64. Un pijo relamido, una alerta, una pillada al vuelo y un plan de despiste
Un pijo relamido, una alerta, una pillada al vuelo y un plan de despiste
Izan
Aquí hay congregados bodegas, sumilleres, comerciantes, amantes del vino y demás bebidas espirituosas, profesionales de la industria... y nosotros.
Llevamos aquí unas tres horas en las que Fabiola no se ha separado de su remilgado amigo Aitor, quien, a pesar de su aspecto de cayetano, me cae realmente bien.
No he hecho más que observar y no hay que ser muy listo para saber lo que pasa con respecto a algunos integrantes del quinteto que formamos actualmente.
Hoy quiero tomármelo con más calma que el día del festival, y Marc también, ya que tan solo ha probado dos caldos que le han ofrecido.
—Hoy no me dejes pasarme de la raya, que tengo que estar alerta —me pide mi amigo con el ceño fruncido.
—¿Alerta? Aquí pasa algo, ¿verdad?
—Como sueles decir tú, ni confirmo, ni desmiento.
No, ni confirma, ni desmiente, pero la mirada que le echa rápidamente a Candela hace que para mí sea lo primero.
—Chicos, si me perdonáis, tengo que ir al baño —dice Candela.
—¿Quieres que te acompañe?
—No, Fabs, no te preocupes, yo lo busco sin problema. Quédate con los chicos, que no tardo nada.
—No me importa ir contigo.
—No me seas pesada, quédate aquí con tu colega. Vuelvo enseguida.
La situación es la siguiente. Chica mariposa yendo en busca de un baño. Pijo remilgado hablando con Mambita. Móvil del pijo vibrando con un mensaje. Este disculpándose con que tiene un asunto profesional que tratar. Ja.
—Eres listo, mamón. Ni se te ocurra abrir la boca o aquí se va a armar una buena —comenta Marc a mi lado.
—Me ofendes..., pero el mamón eres tú, que no sueltas prenda —le recrimino mirando la escena.
—He hecho un pacto de saliva. Contra eso no hay nada que hacer.
—Eres el mejor amigo que se puede tener.
Lo es.
—Lo sé.
—Chicos, ¿ahora qué hacemos? —pregunta Fabiola, que se ha plantado delante de nosotros. Tengo que pensar algo rápidamente para que no quiera ir en busca de su prima.
—Pues... Marc y yo estamos hablando de eso.
—Sí, claro —me sigue la corriente mientras mira hacia donde apunta mi dedo.
Es un cartel en el que tan solo pone Sol&Agrifood. Marc saca su móvil y en unos segundos tenemos la información que necesitamos.
—Parece que lo que tenemos delante es la entrada a lo que parece ser una feria dedicada a la alimentación de calidad. Y aquello que veis allí —gira sobre sí mismo para mostrarnos otro cartel— es el pabellón dedicado a las tecnologías en la industria del vino y el aceite. ¿Hacia dónde nos dirigimos?
—Me llama más llenar la barriga —apunto.
—Deberíamos esperar a que viniera mi prima —replica Fabiola.
—No te preocupes, cari, que ahora mismo la aviso yo —la tranquiliza Marc.
Dirijo a Fabiola hacia la zona de gastronomía poniendo una de mis manos en su espalda y ella mira hacia atrás para ver si Marc ya está avisando a Cande.
No seré yo el que diga que creo que ahora mismo Candela no estará para atender ningún teléfono.
.. Y, para ser sinceros, no sé cómo vamos a hacer para que no quiera ir a buscarla.
—Listo —dice Marc con una amplia sonrisa—.
Dice que no nos preocupemos, que los baños están superlejos y que por lo visto hay un montón de gente.
Está buscando otro para no tener que hacerse la cola.
Cuando acabe, ya vendrá, pero avisa de que va a tardar.
La muy pillina dice que de paso irá probando alguna que otra cosilla.
—No deberíamos haberla dejado ir sola. —Suena preocupada.
—Tranquila, aquí dentro no le va a pasar nada.
—No, si lo digo porque ya sé cómo acabará, que la conozco... Siendo gratis, se beberá hasta el agua de los floreros. Digamos que es algo así como un gremlin.
—¿Como Gizmo? —pregunto—. Siempre ha sido adorable.
—No, como los que se mojan o comen después de medianoche.
Y lo hizo... Vaya si lo hizo.