Si tú supieras 111. Un discurso de empresa, una oratoria de amor, unos documentos gráficos y un título sin descubrir
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111. Un discurso de empresa, una oratoria de amor, unos documentos gráficos y un título sin descubrir

Un discurso de empresa, una oratoria de amor, unos documentos gráficos y un título sin descubrir

Izan

—Atentos, chicos, que mi prima está subiendo al escenario.

La cena ha sido muy distendida y debo decir que Cami, Duna y Gael son majísimos y han hecho que mi velada haya sido totalmente positiva.

Esta mañana, cuando me he levantado y he visto el impecable traje preparado para esta reunión, he intentado invocar una enfermedad estomacal para librarme de este evento, pero, ahora que estoy aquí, me alegro de haber venido.

Mi contacto con Fabiola ha sido mínimo. Hemos hablado dos minutos de reloj, pero en esos ciento veinte segundos le he hecho una promesa, la de quedarme a escuchar su discurso. ¿La razón? Sigo buscándola.

Miro a mis acompañantes y tengo la impresión de que están algo nerviosos, supongo que están preocupados por que a Fabiola no le salga bien. Nadie quiere imaginar el broncazo que tendría que sufrir de la jefa suprema, su madre, si esto sucediera.

—Buenas noches —comienza a hablar al acercarse al micrófono—.

Antes que nada, quiero dar las gracias a todos los presentes.

Es un honor para mi familia contar con tantos buenos amigos que han estado a nuestro lado a lo largo de estos veinticinco años.

Esperamos que sigamos juntos muchos más.

Cuando se creó Ralentí, nadie tenía fe en ella.

Un nombre extraño para una empresa textil, al que no veían gancho y al que auguraban una carrera no corta, sino inexistente.

Se equivocaron, y la prueba es que estemos todos aquí reunidos tanto tiempo después.

Esto no lo hemos contado nunca, pero el nombre viene de la pasión por el cine de mi familia.

Mis padres y mis tíos nos han inculcado esto mismo a mi prima Candela y a mí.

Un verano de hace treinta años, mi madre se fue de su casa sin avisar para ir al único autocine que existía por la zona.

Uno pequeño, con poca capacidad de coches, pero que siempre estaba lleno de jóvenes deseosos de conocer nuevas historias.

Allí también estaba él, mi héroe, mi padre, persona humilde que se sacaba un sueldo siendo el encargado de poner las películas y que todo fuese sobre ruedas.

Así se conocieron mis padres. Todos los sábados, mi madre se escapaba de casa para seguir creando su propia historia de amor, al igual que lo hicieron mis tíos.

Dos historias preciosas en el mismo sitio y en el mismo tiempo.

Sé que os estaréis preguntando a qué viene esto y que mi madre estará tirándose de los pelos ahora mismo mientras mi padre la calma y mis tíos se ríen.

Cuento esto por varias razones. Sabéis que somos una marca de ropa que no es apta para todos los bolsillos y por ello he decidido sacar una colección low cost con materiales reciclados para que todo el mundo pueda pasear con alguna prenda de Ralentí.

De esto se está enterando mi madre en este instante.

Lo siento, mamá, pero necesito hacerlo. Esta es la primera razón, y la segunda.

.. es el amor. A mi madre la criaron en una casa con todo tipo de lujos y, a pesar de ello, se escapaba por la ventana de su habitación para ir a ver a su novio.

Mis abuelos paternos, a él y a mi tío, siempre les dieron todo el amor del mundo, pero no pudieron darles ninguno de los caprichos que todo niño o adolescente quiere.

Todo se lo ganaron ellos con el sudor de su frente.

Mi madre luchó mucho por él, porque al principio en su familia no vieron con buenos ojos que se fuese con un don nadie.

Lo siento, papá, para mí eres lo máximo y lo sabes.

Veo cómo Fabiola mira hacia la mesa de sus padres y luego hacia la nuestra.

Cande está llorando a moco tendido y me doy cuenta de que su mano derecha está debajo de la mesa.

.., al igual que la izquierda de Aitor, que, casualmente, ha terminado en nuestra mesa al lado de ella.

Ahora lo entiendo: Fabiola ha planeado todo esto.

Lo que no sé es cómo va a terminar. Coge aire y prosigue.

—Bien... A continuación vamos a ver una serie de diapositivas que muestran el trabajo que he realizado estos meses.

Es una línea de ropa y complementos totalmente opuesta a lo que os tengo acostumbrados, pero que es lo más importante que he hecho desde que me dedico a esto.

Será un nuevo comienzo y espero que se me dé la oportunidad.

Y pido perdón si lo anterior no estuvo a la altura. Vamos con la primera.

—¿Qué...?

No puedo articular palabra. En la primera diapositiva se ve una colección de riñoneras de distintas formas y colores. Pasa la foto y me encuentro con un montón de pulseras y collares de cuero...

«No puede ser».

—Bien. Creo que hay que abrir la mirada más allá.

A mí me encanta la ropa clásica, bueno, más bien me visto con ella, pero entiendo que no toda la gente de mi edad viste como yo.

Lo que quiero deciros es que esto es igual que un libro: tienes que escribir la historia que a ti te gustaría leer, pero también lo que los lectores piden.

Sé que la juventud quedará fascinada con esta colección.

Como veis, también hay bolsos, pañuelos, cinturones, diademas, pendientes y carteras.

