Si tú supieras 107. Una semana, una información por segundos, unos padres preocupados y un encierro personal
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107. Una semana, una información por segundos, unos padres preocupados y un encierro personal

Una semana, una información por segundos, unos padres preocupados y un encierro personal

Izan

U NA SEMANA DESPUÉS

Ha pasado una semana desde que me fui de casa de Fabiola sin mirar atrás. Necesitaba ordenar mis ideas y reflexionar sobre lo que es mi vida desde el día en que la conocí. Necesito estar lo más alejado posible para tener claros los pros y los contras de que forme parte de ella.

He sabido de Fabiola porque no hay día en el que no haya hablado con Cande, que se ha convertido en una de las personas más importantes de mi entorno.

Aún sigue algo dolida conmigo por lo que le hice a su prima, pero dice que del mismo modo en el que sigue un poco dolida con esta.

Añade que se le pasará porque nos quiere mucho.

—Principeso, tu amiga quiere irse a tomar algo contigo.

Esto es lo primero que me dice la chica mariposa cuando descuelgo la llamada. Ni un «hola», ni un «¿cómo te va todo?». Siempre directa al grano.

—¿Estás con Gisela? —la chincho.

—Todo lo que tienes de guapo, y es mucho, lo tienes de bobalicón. ¿Quieres quedar un rato y nos contamos las penas?

—¿Tienes alguna nueva que contarme?

—Solo lo sabrás si accedes a salir de tu morada y reunirte conmigo. Mira que eres afortunado.

—No sé, Cande... No estoy muy animado.

—Tampoco estaba animada yo cuando tenía que ir a ponerles rulos a las señoras, pero la vida está llena de necesidades.

—La diferencia es que yo no necesito salir de mi casa —puntualizo.

—Ya te digo yo que sí... Tú verás, o sales, o entro yo.

—No vas a venir a mi casa.

—Bueno... Pues, entonces, la información que poseo sobre cierta chica a la que le queda muy bien el látex amarillo dejará de llegar a tus oídos.

—Eres una villana.

—Me habéis convertido en mala gente. Voy a tener que ir con mi tía a confesarme. Pero lo dicho, que acabo unas cosas...

—No vas a venir a mi casa. Segundo aviso —la corto.

A los cuarenta minutos de esta conversación, el timbre de mi puerta suena.

Mantuve una larga charla con mis padres después de que descubriesen que Fabiola, hija de las personas con las que hacen negocios, era la chica que me volvió a hundir en las sombras.

Han pasado varios meses y aún siguen echando de menos a su hijo, porque he de reconocer que últimamente no estoy nada participativo.

Estoy arisco, taciturno, no me relaciono mucho y me he encerrado en mí mismo. Otra vez...