57. Un váter de convoy, un ambiente caldeado, un testimonio cara a cara y un «hazlo»
Un váter de convoy, un ambiente caldeado, un testimonio cara a cara y un «hazlo»
Fabiola
—Mambita, espera.
Salgo corriendo de la cafetería porque no me siento nada cómoda. ¿De verdad mi prima va a dormir con Izan? No me lo puedo creer. Pensándolo bien, no debería importarme. Ambos son adultos, atractivos y buena gente, y tienen el grado de sexualidad en plena ebullición.
Estoy a punto de entrar en el baño para intentar frenar un poco mi respiración agitada, pero acaba estándolo incluso más, ya que Izan me empuja y se mete en el cubículo conmigo.
—¿Se puede saber qué haces? Quería hacer pis.
—No te creo.
—¿Y qué se supone que voy a hacer en un baño, Izan?
—No lo sé... Vale, sí. Pero, no sé por qué, juraría que querías meterte aquí para huir.
—¿Huir?, ¿de qué? No estamos en una película de terror en la que me quieran asesinar.
—No, creo que esta vez la asesina eres tú. Me has mirado fatal, y a tu prima la has taladrado con los ojos. No sé qué es lo que has oído exactamente, pero...
—Que estarías encantado de compartir habitación con ella..., aunque quizá lo que quieras compartir sean otras cosas. Una cama, fluidos...
—¿Estás celosa?
No me esperaba la pregunta, pero contesto rápidamente.
—Ja, no me hagas reír. No soy celosa, y menos lo estaría por ti. No me gustas.
—Entonces, ¿por qué te molesta tanto que vaya a compartir habitación con Candela?
—No... no lo sé. Será porque creía que éramos amigos y que, si mi prima no quería compartir habitación conmigo, lo harías tú, no Marc.
—Ya...
—¿Tú tampoco quieres estar cerca de mí?
Creo que no estoy preparada para lo que pueda salir de su boca.
Si me dice que tampoco quiere estar conmigo, estaré tentada de coger el primer vuelo que salga de Verona y volver a casa.
Lo miro mientras el ambiente de este poco más de un metro cuadrado se encuentra cada vez más caldeado.
Izan, totalmente inexpresivo, hace que no pueda tener ni una mínima sospecha de lo que se le está pasando por la mente.
Al no obtener respuesta, intento alcanzar la manija para poder abrir la puerta y salir de aquí.
Este silencio me está matando. Lo malo es que hay un problema: su cuerpo está justo delante de la puerta.
—Te quiero cerca.
—¿Qué? —mi pregunta es un susurro.
—Que te quiero cerca. Y ese es el problema, Mambita, que no quiero que sea así.
—¿Por qué?
—Por qué ¿qué?
—¿Por qué no me quieres cerca?
—Porque no quiero que me importe si estás cerca o lejos.
Porque no quiero estar expectante por verte aparecer, por ver qué ropa has decidido ponerte.
.. y porque no quiero estar tentado de besarte a todas horas, porque eso es lo que pasa.
Y no quiero. Y lo que no quiero es que, una vez que se acabe esto, el hechizo se rompa, tú te vayas por tu lado y yo por el mío.
—No sé qué decir... ¿Por eso has estado tan distante conmigo? Izan, no hace ni una semana que nos conocemos. Esto no tiene sentido.
—Digamos que hubo algo que hubiese preferido que no sucediese, pero no quiero arrepentirme de decirte lo que siento.
Esto es de locos, tienes razón, te conozco desde hace una puta semana.
Nunca me había pasado algo así... Pero sé que me encantaría dormir contigo, aunque por otro lado quiera mantenerme alejado de ti. Me muero por besarte...
—Pues hazlo, joder.