108. Unas dos semanas después, una terapia de choque, un álbum de fotos y una determinación
Unas dos semanas después, una terapia de choque, un álbum de fotos y una determinación
Fabiola
D OS SEMANAS DESPUÉS
Han pasado dos semanas desde que Izan salió por la puerta de mi casa. En estos quince días, y debido al dolor de mi tobillo, de mi cabeza y de mi corazón, he estado prácticamente encerrada, ya que no he ido a trabajar.
Mi casa ha sido un vaivén de personas. Mi prima y mis padres han venido a visitarme todos los días, sin excepción.
A mis tíos les he tenido que pedir que no se hiciesen el viaje diario al cerrar el videoclub y que se fuesen a descansar.
Hace tres días que me han hecho caso. Incluso ha venido Aitor, que tiene la misma cara de mierda que yo y que sé que es por mi prima.
Está claro que les ha pasado algo, pero ahora mismo tengo bastante con mi historia como para adentrarme en la suya.
En algún momento querré saber todos los detalles.
Marc y Gi han venido con Candela y Jon dos noches a la semana para hacer un cine en casa.
Si algo ha quedado claro de nuestra unión es la pasión que todos sentimos por el séptimo arte.
E Izan... No he sabido nada de él. Solamente que «está en proceso», y no tengo ni idea de lo que significa.
Oigo que alguien abre la puerta de mi casa y aparecen mi prima y mis amigos. Candela, Gisela, Marc, Jon, incluso Aitor, están ahora en mi salón.
—Bonito respeto por la privacidad. ¿Y si hubiese estado haciendo algo íntimo? —apunto mientras los miro mal.
—Sí, masturbarte. No te jode... Las almas en pena como tú no hacéis nada. Tú por lo menos respiras, pero debe de ser poca cosa, porque no es que huelas especialmente bien. ¿Cuánto hace que no te duchas? —Mi prima está cruzada de brazos frente a mí mientras espera mi respuesta.
—Esta mañana.
—Pues cambia de gel.
—Candela...
—Fabiola...
—¿Qué hacéis aquí?
—Terapia de choque. No pongas esa cara. Sabemos que lo estás pasando muy mal por tu amor frustrado con Izan, prima.
—Yo no...
—Déjame terminar. He reunido aquí a la gente más importante para ti. —Justo en ese momento suena el timbre—. Tranquila, no te hemos hecho una encerrona. Es Cami.
Veo cómo mi amiga, e hija de mi chófer Domingo, entra por la puerta y yo solo quiero que corra y me abrace. Hace meses que no la veo porque se fue a cuidar a su abuela a la otra punta del país. Después de muchos besos, abrazos y presentaciones, mi prima vuelve a tomar la palabra.
—Como decía, todos los que te queremos sabemos que estás triste.
No solo llevas así dos semanas, llevas así desde que tomaste la decisión incorrecta de irte de París.
Sabemos que lo sientes y que estás arrepentida, pero es que no tenemos una máquina del tiempo para viajar al pasado, Fabs.
Lo hecho hecho está. Lo que hay que hacer es apechugar y tirar para adelante y afrontar lo que nos venga.
Y por eso mismo hemos traído bebida, muchas chuches, varios paquetes de clínex. .. y esto.
Lo que veo hace que se me forme un nudo en la garganta y que ya quiera usar uno de esos pañuelos de papel. Es un álbum de fotos, y sé quiénes son los protagonistas de las imágenes que estoy a punto de descubrir.
—Toma. Respira hondo, ábrelo, llora todo lo que tengas que llorar y tómate tu tiempo. Nosotros estaremos aquí para consolarte. No te vamos a dejar caer. Una vez que acabes, tendrás que tomar decisiones.
—Se fue... Esta vez se fue él.
—Lo sabemos, cuqui, lo sabemos —me dice Marc todo compungido—.
Pero también creemos que, a pesar de que esta vez el que se ha ido sin mirar atrás ha sido Izan, tal vez ahora sea él el que necesita que vayan a buscarlo.
Quizá está harto de ser siempre el que tiende el puente.
Todos en algún momento necesitamos sentirnos especiales para la persona que queremos.
Y sé que eres consciente de que muchas veces él te lo hizo sentir a ti.
—Siempre.
—Pues Izan siempre se ha sentido en el bando contrario. Cree que no se merece ser el factor importante de la ecuación. Ya sabes cómo lo pasó con la perraca de Celeste. Ni mucho menos te estoy comparando con ella, entiéndeme, pero no quiero volver a verlo en ese estado jamás.
Respiro. Suspiro. Paso mis manos por el lomo del álbum que descansa sobre mis piernas. Lo abro. Me hundo.
Son fotos única y exclusivamente protagonizadas por Izan y por mí.
Fotos que no soy consciente de que nos hicieron y que, de estar en otras circunstancias, cualquiera diría que forman parte de un álbum de recuerdos de una luna de miel.
Prácticamente en todas salimos mirándonos, riéndonos.
.. y besándonos. Miro a mi prima interrogante y su respuesta es que no pregunte.
No pensaba hacerlo, porque no me sale ni la voz.
Lo único que sale son las lágrimas debido a lo que pudo ser y no fue; a lo que toqué con las puntas de los dedos y se escapó de mis manos.
No sé el tiempo que paso en ese sofá llorando rodeada de los míos, pero lo que sí siento es la determinación de que tengo que hacer algo para conseguirlo.
Tengo que hacer que crea en mí, en él, en nosotros.
Tiene que saber que estoy segura de que me enamoré de él antes que él de mí, aunque no lo quisiese ver.
Tiene que saber que no pienso fallarle nunca más y que quiero que seamos los protagonistas de la mejor película romántica de todos los tiempos.
Hemos empezado mal, pero la reconciliación será la más apoteósica de la historia.