Si tú supieras 34. Una ganancia dividida, un colega indispuesto, unos mosqueperros y una despedida
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34. Una ganancia dividida, un colega indispuesto, unos mosqueperros y una despedida

Una ganancia dividida, un colega indispuesto, unos mosqueperros y una despedida

Izan

—Chicos... ¡Chicos! C’est fini .Se ha acabado.

Amélie se pone delante de nosotros y rompe el contacto visual que tenía con Fabiola.

—¿Cómo que se ha acabado? —pregunto.

—Los diez segundos sont passées . Os habéis puesto a hablar y no os habéis bebido el chupito, así que el concurso ha terminado.

—¿He ganado? —dice mi contrincante.

—Ahora mismo os traduzco lo que dice la chica, ¿de acuerdo?

Asentimos y escuchamos cómo la presentadora se dirige en francés y luego en varios idiomas a los congregados. Cuando acaba, Amélie se vuelve hacia nosotros de nuevo.

—Dice que el premio se divide entre ambos. ¡Enhorabuena, chicos! Félicitations!

Sí que es educada la gente, que solamente ha empezado a aplaudir en el momento en que nos lo han comunicado en nuestro idioma.

—Pasad por allí para que podáis recibir cada uno vuestro premio. Que lo disfrutéis.

—Gracias, Amélie —digo—. Joder, que nos hemos marcado un Everdeen- Mellark. Hemos quedado dos tributos cuando solo debería quedar uno. El día está siendo apoteósico.

Pasamos por donde nos indica y nos hacen entrega del dinero. La verdad, cuando hemos llegado aquí esta mañana no me imaginaba que entraríamos gratis y que encima nos iríamos con mil euros en el bolsillo.

Vamos, como buenamente podemos debido a nuestra cogorza, hacia donde están Marc y Candela, que nos esperan con una sonrisa de oreja a oreja. Bueno, eso ella, porque mi amigo tiene una expresión extraña, como desencajado.

—¿Se puede saber qué cojones te pasa? ¡Menudo careto! Parece que te estás riendo mientras hueles mierda.

—No me encuentro nada bien... Creo que es mejor que me vaya al hotel.

Marc está un tanto pálido, pero seguro que en unos minutos volverá a su tono habitual.

—Pero ¿qué dices?, no son ni las cinco de la tarde aún. Venga, bebe agua y ya verás como se te baja el colocón.

—Que no, Izan, que me encuentro fatal, que esto no se me va a pasar ni bebiendo dos litros de agua y no quiero joderos el resto del día. Lo que no entiendo es cómo coño estáis tan frescos con todo lo que os habéis bebido...

De pronto Marc se dobla por la mitad y Candela lo sujeta como buenamente puede.

—Nos vamos todos. Todos para uno y uno para todos. ¡Eres nuestro D’Artacán, y nosotros, tus tres mosqueperros! —brama Fabiola de repente.

—Fabiola, es al revés. Y es D’Artagnan... y mosqueteros.

—En los dibujos eran tres perros. Y déjame, que me tienes contenta.

Estoy seguro de que pretendía ponerme una cara amenazante, de querer acabar conmigo, pero lo que le sale es una mueca rara que me parece adorable.

—Ah, ¿sí?

—Era sarcasmo, querido, pero ya veo que te cuesta pillarlo —suelta repipi.

—Pero ¿qué te he hecho yo ahora?

Está muy graciosa en este momento.

—Chicos, ya. Y no hace falta que nos vayamos todos; yo acompaño a Marc y vosotros os quedáis aquí quemando la tarde-noche —interviene Candela.

—Claro, y luego volvemos en autostop, no te jode. ¿Tú has visto Carretera al infierno ? —se envalentona con su prima.

—Mírala ella cuando bebe, cómo se le suelta la lengua; es que me la como. Claro que la he visto y te recuerdo que el malo era el autoestopista, así que deja de decir gilipolleces. Vengo a buscaros cuando me digáis.

—¿Conducir tú sola en un país desconocido? Negativo. ¿No has visto Jeepers Creepers ? —contraataca Fabiola, que está sacando toda la artillería del videoclub de los millennials.

Esta guerra dialéctica de películas de terror me tiene enganchado.

—Sabes que soy lo bastante adulta y autosuficiente como para que me resbale tu opinión, ¿verdad?

—responde Cande partiéndose de risa—. La vi contigo, te lo recuerdo porque estás un poco dispersa.

También vimos cómo se lo pasaban de puta madre los protas de Viaje de pirados .

Así que deja de decirme pelis sobre viajes en carretera que terminan con peña luchando por sus vidas o perdiéndolas contra criaturas rarunas.

— Excuse-moi , siento interrumpir —dice Amélie, que aparece ante nosotros. Bueno, ya lo estaba, ya que estamos delante de su puesto—. Luego os acercamos nosotros sin problema. Eso sí, igual nos vamos a las tantas...

—Pues hale, solucionado. Yo me voy con Marc y a vosotros luego os acerca ella —dice Candela la mar de contenta—. Eres un sol, Amélie.

—Y tú también, Cande. Ha sido un placer conocerte.

—Estoy segura de que nos volveremos a encontrar. Has guardado bien mi número, ¿verdad?

—Sí, no te preocupes.

Marc y Candela se despiden de ella y de su marido, y nosotros los acompañamos hasta el coche.

—De verdad que nos vamos con vosotros —repite Fabiola.

—Deja de ser pesada y sigue disfrutando del día junto a Izan. Me gusta mucho esta versión tuya. Te veo libre.

Nos da un beso a cada uno y se sube al coche, en el que Marc ya está sentado.

Este se despide de forma extraña con la mano y salen del aparcamiento.

Fabiola se ha quedado callada con lo que le ha dicho su prima, pero lo hace con una sonrisa instalada en los labios.

Veo que se tambalea un poco y, en cuanto me giro hacia ella, ella lo hace en mi dirección. Puedo oler su perfume.

—Has jugado sucio —susurra Fabiola en mi oído—. Me has piropeado y me has dicho que me querías besar para que pasase del juego. No te veías capaz de beber más y me has distraído para que no te ganase. Deberían haberte descalificado.

Luego pasa por mi lado e instintivamente la agarro de la muñeca y la atraigo hasta dejarla a escasos centímetros de mí. Ella mira el punto en el que estamos unidos, el poco espacio que queda entre nuestros cuerpos, y levanta la vista hacia mis ojos.

—No te he mentido en ningún momento —susurro yo ahora, junto a su boca—. Eres preciosa y me moría por besarte. ¿Qué me dices?, ¿quieres seguir siendo libre conmigo como te ha dicho la chica mariposa?