71. Un teléfono despertador, una catarsis personal, un tío bueno en toalla y un mañanero
Un teléfono despertador, una catarsis personal, un tío bueno en toalla y un mañanero
Fabiola
Oigo la melodía de mi móvil y muevo la mano para intentar cogerlo. Como esto no sucede, no me queda otra que abrir los ojos y buscarlo. Doy con él y veo que lo que suena son un montón de mensajes de un nuevo grupo de WhatsApp en el que he sido agregada.
«Viajeros por el mundo» —quien lo ha creado ha sido poco original; espero que no haya una demanda por plagio— es el nombre adjudicado a este chat en el que los participantes, sin ninguna sorpresa, somos mi prima, Marc, Izan y yo.
Me resulta curioso que lo hayan creado a estas alturas, después de Lyon, Milán y Verona, pero, como veo que la artífice ha sido mi prima. .., «no hay más preguntas, señoría».
¿Estoy sola? Estaba tan enfrascada en el móvil que no me había dado cuenta de que soy la única persona que está en esta cama. ¿Izan es de los que se acuestan contigo y se van sigilosamente en medio de la noche? No me lo esperaba. Las veces anteriores no usó este modus operandi.
Recibo otra notificación y veo que es un nuevo mensaje de Candela diciendo que nos vemos en una hora en la cafetería que hay al lado del hotel, e incluye también el itinerario del día.
«No puede ser...».
Hoy visitaremos la casa de Strauss, el Museo de la Literatura, el Sisi Museum Hofburg, el Madame Tussauds —es lo único que me hace verdadera ilusión— y el laberinto de Schönbrunn. Definitivamente, Marc y mi prima se han vuelto locos.
Perroflauta: Perfecto, chicos, nos vemos ahí. Marc, espero que no hayas dejado la habitación hecha un cuadro..., que nos conocemos.
Marc: No sé cómo osas decirme estas cosas delante de las damas. Ahora a saber lo que van a pensar de mí.
Candela: Tranqui, Marco, que nunca serás peor que yo.
Candela: RECORDATORIO PARA IZAN Y PARA MI PRIMA: NO LLEGUÉIS TARDE. Tenemos los tiempos planificados, así que no nos toquéis los Kinders. PRIMER AVISO.
No estoy entendiendo nada. Si Marc y mi prima están mandándonos estos mensajes a nosotros es porque Izan no está con ninguno de ellos, pero tampoco está conmigo.
—Buenos días, Mambita.
«Jo-der».
Izan acaba de salir del baño con una toalla a la cintura y el pelo mojado. Está muy bueno. Digamos que podría ser el protagonista de un anuncio de... cualquier cosa. Ahora mismo no puedo ni pensar.
No es que siempre haya sido una persona poco sexual, pero es verdad que mis denominados «amantes» nunca me han hecho sentir especial en la cama.
Quizá también sea un problema que yo acarreo, teniendo en cuenta que soy una persona que mide cada cosa que hace por el qué dirán.
¿Practicar sexo oral? Después seguro que me llamarían «guarra».
.. Cuento todo esto porque nunca había sentido la atracción sexual que siento hacia Izan.
También es verdad que es el tío más guapo con el que he estado y que no se parece en NADA a ninguno de los chicos con los que he mantenido relaciones.
Todos mis escarceos amorosos siempre han sido con personas de mi rango social.
¿Alguna vez pensé en acostarme con alguien como Izan?
Jamás. Sí, lo sé, este comentario tampoco me deja en muy buen lugar.
Creo que este viaje está siendo una catarsis personal en toda regla. Puede ser un punto de inflexión en mi vida para que empiece a disfrutar de verdad, teniendo solo en cuenta lo que yo quiero y no lo que se supone que los demás esperan de mí.
¡Madre mía! Izan está ahí, observándome apoyado desde la puerta y yo creo que en estos momentos estoy babeando como una colegiala por el chico duro. Duro está, todo hay que decirlo.
¿Me había dicho algo? No sé qué me pasa, pero no puedo ni hablar ni moverme.
—Tierra llamando a Mambita.
—Buenos días —digo atropelladamente.
—¿Ves algo que te guste? No me quitas los ojos de encima; me estoy empezando a sentir un trozo de carne.
—No, no, para nada. Digo, sí... ¡Aaaaaah! —grito exasperada mientras me incorporo en la cama.
—Pues no sé las vistas que tendrás tú, pero, desde luego, las mías son impresionantes —contesta mirándome... ¿las tetas?
Sí, esas que he dejado al aire sin darme cuenta.
—Ay, no...
Izan se acerca a la cama y me quita suavemente el brazo que he puesto sobre ellas para taparme.
—Creo que fui lo suficientemente claro ayer cuando te dije que conmigo no tienes que esconderte nunca.
—Desconocía esta faceta tuya exigente y autoritaria.
—Es que me encanta verte desnuda.
—Eso se lo dirás a todas.
—¿Celosa?
—Más quisieras.
—Lo que quiero es follarte ahora mismo; tenemos cincuenta minutos. ¿Qué me dices?, ¿empezamos bien el día juntos?
Me lame un pezón y yo pierdo por completo la razón.
—No veo por qué no.