Si tú supieras 61. Un labio inferior, una premeditación nocturna, un órgano desbocado y un valiente
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61. Un labio inferior, una premeditación nocturna, un órgano desbocado y un valiente

Un labio inferior, una premeditación nocturna, un órgano desbocado y un valiente

Fabiola

—Dios, esto está buenísimo.

Hemos ido al restaurante que Marc había sugerido y he decidido pedirme unos espaguetis mare e monte . Estoy sentada junto a mi prima y tenemos a los chicos al otro lado de la mesa. Me lamo el labio inferior mientras miro a Izan, que traga como buenamente puede la comida.

—No hagas eso —murmura casi para él, aunque logro leerle los labios.

—Que no haga ¿qué?

—Lamerte el labio. No seas mala pécora.

Este momento termina con risas por mi parte y el resto del día nos lo pasamos recorriendo las calles de Verona. Todo va bien hasta que...

—¡Marco!

—¡Polo!

—Ya empiezan... —comenta Izan mirándome.

—Miedo me dan.

Nos acercamos hasta donde está parada estáticamente Candela y los cuatro nos quedamos mirando el cartel.

—Quiero ir.

—Cande, no sé yo si... —comienza a decir Marc con cautela.

—Quiero ir —repite ella.

—¿Estás segura? —pregunta Izan.

—Quiero ir.

—No sé si será buena idea —intervengo yo, ya resignada.

—Quiero ir.

Y aquí se acaba la conversación. Pues nada, ya tenemos «planazo» en la agenda, nótese la ironía.

A la hora de cenar, cuando ya no me siento los pies, volvemos a la zona del hotel y entramos en un restaurante que hay a una manzana de este. La idea es picar algo e irnos a descansar, que hay que coger fuerzas para mañana...

—Bueno, chicos —comienza a hablar Candela una vez que nos han servido—.

Aunque Fabs y yo ya estemos bien, si no os importa, me gustaría dormir con Marc como teníamos planeado.

Es que me gustaría seguir organizando con él cosillas de los próximos destinos.

Las primeras paradas las hemos revisado, pero de las siguientes tenemos menos cosas apuntadas.

Ya sabéis que siempre estamos a tope y tampoco nos sobra mucho tiempo para mirar sitios, precios, transportes y demás. ¿Os parece bien?

La respuesta estaba clara.

Vemos cómo mi prima y Marc se meten en su habitación y yo introduzco la llave en la nuestra.

—¿Vamos a saltarnos el ritual?

—Podemos hacerlo dentro; te recuerdo que compartimos habitación, Izan.

—No me gusta perder las buenas costumbres.

Se sienta en el suelo apoyando la espalda al lado de nuestra puerta y me mira como invitándome a que haga lo mismo.

Resbalo por la pared hasta quedar junto a él. Muy pegada. Él saca los auriculares, me introduce uno en la oreja mientras me sonríe y trastea con su móvil hasta que comienzo a escuchar la melodía que nos acompaña noche tras noche. He cumplido mi promesa de que no buscaría de qué canción se trata.

Él tiene la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba y los ojos cerrados.

Está tranquilo, se lo ve en paz, y una sonrisa se instala en mis labios en el instante en que se gira y abre los ojos para mirar justo ahí.

Trago saliva. No sé qué es lo que va a suceder a continuación, no soy vidente, pero creo que va a convertirse en un momento trascendental en este viaje y, sobre todo, en mi vida.

La canción acaba y la burbuja que nos envuelve parece que está a punto de explotar, pero no quiero que lo haga. No puedo dejar que lo haga. Ahora no.

—Otra vez —susurro.

Dicho y hecho. Ni siquiera aparta la mirada de mis labios, pero ha sido capaz de darle a reproducir de nuevo.

Esta canción que tanto significado está cobrando para nosotros vuelve a comenzar y mi corazón puede que esté en las últimas, porque va a contracorriente.

Pum, pum, pum, pum... Esta vez soy yo la que le miro la boca a él, un solo segundo, antes de mirarlo de nuevo a los ojos, esos que ahora sí me están observando.

«Sé libre. Desmelénate. Compórtate como una chica de tu edad.

Que no te importe nada, ni su solvencia económica, ni su ropa, ni su familia, ni su trabajo.

.. Que te importe solo lo que te hace sentir, lo que está haciendo que florezca en tu interior.

..», me digo. No es fácil para mí. Como he dicho anteriormente, no soy muy dada a llevar las riendas en ciertos asuntos, y los románticos son uno de ellos.

«Sé valiente».

Acorto la distancia que nos separa y, cuando voy a lanzarme, siento sus labios sobre los míos.

En esta ecuación el valiente es él. Y me encanta.