Si tú supieras 88. Un techo observado, una lengua escondida, un mensaje encriptado y una abertura en canal
77%

88. Un techo observado, una lengua escondida, un mensaje encriptado y una abertura en canal

Un techo observado, una lengua escondida, un mensaje encriptado y una abertura en canal

Izan

Más, más, más.

Más ganas.

Más ansias.

Más sudor en cada poro de mi cuerpo.

Más rapidez de bombeo de sangre.

Más fuerza en mis dedos mientras agarro sus muslos.

Más excitación.

¿Más amor? No. Más cariño. Más punto de unión. Más complicidad. Más intimidad. Más ganas de seguir conociéndola.

Más deseos de dejar mi pasado atrás y abrir las puertas a nuevas oportunidades.

Más ganas de mostrar mi verdadero yo, a pesar de que me tiene delante.

Más experiencias apasionantes vividas a su lado.

Más fotos que nos saquen una sonrisa cuando rememoremos los momentos capturados.

Menos ganas de que se acabe este viaje.

—¿Qué es lo que quieres de mí, Fabiola?

—No quiero que pares.

Sigo empujando fuertemente, lo cual provoca que las piernas empiecen a fallarme, pero no pienso romper este momento por nada del mundo. Estamos follando de manera salvaje en medio de un baño y quiero alargarlo lo máximo posible.

Fabiola mira hacia el techo, aunque tiene los ojos cerrados.

Veo cómo se empieza a morder el labio inferior y sé que está a punto de llegar al orgasmo.

Y yo con ella, porque verla así me está volviendo loco.

Abre los ojos y hace contacto visual conmigo, momento en el que los dos acabamos lo que hace ya un buen rato hemos comenzado.

Nuestras respiraciones empiezan a suavizarse y yo sigo negándome a dejarla en el suelo.

Sigo dentro de ella y tengo la necesidad de besarla.

Me dirijo a su boca y lo hago por primera vez.

Nada de saliva mezclándose. Nada de un beso sucio.

No. Le doy el típico beso que se dan en esas comedias románticas que tanto les gustan a su prima y a ella.

Y a mí también, porque me estoy reconciliando con ellas.

Es intenso, sin lengua, en el que capturo su labio inferior con los míos.

De los que te roban el aliento. Soy consciente de que ha notado un cambio, pero no estoy preparado para enfrentarme a él, ni a ella, en estos momentos.

Una vez que termino, ahora sí, salgo de ella cuidadosamente y la dejo en el suelo.

Ninguno habla, pero siento cómo los latidos de mi corazón quieren gritarle muchas cosas.

—Solo tú. Espero que lo entiendas.

No me responde, simplemente tira de mi camiseta y me da un beso que hace que esta vez mi labio inferior esté entre los suyos. Creo que ella está besándome también por primera vez. Estoy acojonado. Creo que ambos lo estamos.

¿Más amor? Sí, más amor.

Hasta hace unos segundos, me estaba engañando a mí mismo.

Solo espero que ella también se esté engañando a sí misma.

Creo que voy a acabar enamorándome perdidamente de ella y voy a hacer todo lo posible para que sea correspondido. Esta vez no voy a dejar que nadie me destroce el corazón.

No sé cuánto tiempo hemos estado encerrados en el baño, pero, cuando vamos al encuentro del resto del grupo, Marc y Cande están solos.

No vemos a Zoe por ningún lado y la verdad es que juraría que ambos nos alegramos.

Ella, por razones obvias, y yo, porque no quiero seguir haciendo el gilipollas gratuitamente.

Nuestros amigos se lanzan miraditas entre ellos, dejando claro que saben lo que acaba de pasar —lo negaré hasta el fin de mis días, a no ser que Fabiola sea valiente y se decida a confirmárselo a su prima— y nada más sentarme pregunto por la persona que ya no nos hace ser un quinteto.

—Se ha ido hace unos diez minutos. Nos ha dicho que ha sido un placer conocernos a los cuatro y te ha dejado un mensaje, Izan —dice Marc.

—¿Y el mensaje es...?

—Que estés tranquilo, que ella tiene un don y sabe que lo vas a conseguir.

Sonrío porque sé a qué se refiere. Tiene claro que Fabiola y yo acabaremos juntos.

—Principeso, no nos lo vas a decir, ¿verdad? —pregunta Cande intrigada.

—Mariposilla, veo que las pillas al vuelo.

—Chicos, a pesar de alguna cosilla que vamos a olvidar, creo que hemos pasado un día muy molón.

Atadme las manos porque capaz soy de volver a coger entradas y repetir lo del día de hoy.

.. Es bromi. Venga, cosas comestibles, dadle un besote de buenas noches a la Cande, que este pedazo de cuerpo no se mantiene solo, se mantiene a base de una buena ducha y unas cuantas horas de sueño.

Cande le da un beso a Marc, que a su vez le da uno a Fabiola antes de despedirse de nosotros.

Me da otro a mí y nos dice que no pongamos la música muy alta, que no son horas.

La madre que la parió. Una vez que nos quedamos a solas, nos sentamos como hacemos todas las noches, pero antes de que le ponga el auricular en la oreja comienza a hablar.

—Siento mucho si en ocasiones te he hecho sentir que no eres válido para mí.

Déjame decirte todo esto, y no digas nada cuando acabe, tan solo pon la música, dame un beso de buenas noches y mañana será otro día.

Quiero que sepas que este viaje está siendo vitamina pura para mi mente y para mi alma.

Que creía que le estaba haciendo un favor a mi prima viniendo aquí, pero el regalo me lo estáis haciendo a mí vosotros tres.

Me siento una chica de veintiocho años totalmente normal que lo que tiene que hacer es disfrutar todo lo que pueda mientras atienda sus responsabilidades.

Nunca he hecho nada memorable, ¿sabes? Y puede que lo que hemos hecho aquí no lo sea para ti, pero el ganar un concurso de chupitos, estar en un pub de hielo, en una holi party .

.. son cosas que en casa no hubiese hecho por las habladurías, a pesar de que la gente que me rodea no es perfecta, aunque parezca que no ha roto nunca un plato.

Quiero que entiendas que contigo me siento libre, como el sol cuando amanece, como dice la canción de Nino Bravo que tanto le gusta a mi padre.

Y eso nunca me lo podrán quitar. Y tampoco nadie podrá ocupar el hueco que ocupas tú en todo esto, que no es otro que el de estar disfrutando a mi lado en cada uno de esos momentos.

Ya lo he dicho. Así que ya puedes poner nuestra canción.