31. Unos contrincantes dispares, una animadora, un objetivo y un jugoso premio
Unos contrincantes dispares, una animadora, un objetivo y un jugoso premio
Fabiola
Esto es una malísima idea...
Os pongo en situación. Tres de nosotros estamos sentados en una mesa en medio de un escenario junto a otros siete participantes. Y, sí, me incluyo entre ellos. En esta ocasión la racional del grupo ha sido mi prima, alegando que alguien tendría que hacerse cargo de un coche y tres despojos humanos.
¿Tengo necesidad de esto? Para nada. Lamento el comentario, pero os aseguro que podría bañarme en euros, literalmente.
Si lo hago es porque el resto del grupo no está en mi posición, a excepción quizá de Marc.
Si ganase —sé que no va a ser así—, invertiría el premio en este viaje, haciendo que ellos no tuvieran que poner la pasta de su bolsillo, porque de este modo no ofendería su orgullo.
Siempre he sido muy observadora y en esta ocasión, mirando a nuestros contrincantes, tengo claro que cinco de ellos van a durar un telediario.
Hay un par de chicas jóvenes que no hacen más que reírse y que se están grabando en un directo de Instagram.
Está claro que se trata de conseguir followers y que el reto no va con ellas en realidad.
El siguiente es un grandullón que ya no se tiene en pie.
.. y que tal vez ni siquiera puede mantenerse sentado, porque cada vez se está escurriendo más de la silla.
Ya van tres descartados. Otro es un señor de incontable edad.
.. Si me dijeran que ronda los trescientos años, me lo creería.
Abajo hay un grupo de jubilados animándolo y sacándole fotos con cámaras iguales a las que utiliza mi prima.
Finalmente, la quinta contrincante que descarto que gane es una de las acompañantes de Matusalén.
.., aunque es ligeramente más joven; le pongo unos ciento setenta y cinco.
Desestimados esos cinco, quedamos Marc, Izan, una chica de nuestra edad con un tattoo , un señor que bien podría ser nuestro padre y que parece más fresco que una lechuga y yo.
El reloj marca las tres y cincuenta y siete, y en tres minutos nos tomaremos el primer chupito de la tarde.
Desde que nos hemos apuntado, ninguno ha bebido nada, excepto yo, que me he tomado una botella de agua y he intentado hacer pis en tres ocasiones para tener la vejiga completamente vacía. Tan solo lo he conseguido una vez.
—Vamos, Fabs, ¡acaba con ellos y gana ese dinero para gastarlo en sexo, alcohol y drogas! —grita la pirada de Candela.
—Pero ¿qué dices? Si no nos hemos drogado en la vida —contesto yo desde aquí arriba.
Un minuto.
—¡No has descartado gastarlo en sexo y alcohol! ¡Estás desatada, prima! ¡Vamos!
Toda la música que se oye desde cualquier rincón del pabellón cesa y vemos cómo una chica guapísima sube al escenario y llama a Amélie para que la acompañe.
Dice algo en francés y lo repite en varios idiomas, aunque no en el nuestro, y luego le pasa el micrófono a la chica que nos ha dejado entrar a este recinto gratis hace unas horas.
—Para los españoles ici présents —empieza a hablar Amélie—, voy a resumir las normas.
.. El ganador será el que más chupitos sea capaz de beber sin acabar vomitándolos.
Como veis, todos los participantes tenéis un cubo al lado para que lo hagáis si c’est nécessaire .
Si es así, quedaréis eliminados immédiatement y tendréis que abandonar el escenario.
Para poder ganar el premio, hay que beber un mínimo de diez chupitos y estos serán elegidos aleatoriamente por una mano inocente que sacará papeles de un tarro.
Hay cuatro categorías diferentes: explosivos, exóticos, bombas y suaves.
Rezad para que salgan estos últimos... Dispondréis de diez segundos para beberlos desde que os pongan el vaso en la mesa. ¿Lo habéis entendido? ¿Alguna pregunta?
Como todo está claro, nadie interviene.
Ha llegado el momento. Bajo la vista hacia mi pecho, donde me han puesto una pegatina con mi nombre. Luego dirijo la mirada a ambos lados, donde están Marc e Izan, que me observan.
—Suerte, Mambita.
—Suerte... Tengo que ponerte un mote a ti también.
—¿Guaperas?
—Más quisieras... —replico sonriendo.
Miro al frente y veo a mi prima con el pulgar hacia arriba y con una de sus cámaras a punto de disparar.
Ya no hay marcha atrás. Tengo diez segundos para beberme el mejunje que acaban de ponerme delante.