Si tú supieras 51. Un vistazo asesino, una oxidación y una radiografía personal
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51. Un vistazo asesino, una oxidación y una radiografía personal

Un vistazo asesino, una oxidación y una radiografía personal

Fabiola

Me he metido entre pecho y espalda mi hamburguesa, una cantidad indecente de patatas, dos panes de ajo, cuatro alitas de pollo y tres nuggets. Juraría que no he ingerido tanta grasa saturada junta jamás.

Podría decir que me siento mal y, a la vez, estupendamente.

No me siento mal por haberme zampado toda esta comida basura, saltándome así mi dieta autoimpuesta —instigada por mi madre— y llevar un tiempo ya sin pisar un gimnasio.

No. Me siento mal por no haberme dado el gusto de haber hecho esto más a menudo. Está muy rico, eso es indudable.

Izan ha tragado más que yo y en algunos momentos incluso me ha echado algún vistazo con mirada de asesino.

—Izan, hay algo que me perturba y necesito preguntarte —le digo mientras seguimos los dos sentados en su cama.

—Dispara.

—¿Te has quedado con hambre?

—¿Por qué lo preguntas?

—Pues porque me ha dado la impresión de que me mirabas mal cuando cogía las alitas y los nuggets —suelto entre risas.

—Me has pillado. Sí, te he mirado mal. Es que no pensaba que fueses a comer tanto.

—Eres como un pozo sin fondo. Qué barbaridad. ¿Algo más que quieras compartir conmigo?

—Esa pregunta podría tener muchas respuestas, pero creo que no estás del todo preparada para que te la conteste. —Levanta una ceja y yo me medio sonrojo.

—¿Y por qué piensas eso?

—Pues porque algunas de las respuestas te incluyen a ti.

«A mí. Que me incluyen a mí. ¿Esto es una especie de intento de ligar que yo no pillo? ¿O simplemente estoy sacándolo de contexto y no es ni romántico ni sexual?».

Estoy muy oxidada. ¿Cuánto hace que no flirteo con alguien?

Me refiero a a. I. (antes de Izan). Antes de liarme con un Jim Carrey de toma pan y moja, hacía meses que no me comía un colín.

Nunca he sido demasiado ligona; me cuesta acercarme a los chicos y creo que a ellos les pasa lo mismo conmigo.

Imagino que esto es en parte culpa de la imagen que proyecto.

Me considero atractiva, pero también sosa y fría.

Cada vez que salgo con Candela veo cómo se quita a un montón de moscones de encima.

Yo no tengo que esforzarme en hacer lo mismo, porque no hay nada que quitar. ..

No sé cuánto tiempo llevo absorta divagando sobre estos pensamientos cuando Izan me saca de ellos.

—¿Quieres dormir ya? —me pregunta al verme bostezar.

—Sí, voy a acostarme. La verdad es que ha sido un día de muchas emociones para mí.

Bajo de su cama y me voy a la de Marc, en la que me meto tapándome hasta la cabeza. Mientras estaba cenando no he notado el frío, pero ha vuelto a aparecer de repente.

—Buenas noches.

—Buenas noches, Fabiola.

—Izan, muchas gracias por dejarme pasar la noche contigo.

—Es un placer. En ocasiones tampoco me gusta estar solo. Gracias a ti también por hacerme compañía.