En unos meses saldrá también otra de zapatos, sandalias y calzado deportivo inspirados en esta misma colección.

Y, como colofón, lanzaremos varios tipos de maletas y bolsos de viaje.

Estoy segura de que será un éxito de ventas.

Como sabéis, cada vez que lanzamos algo nuevo os contamos en qué nos hemos inspirado. .. Disculpad un momento.

Bebe agua y la noto muy nerviosa.

—La colección se basa en mi experiencia personal en viajes, personas y películas. Vamos a por la primera.

En cuanto se pone la foto, el asombro de la gente presente es generalizado. Se oyen grititos, suspiros y el bombeo excitado de un corazón. El mío.

—A esta la he titulado «Mascbill». Supongo que lo pilláis: mitad La Máscara , mitad Kill Bill .

Aquí tenemos una fiesta de disfraces en pleno junio de este mismo año en la que la Mamba Negra, que soy yo, conoció a La Máscara, que es Izan y está presente en una de las mesas.

Me cuesta mucho relacionarme con gente que no es de mi entorno y aquí me tenéis, bebiéndome un chupito junto a él. Ese fue nuestro comienzo.

Otra diapositiva.

—La número dos se titula «Mi primer beso». Ya sé que solo se nos ve en un pasillo mal iluminado, pero lo que sucedió a continuación es que nos metimos en el cuarto de las bebidas y nos besamos por primera vez. No recuerdo mucho de esa noche, pero ese beso ya no lo pienso olvidar en la vida.

Otra.

—Foto número tres: «The Holidays». Después de la noche que pasamos, mi prima y yo nos los encontramos a él y a Marc en el mismo tren que nosotras y con el mismo destino. Aquí se nos ve durmiendo muy juntos, pero la realidad es que no lo quería volver a ver en mi vida.

Otra.

—Foto número cuatro: «Devuélveme mi suerte».

Aquí nos tenéis en pleno concurso de chupitos.

El premio eran mil euros que yo pretendía ganar para facilitar la economía viajera, sobre todo a mi prima, pero también a Izan.

.. No podía estar más equivocada. Acabamos ganando el premio los dos, quinientos euros cada uno, después de distraerme diciéndome que se moría por besarme. ..

Otra diapositiva. Fabiola hablando a duras penas.

—Foto número cinco: «Un paseo para recordar».

Viéndome ahí, pensaréis que es un momento idílico, pero nada más lejos de la realidad.

Estaba aterrorizada. Mi miedo a las alturas y yo estábamos en un funicular de Como y solo sobreviví al pánico gracias a él, que me tranquilizó de la mejor manera posible.

Más.

—Foto número seis: «El plan B». Mi prima y yo llevamos varios candados cada una y ese es el momento en el que Izan y yo pusimos el nuestro. En plena plaza de la casa de Julieta en Verona hay un candado en el que pone Mambita y Perroflauta... —Sonríe.

—No sé cuánto más voy a aguantar esto —aviso a la gente que me rodea. De veras que no lo sé.

—Izan, por favor... Dale la oportunidad de terminar —me ruega su prima.

—Foto número siete: «Ponte en mi lugar».

Era algo así como una competición. Mi prima y Marc por un lado e Izan y yo por el otro.

Los últimos en salir pagaban la cena. Mi prima me explicó que, aunque había echado ya a andar, deshizo sus pasos para seguirnos y dejar esta foto de recuerdo.

Acabó siendo un momento importante para nosotros.

Él me abrió su corazón y me contó cosas que no suele conocer nadie de su vida, y yo sufrí con él.

«Izan, aguanta».

Otra.

—Foto número ocho: «Tú la letra, yo la música». Nosotros sentados como cada noche en un pasillo de hotel antes de dormir escuchando nuestra canción, esa que...

—Lo siento, pero ya no aguanto más.

Mi silla chirría al levantarme y toda la sala se queda mirándome. Me falta el aire y necesito salir de aquí. Como si solo estuviésemos nosotros en esta sala, nada más llegar a la puerta de salida, me recrimina a oídos de todos.

—¡No puedes hacerlo, Izan! Aún me lo debes.

—¿El qué? —pregunto sin girarme.

—El título de nuestra canción.

No sé los segundos que llevo aquí, estático y con mi mano en la manija de la puerta que decide el futuro que está escrito para mí.

Para nosotros. Si permanezco aquí, probablemente sea el que tantas veces me ha rondado por la cabeza mientras tenía una sonrisa en la boca, el feliz.

Si cruzo al otro lado, lo más seguro es que me adentre en el que tantas noches no me ha dejado dormir.

Apoyo la cabeza sobre la madera intentando tranquilizarme y dándome igual que ella esté esperando mi decisión.

Tampoco me importa que esta sala esté llena de gente que, seguramente, se estará preguntando qué mosca nos ha picado.

Todo me da igual ahora mismo; tan solo necesito un pequeño momento de reflexión y pienso tomármelo.

El primer pensamiento que tengo es que es una puñetera kamikaze.

Ha enseñado un montón de fotos nuestras íntimas y ha contado parte de nuestra historia.

¿En qué estaba pensando? Mierda, estaba pensando en recuperarme.

Con esto me ha demostrado que le da igual lo que opinen su madre y todo el mundo.

Lo ha hecho para demostrarme que le importo yo y que va a apostar por mí.

Ha sido ella la que me ha hecho sentirme importante y no al revés.

Este es nuestro momento y no pienso ser yo el que lo joda.