Si tú supieras 63. Una feria de vinos, una historia que no cuadra, una prima nerviosa y un amigo «colador»
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63. Una feria de vinos, una historia que no cuadra, una prima nerviosa y un amigo «colador»

Una feria de vinos, una historia que no cuadra, una prima nerviosa y un amigo «colador»

Fabiola

En cuanto abro los ojos, lo primero que veo es la imagen de Izan dormido como un tronco.

Durante unos segundos me fijo en su respiración pausada y su cara relajada, y decido apretarme un poco más contra él cerrando los ojos para intentar dormirme de nuevo.

No lo consigo, y la razón no es otra que la erección de Izan, que está a punto de apuñalarme el muslo.

Al sentirlo, mi cuerpo se calienta y en ese instante se despierta y me aprieta suavemente el culo, me acaricia la pierna, me besa la frente y dice para sí mismo que lo pongo como una moto.

No puedo evitar que se me escape un poco la risa.

—Sabía que estabas despierta.

—Entonces, ¿lo de tocarme el culo y decir que te pongo un montón...?

—Vale, confieso. Pensaba que estabas dormida, no he podido resistirme a tocarte y lo que he dicho creía que lo estaba pensando.

—Eso ya me gusta más.

—¿Que sea sincero?

—Sí, me encanta que lo seas.

—¿Quieres que me sincere más?

—Ajá...

—Me encantaría que echásemos un polvo ahora mismo para empezar bien el día. No mentía cuando dije que cada vez me cuesta más no mirarte, no tocarte, no besarte, no sentirte... Estoy haciendo un trabajo de contención de cojones. Valóralo, porque me está costando la salud.

—Sincero eres un rato, pero exagerado también. Pero ¿sabes qué? Que me gusta tu plan para empezar bien el día.

—Bien, Mambita, porque era esto o robarte algún beso a escondidas.

—Esa alternativa también me gusta.

Dicho esto, practicamos sexo salvaje en la ducha, así que ya puedo tacharlo de mi lista mental de cosas por hacer. Y debo decir que me encantaría repetir.

Luego nos vestimos robándonos algún beso de vez en cuando y, una vez listos, nos reunimos con nuestros compañeros de viaje, que se miran entre sí de una manera extraña y se ríen por lo bajini.

No hacen ningún comentario, pero imagino que creen saber lo que ha pasado entre Izan y yo.

Nos vamos a hacer turismo todo el día sin ningún sobresalto y yo solo puedo dar gracias por ello.

—Sigo pensando que esto no es buena idea.

—Fabs, no seas pesada. Ya nos ha quedado clara tu opinión al respecto de nuestra actividad de hoy.

—No soy la única que lo creo, ¿verdad, chicos?

Izan y Marc hacen oídos sordos a mis palabras, lo cual provoca que me exaspere. Miro de nuevo hacia mi prima, que muestra una sonrisa triunfal.

—Sois unos vendidos. Ya vendréis, ya...

Esto último es más bien dirigido a mi último compañero sexual.

Admito que, cuando anoche le dije que no me iba a arrepentir de acostarme con él, no lo hice del todo convencida, pero, cuando me he despertado esta mañana junto a él y lo he visto con esos pelos de loco de recién levantado, no solo no me he arrepentido, sino que me ha parecido que estaba muy guapo.

Nuestro plan para hoy parte de lo que vio mi prima ayer en plena calle: un cartel que anunciaba la feria del vino de Verona, la más importante de toda Italia.

¿Por qué no lo veo claro? Porque eso se traduce en mucho alcohol y muchos problemas.

A las pruebas me remito si tenemos en cuenta el concurso de beber chupitos del festival de Lyon.

Cuando contemos qué hemos hecho en este viaje, todo el mundo va a pensar que somos alcohólicos perdidos.

.., algo tipo «¿Habéis visto catedrales, museos y sitios emblemáticos de cada ciudad?

», y yo contestando: «Para nada... Hemos ido de vaso en vaso y tiro porque me toca».

Mientras nos dirigimos al lugar en el que se lleva a cabo, Candela y Marc nos van explicando lo que descubrieron en su investigación de anoche. Vinitaly, que así se llama, es una de las ferias comerciales de vinos y licores más importantes del mundo.

«¡¡Qué maravilla!! Justo lo que necesitamos, alcohol en vena. Nada, ¡que somos tremendamente afortunados por estar aquí justo cuando se celebra!».

