78. Una pregunta de mierda, unos víveres diversos, un inventario y ¿una persona problemática?
Una pregunta de mierda, unos víveres diversos, un inventario y ¿una persona problemática?
Izan
—¿Todo bien?
Vaya mierda de pregunta. Se suele hacer por compromiso, no hay más.
¿Qué le preguntas a una persona que tiene los ojos rojos de haber estado un buen rato llorando?
¿Qué le preguntas a alguien que tiene el ánimo por los suelos?
¿Y a una chica que está pensativa y que no habla?
¿Y a quien dice que siente mucho cambiar los planes estipulados, pero que no se ve con fuerzas para hacer nada?
Pues hacerle, como acabo de decir, una pregunta de mierda.
—Sí, no te preocupes. No malgastes tu tiempo conmigo porque no vais a llegar.
—Yo no pienso ir a ningún sitio sin ti, Fabiola —respondo sin atisbo de duda mientras espero a que abra del todo la puerta de su habitación y me invite a entrar.
No aparto los ojos de ella porque quiero ver su reacción al completo. Nada, no ha movido ni un solo músculo facial.
—Diga lo que diga, no vas a cambiar de idea, ¿verdad? —claudica sin fuerzas.
—No hay nadie que me sepa leer mejor que tú, hay que ver.
—Pasa, anda.
—No tenía pensado no hacerlo.
Fabiola se vuelve a tumbar en su cama. Voy detrás de ella con un arsenal de cosas que harán que esta noche se sienta un poquito mejor de lo que lo ha hecho estas últimas horas.
—He traído un montón de víveres: agua, refrescos, cervezas, patatitas, gominolas, Lacasitos... Ah, sí, y unas pipas y unas palomitas.
—¿Qué piensas que vamos a hacer con todo esto? —pregunta mientras me dedica un amago de sonrisa.
—Pues seguir viendo las películas que tenemos pendientes de ese listado que hicimos. ¿Cuál toca?
—No lo sé. Estoy bastante espesa ahora mismo.
—Creo recordar que era Jumanji , pero, si lo prefieres, puedes contarme con todo lujo de detalles qué te pasa. Tu prima está muy preocupada por ti.
—Ella ya sabe lo que ha pasado.
—Precisamente por eso... Dice que, cuando pasa «esto», dejas de ser tú durante varios días.
—Ese es uno de los principales problemas que tengo ahora mismo, Izan, que no sé quién soy realmente... —confiesa soltando un largo suspiro.
—No puedes estar hablando en serio.
—Pues lamento decepcionarte. Este viaje quería vivirlo como una persona de mi edad.
Sin ser una descerebrada, ya me entiendes, pero exprimiéndolo al máximo.
Al principio, cuando os vi en el tren, pensé que eso no podía estar pasándome a mí.
Hacía unas horas que había huido de tu casa y me moría de vergüenza por ello.
—¿Por qué? ¿Por huir o por acostarte conmigo? —pregunto con valentía, ya que, probablemente, la respuesta va a ser dolorosa.
—Por ambas.
—Entiendo... —Ha hecho pupa.
—No, no puedes entenderlo porque ni yo misma lo hago. No quiero que te lo tomes a mal, ni que esta conversación se vuelva incómoda por un malentendido, pero es que, como ya te he dicho anteriormente, yo no hago ese tipo de cosas y menos con gente como tú.
—Gente como yo... Entiendo.
—De nuevo sigues sin hacerlo. Ya te he contado un poco mis escarceos amorosos y también que siempre han sido con gente de mi entorno.
—¿Pijos redomados, como diría tu prima? —suelto riéndome.
—Exacto.
—Enti...
—Como vuelvas a decir esa palabra, te saco de aquí de una patada en el culo.
—¿Nunca has tenido nada con ningún amigo de Cande?
Si ahora dijese que sí, me sorprendería mucho, ya que me da la impresión de que solo los tolera por su prima.
—¿Yo? Ni loca.
—¿Y ella con alguno tuyo? —«El Indagador», me llaman.
—Deliras.
«Ay, Fabiola, si tú supieras...».
—Entonces ya sé bien de qué va la vaina —afirmo mientras me siento en su cama, captando toda su atención.
—Deléitame con tu sabiduría —me reta mientras se cruza de brazos.
—Bien, lo haré al estilo Marc de nuevo y espero que esta vez saquemos más cosas en claro que en conversaciones anteriores. Voy allá con una especie de inventario en forma de nuevos puntos que tratar. Punto 1: La herencia.
—¿La herencia?
—Sí, esa que perderás si tu madre se entera de que hemos follado como locos. Punto 2: La visión.
—La visión...
—Sí, la visión horrorosa que le produciría a tu madre verte con alguien con mis pintas —recalco esta palabra. Cómo no—. Punto 3: El interés.
—Venga, desembucha.
—¿Qué hace un tipo como ese con una mujer como mi hija? Esa sería la pregunta que se haría tu madre y la respuesta sería esta: por el interés. Mío, claro está, pues, según ella, no tengo dónde caerme muerto. Sigamos con el punto 4: Las Navidades.
—Esto sí que no lo pillo...
—Corrígeme si me equivoco, pero ¿puede ser que tu madre sea de esas personas que organizan fiestas en Navidad para todos sus amigos barra conocidos barra gente importante?
—No te equivocas.
—Pues no le quedaría otra que invitar a su querido y futuro yerno y a la familia de este.
Creo que no lo haría con muchas ganas...
Y con esto vamos al punto número 5: Las impresiones.
Siempre buenas, nunca malas. ¿Con qué facha apareceríamos mi familia y yo a semejante evento social?
Seguro que pasaría un mes sin dormir pensando en ello.
Tu madre, digo. A mí no hay nada que me quite el sueño.
—¿No hay más puntos? —consulta divertida mientras sonríe.
—Muchos más, pero creo que esos podemos tratarlos en otro momento. Ahora lo que quiero es hacerte una pregunta y quiero que me contestes con la mayor sinceridad posible, si no te importa. ¿El problema soy yo?
La diversión desaparece de su rostro en cuanto formulo la pregunta.