Si tú supieras 32. Unos adversarios del IMSERSO, un pis de pitufo, un Jägermeister y un «quiero ese dinero»
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32. Unos adversarios del IMSERSO, un pis de pitufo, un Jägermeister y un «quiero ese dinero»

Unos adversarios del IMSERSO, un pis de pitufo, un Jägermeister y un «quiero ese dinero»

Izan

«Tenemos que ganar. Marc o yo tenemos que llevarnos el premio», me digo pensando que jugamos a la minirruleta de chupitos cada vez que salimos de fiesta. ¡Joder, este concurso está hecho a nuestra imagen y semejanza! Nuestros nombres llevan de apellido «Ganador».

Ya tenemos el primer chupito en la mesa y el cronómetro marca que quedan ocho segundos para poder tomarlo. Cojo el vaso y vacío el líquido en mi garganta de golpe. Por suerte, ha tocado un pis de pitufo, que está compuesto por Blue Tropic y licor de fresa. No quema, es de los suaves.

Miro a mi derecha y veo cómo Fabiola posa el vaso en la mesa. Genial, nos han sobrado cuatro segundos. Observo al resto de los contrincantes y compruebo que todos seguimos en el juego. Habría sido bastante vergonzoso que alguien fallase en esta ronda.

Vemos cómo otra mano inocente, escogida al azar entre la gente que está viendo el concurso, saca un papel, lo lee y sonríe. Mierda, este nos va a doler. Ha salido el búfalo, que es una mezcla de tequila y ron. De todos modos, podría ser peor.

Ponen los vasos en la mesa y de nuevo empiezan a correr los diez segundos. Oigo a Fabiola hacer un ruido cuando lo posa.

—¿Todo bien, Mambita?

—De momento, sí. No contaba con que la jubilada siguiese en la segunda ronda.

—No te fíes, que igual nos da una paliza. Y tampoco lo hagas de su colega, que quizá tiene los años que tiene porque se conserva en alcohol.

—Yo le pongo unos trescientos.

—Pocos me parecen...

El tercer chupito es una bomba alcohólica.

Esta vez nos toca bebernos un bombero, que es una mezcla de whisky y tequila a partes iguales.

Lo tomamos y se produce la primera baja: la jubilada nos abandona, no sin antes oír como sus colegas le gritan «Giulia, siamo fieri di te!

» . No sé lo que significa, pero, por si acaso, yo también, Giulia. Has sido una digna rival.

Quedamos nueve y nosotros somos tres, así que seguimos teniendo un alto porcentaje de victoria.

La cuarta ronda nos da un poco de tregua, ya que es otro de los suaves. Vale, realmente no lo es. Este chupito es exótico, solamente es apto para papilas gustativas tolerantes al picante. Así que creo que, con el draculín, caerá algún que otro rival más.

—Me encanta el picante y me encanta el tequila. Es la combinación perfecta —dice Fabiola en cuanto deja el vaso en la mesa.

Marc no está tan contento.

—No vomites, no vomites, no vomites... —repite para sí mismo.

Miro al frente y veo cómo Cande sigue sacándonos fotos hasta que pone cara de asco.

Lo sabía. El hombretón borracho se ha caído de la silla mientras salen cosas extrañas de su boca y sus amigotes, entre risas, suben a por él.

Ocho. Esto cada vez me recuerda más a Los juegos del hambre .

Solo puede quedar uno...; que la suerte esté siempre de nuestra parte.

En la quinta ronda nos quitamos de en medio a las dos jovencitas gracias a un simple chupito de tequila.

Realmente, la culpa es de que estaban dirigiéndose a sus seguidores y cuando se lo han tomado ya habían pasado los segundos reglamentarios.

En la sexta nos despedimos de Giacomo, al que también han vitoreado sus colegas.

Y, en la séptima, tenemos que decir adiós a nuestro querido amigo Marc, que aún no se ha recuperado del tabasco.

En cuanto ha bajado, se ha tomado la cerveza que tenía Candela en la mano de un trago.

Solamente nos quedan tres vasos para llegar a los diez mínimos y quedamos cuatro: el señor, la chica tatuada, Fabiola y yo.

Cincuenta por ciento de posibilidades de ganar, aunque perdamos el estómago.

Un lingotazo nos quita a la chica con el brazo lleno de tinta, y a este le sigue un cubalibre, que hace que nuestro único contrincante se relama. La mano inocente del papel del décimo chupito es mano amiga, ya que se trata de la de Amélie, que en cuanto ve el que toca nos mira con cara de disculpa.

—Prepárate, este va a ser jodido.

—Yo ya tengo un pedo importante, Izan, pero por mis ovarios que me llevo esos mil euros.

Ha salido uno explosivo, un Jägermeister, y oímos que nuestro único contrincante se dirige a nosotros en inglés.

— I retire. I will be delighted if one of you wins. This way you can spend the prize together and be very happy .

Dicho esto, se levanta y se va. Por lo que he entendido, se retira y espera que resistamos diez chupitos para llevarnos el premio y disfrutarlo juntos... ¡Ojalá!

—¡No os distraigáis! —chilla Candela desde abajo.

—¡Tres segundos! —grita Marc al mismo tiempo.

Fabiola y yo nos miramos, cogemos el vaso velozmente, nos lo bebemos de un trago y, cuando queda solamente un segundo, lo posamos en la mesa. El público se vuelve loco y rompe en aplausos mientras nosotros ya estamos que no podemos más.

La presentadora, que es un bellezón, sube de nuevo al escenario y dice que ya hemos llegado a los diez y que no hemos vomitado, así que el premio sí o sí es para uno de nosotros, el que aguante más. Luego Amélie lo traduce para nosotros.

—¿Lo dejamos en tablas? —pregunto.

—Ni hablar. Jamás.

—Así que esas tenemos, ¿eh? Ya tengo otra cosa que añadir a tu lista de «virtudes» —le digo arrastrando un poco las palabras y haciendo comillas con los dedos en la última palabra.

—Sorpréndeme.

—Te puede la avaricia y detestas perder.

—Quiero esos mil euros.

—Yo también.

—Pues que gane el mejor.

—Suerte, Mambita. La vas a necesitar.