56. Un favor, una frase a medias, un chuletón de ternera buena y un temaki de atún
Un favor, una frase a medias, un chuletón de ternera buena y un temaki de atún
Izan
Los tres nos enamoramos de este lugar de ensueño a través de la pantalla y quedamos en visitarlo juntos, pero unas amigas se trajeron a Gi en un viaje sorpresa en uno de sus cumpleaños y nos jodieron el plan.
Marc está haciéndome una especie de free tour verbal sobre los lugares que podemos visitar mientras tomamos algo en la cafetería del tren hasta que vemos aparecer a Cande con cara de mala leche.
—¿Qué te pasa, churrita? —pregunta mi amigo.
—Tengo que pediros un favor. Yo lo siento, pero no quiero a mi prima cerca.
—¿Ha pasado algo? —Esta vez el que habla soy yo.
—No, no la quiero cerca porque me ha dado un aire... —suelta desprendiendo ironía por cada poro de su piel—. Claro que ha pasado algo.
—Vale, vale —respondo con las manos en alto.
La verdad es que era una mierda de pregunta.
—No puedo dormir en la misma habitación que ella.
—Y eso quiere decir... —prosigo, pero las siguientes palabras se quedan en el aire.
Hay varias opciones y ninguna me mola del todo.
Una de ellas, la más lógica, es que la chica mariposa duerma con Marc y yo con Fabiola, cosa que ya se me había pasado por la cabeza.
Otra es que yo duerma con Cande, algo que no me perturba demasiado pero me hace sentir un tanto incómodo, aunque, pensándolo en frío, yo tampoco quiero compartir el mismo espacio con Fabiola.
.. estando solos. Y otra es que alguna de ellas se pille una habitación sola, pero tampoco me convence la idea porque me parece totalmente innecesaria.
—Yo dormiré contigo —sentencio.
A bocajarro, sin vaselina y sin pensar. Así soy yo.
—Lo siento —añado enseguida—, pero a mí tampoco me apetece compartir habitación con ella ahora mismo, así que, si no te molesta, me encantaría dormir contigo.
—¿Cómo?
Y aquí es cuando el karma hace de las suyas y trae a Fabiola, quien solo tiene tiempo de oír, con su llegada, que a mí me encantaría dormir con su prima.
Yo, que soy persona de palabra fácil y mente ágil, no sé cómo reaccionar. Menos mal que Marc siempre está para salvar las situaciones más inverosímiles de mi vida y se encarga de hablar con Fabiola.
—Cari, ha sido cosa mía. Espero que no te importe.
A este muchachote de aquí lo conozco desde que llevábamos pañales.
Y con tu prima llevo muchos días de feliz confraternización.
¿Sabes de quién sé apenas cosas? Exacto: de ti.
Creo que hay que enmendar ese error y, puesto que no eres la persona favorita de tu prima en estos momentos, he creído que era hora de pasar tiempo a solas.
Así que tú dormirás conmigo en mi habitación, y ellos, en la vuestra. Dime que es una idea magnífica.
—Sí, claro... Estaré encantada de pasar tiempo contigo y poder conocernos más. Pero ahora, si me disculpáis, vuelvo a nuestro sitio.
—Marc, ¿nos pedimos algo? —pregunta Candela, ignorando a su prima por completo.
— Of course.
Fabiola se da la vuelta para salir de la cafetería y yo me quedo parado sin saber cómo actuar.
¿Debo quedarme con ellos o debo ir tras ella y ver si le puedo sonsacar lo que le ha pasado con Cande?
Estoy muy perdido. Nos dirigimos a un lugar que me muero por conocer y tengo claro que las cosas no van a salir según lo previsto.
¿Cómo vamos a actuar los cuatro cuando la mitad de nosotros está en conflicto?
—Ve tras ella, que te mueres de ganas.
— Touché —interviene mi amigo, confirmando que piensa lo mismo que Cande.
—No sé de qué habláis.
—Venga ya, se te cae la baba cuando la miras. Nunca te he visto con una mujer y no sé cómo actúas con ellas, pero veo cómo miras a mi prima.
—¿Y cómo la miro, según tú?
—Pues como si fuese un chuletón de ternera y le quisieses hincar el diente.
—¿Sabes que eres muy graciosa? —comento sarcásticamente mientras me río de lo que acaba de decirme.
—Lo soy. Y también sé que acabarás queriéndome un montón y seré de tus personas favoritas en la vida.
Así que, por mucho que no pueda ver a mi prima en estos momentos, hazme casito y ve con ella.
No soy tan bruja como para querer que esté triste y ojerosa.
Ah, y déjale claro que el hecho de que vayamos a dormir juntos no tiene ninguna connotación sexual por ninguna de las partes. Es de vital importancia.
—¿Y qué más da si piensa así?
—Sí que da, porque tú la miras como un trozo de carne sabrosa, pero ella te mira a ti como si fueses un temaki de atún. Su comida favorita es el sushi, por si no lo habías pillado.