110. Una presentación de lujo, una cita de atelier, una cena improvisada y una promesa que cumplir
Una presentación de lujo, una cita de atelier, una cena improvisada y una promesa que cumplir
Fabiola
—¡Hola, Fabi! Me alegro de verte.
—Y yo a ti, Duna. ¿Todo está a tu gusto?
—Creo que esa pregunta debería hacértela yo a ti.
—Contigo todo está perfecto siempre.
—Muchas gracias. Mira, por fin te presento a mi novio, Gael. Como tengo que pasarme por tu taller esta semana, hemos decidido venir antes y tomarnos unas pequeñas vacaciones.
—Encantada, Gael. Me han hablado maravillas de ti. Sabía que Duna venía acompañada, pero no sabía que era por ti.
—El placer es mío. ¿Voy a poder ver el vestidazo que le estás haciendo?
—Pues claro, tonto... Ni que fuese un vestido de novia —contesta ella—. Es de dama de honor.
—Claro que puedes, Gael. Será un honor recibiros a los dos. Tenemos la cita el martes, pero si por alguna razón queréis cambiarla, ya que vais a estar aquí toda la semana, me escribes con total confianza. Venía a deciros que tenéis reservados dos sitios para la cena.
—Oh, no era necesario.
—Lo es. Os he puesto en la mesa con mi prima y el resto de los amigos. Veo que ya habéis conocido a Izan... Después coincidiréis, porque él está sentado con vosotros. Luego os veo, chicos. Pasadlo bien.
Lanzo mi mejor sonrisa y me doy la vuelta para alejarme de allí, pero al dar el primer paso veo que alguien se interpone en mi camino.
—Hola.
—Hola, Izan.
—Yo... Siento si te ha incomodado verme aquí. No tenía intención de venir, pero mis padres han insistido. Ya sabes: que si es bueno para el negocio, que si no hace falta que me quede todo el rato...
—Me ha quedado claro por qué estás aquí, no hace falta este alarde de sinceridad. No querías venir. No querías verme. Bien.
—No, yo...
—Tú, ¿qué? Te entiendo, de verdad que lo hago.
Cada uno gestiona los sentimientos como puede, pero no necesito que me digas a la cara que no quieres saber nada de mí.
Estás aquí por temas de imagen, claro...
¿Sabes? El que está aquí ahora por el qué dirán eres tú y a mí me la sopla.
Sí, últimamente estoy desatada, como puedes apreciar.
Me he hartado de ser una simple humana programada para contentar al prójimo.
De todos modos, ¿puedo pedirte un último favor?
—Dime.
—Este año me toca a mí dar el discurso. Me encantaría que te quedases y lo escuchases.
—Está bien —claudico.
—¿Lo prometes?
—Te lo prometo.
—Recuerda que, a pesar de todo, siempre he confiado en ti.