Sí, eso que habéis notado es puro sarcasmo.

Mientras ellos van soltando toda la perorata, me meto de lleno en Google para echarle un vistazo al lugar donde se lleva a cabo, ya que no quiero llevarme un susto. Estoy leyendo por encima cuando veo algo que no me cuadra.

—Siento interrumpiros, pero..., bueno, no quería que nos pasase como en Lyon.

Ya sabéis, llegar a una explanada y pensar que nos iban a matar allí mismo.

¿Cómo vamos a entrar, si aquí pone que es exclusivamente para profesionales del sector?

Que yo sepa, y corregidme si me equivoco, aquí ninguno es propietario de una bodega, ni de nada relacionado con vinos o licores. Marc, ¿tienes algo que contarme?

—¿Y yo qué?

—Izan, eres repartidor de mensajería —le recuerdo.

—¿Qué? —me pregunta Marc con cara incrédula. Veo que mira a Izan de forma extraña y me vuelve a mirar—. No, no tengo nada que contarte al respecto.

—¿Entonces? Lo siento, chicos, pero veo que se os pasó por alto y vamos a ir para nada —insisto mirándolos a todos.

—Bueno..., es que... —comienza a balbucear mi prima.

—Es que ¿qué? Candela, desembucha.

—Que vamos a entrar gracias a tu amigo —suelta Marc de repente.

—¿Mi amigo?

«¿De qué están hablando?».

Espero que me aclaren esto porque no estoy entendiendo nada de lo que está pasando.

—Sí, el hijo de Satán.

—¿Aitor?

—¿Ves? Con esa breve descripción ya sabes de quién estoy hablando. Algo de razón tendré... —bromea mi prima mientras hace un gesto de victoria con los dedos.

Aitor nació en el seno de una familia adinerada de alta cuna, ya que sus antepasados ya tenían riqueza en unos tiempos en los que escaseaban casi todos los recursos.

Él cuenta que hasta sus tatarabuelos ya disponían de servicio en sus casas.

Imaginad el dinero que tendrían ya en siglos pasados.

¿De dónde viene su fortuna familiar? Pues de varias bodegas que son de las más famosas de España y que se han expandido tanto por Europa como por Latinoamérica.

Lo que no logro entender es en qué momento vamos a poder pasar al festival gracias a él.

Mi prima lo aborrece. No tengo constancia de que Marc lo conozca.

Y yo... no he hablado con él. Aquí pasa algo raro.

—Veamos. Me cuadra que Aitor esté aquí en Verona porque ha venido a representar a sus bodegas. Hasta ahí todo correcto. Lo que se me escapa es con quién se ha puesto en contacto para esto, porque conmigo no ha sido. ¿Lo conoces, Marc? —pregunto frunciendo el ceño.

Marc mira a mi prima y esta disimula, como si el asunto no fuese con ella.

—Bueno, verás... —comienza a explicarse este, pero mira a Candela esperando que ella le eche un cable.

—Me ha escrito a mí. Ea, ya te lo he cascao —confiesa Candela y veo cómo los hombros de Marc se destensan de golpe—.

Resulta que ayer subí bastantes historias en Instagram de los dos días que llevamos aquí y reaccionó a la que puse en el balcón de Julietina y, claro, sabiendo que estábamos todos por aquí. ..

—¿Te sigue en Instagram? Pero si os odiáis.

—Y yo qué sé, Fabs. Si cuando te digo que es tonto es por algo; será que le va la marcha.

—Bueno. Te ha escrito. Pero, espera... Se supone que decidiste venir aquí cuando viste ayer noche el cartel y dices que la foto la subiste ayer. ¿Cómo es posible?

—No lo sé, prima. Me estás poniendo nerviosa.

—«¿Me está ocultando algo?»—. ¿Qué posibilidades había de que coincidiésemos con estos dos en un viaje por Europa en Interrail?

Y ha pasado. Pues igual a tu colega le ha dado un cortocircuito neuronal, bueno, más bien unineuronal, y ha decidido poner su patética vida en peligro decidiendo contactar conmigo.

Y, yo qué sé, todo ha sido una serie de casualidades inexplicables.

No me hagas hablar más de él, que me está empezando a picar todo.

Veinte minutos después de esta conversación estoy dándome un abrazo de oso con mi amigo en una de las puertas en la que nos espera para que podamos colarnos con él mientras hace contacto visual —muy visual, por cierto— con cierta persona con la que comparto genes.