Abriré en cuanto se seque y tramite la licencia, que espero que vaya rápido. Quizá en un par de días.
No tenía mayor prisa por hacerlo, pero quería empezar a tener una rutina cuanto antes.
Debía acercarse al instituto para matricular a Bryan para el curso siguiente.
Lo haría mientras se secaba la primera capa de pintura.
De momento, había conseguido que se implicara con la cafetería y ahí estaba pintando la pared más alejada, con bastante desgana, pero menos era nada.
—¿Ese es Bryan? —preguntó con curiosidad mirando por encima de su hombro.
Leslie asintió antes de mirar al adolescente con cascos en las orejas.
Seguro que se había puesto la música a tope.
Nadie sabía quién era su padre, pero era muy parecido a él.
Si su abuelo no había dicho la fecha de nacimiento, que tampoco la sabría, no tenían por qué sospechar que se había ido del pueblo embarazada.
—Sí.
—Tu abuelo hablaba de él. Nos decía que era un buen chico, muy aplicado, como tú.
Leslie lo miró seria. Su abuelo no conocía a Bryan. Lo que fuera que dijera se lo habría inventado para… ¿para ocultar la verdad de la inexistente relación entre ellos? ¿Ni a su mejor amigo le había reconocido su error, o su orgullo o que directamente la había echado de casa?