Si tú supieras 27. Un desayuno, una lluvia de ideas, una toma de decisiones y un desplazamiento
23%

27. Un desayuno, una lluvia de ideas, una toma de decisiones y un desplazamiento

Un desayuno, una lluvia de ideas, una toma de decisiones y un desplazamiento

Fabiola

—Vaya, vaya, ¿ya sois amigos? —nos pregunta Candela mientras nos sonríe.

—Digamos que he decidido dejar de ser una gilipollas —admito.

—Joder, tía, empiezas fuerte. Venga, sentaos.

Vamos a ver qué queremos para desayunar y, mientras nos lo traen, barajemos todas las opciones que Marc y yo tenemos.

Como ayer os echasteis una cabezadita juntos —añade la muy petarda—, nos dedicamos a poner en común vuestros planes y los nuestros, y ahora tenemos que elegir entre todos, ¿de acuerdo?

—Me gusta mucho la idea, chicos. —Es cierto.

—A mí también me parece bien —contesta Izan.

—No esperábamos menos de vosotros. Marco Polo, puede usted hacer los honores —dice Candela.

Marc saca de la mochila su adorado cuaderno de rutas. Lo abre y saca un papel en el que, supongo, pusieron en común todos los lugares que podemos visitar.

Después de que cada uno pida lo que quiere a la camarera que nos atiende, nos ponemos manos a la obra.

—Antes de empezar, debemos decir que nos ha sorprendido tener tantos planes para poder hacer en esta ciudad.

Sinceramente, al principio pensé que Lyon más bien sería un sitio de paso, que no nos quedaríamos más que una noche, pero luego.

.. En primer lugar, tenemos el Lyon Street Food Festival, el festival de comida callejera más grande de Francia.

.., lo que básicamente se traduce en planning que fusiona gastronomía de alta calidad, música y cultura.

Reúne a chefs reconocidos, food trucks y productores locales para ofrecer platos creativos a precios accesibles, conciertos gratuitos, sesiones de DJ y talleres participativos.

—Suena genial. ¿De qué son los talleres? —interviene Izan.

—Izan, espérate a las preguntas. Primero dejadnos exponer las opciones y luego ya hablamos al detalle de todo lo que incluye y de los precios —corta nuestro jefe de viaje antes de continuar con su discurso informativo—.

El Lyon Street Food Festival se celebra en Les Grandes Locos.

Otra opción son Les Nuits de Fourvière, que es un festival internacional de artes escénicas que se celebra en los teatros galorromanos de Fourvière.

Hacen obras de teatro, espectáculos de danza, pases de cine, ópera y circo.

—Seguro que Candela quiere ver alguna obra —comento, porque sé que son cosas que le chiflan.

—No lo dudes, prima. Si es posible, me encantaría. Sigue, Marc.

—Esto que os he mencionado es puro ocio, peeero.

.., si sois de esos a los que les gusta la parte, vamos a decir, arquitectónica de las ciudades, podemos ir hasta la Pasarela de los Cuatro Vientos, que conecta la Basílica de Notre-Dame de Fourvière con el Cementerio de Loyasse.

También está el Muro de los Canuts, un fresco pintado en una pared de mil doscientos metros cuadrados, y el Jardín de Rosa Mir, algo así como la versión lionesa de nuestro querido Parque Güell.

—Yo no soy mucho de esas cosas, pero, si cuadramos horarios y demás, quizá podamos exprimir el día al máximo —responde Candela—. Es decir, mezclar ocio con sitios míticos, ¿no? Pero sigue, sigue...

—¿Aún hay más? —pregunta Izan.

—Por supuesto. Aquí hay un montón de museos.

.. Cande y yo queremos ver el Museo de Bellas Artes.

Además, yo me apunto al Museo de la Imprenta, y ella, al de Cine y Miniaturas.

Por otra parte, hay un funicular que lleva del casco viejo a la catedral, así que, si vamos a verla, podemos montarnos en él.

Bueno, por mi parte ya he acabado... Ahora sí, querida Effie, son todos tuyos.

—Tranquilo, Izan —dice Candela riéndose al ver su cara de «¿más?

, ni de coña vamos a poder hacer todo eso en dos días»—.

Yo solo voy a deciros horarios y precios de los sitios que queramos visitar, solo eso.

Comienzo por el Lyon Street Food Festival.

.. porque yo quiero ir. ¿Qué os parece a vosotros?

Marc, Izan y yo confirmamos que también queremos hacerlo.

—De coña, porque me muero por ver qué puestos de comida nos podemos encontrar y disfrutar del ambiente de fiesta.

Tienen un pase especial para cuatro días que cuesta veinticinco euros, pero, como vamos a acudir solo un día, pagaremos veinte.

Eso es lo que cuesta la entrada, con los conciertos y los talleres incluidos; la comida y la bebida, lógicamente, van aparte.

»Les Nuits de Fourvière nos saldría a unos treinta euros.

El Jardín de Rosa Mir es gratuito, igual que el Muro de los Canuts.

El funicular cuesta tres euros con cincuenta por el viaje de ida y vuelta; el Museo de la Imprenta, seis euros, y el de Cine y Miniaturas es un poco más caro: trece con noventa.

Venga, tomemos decisiones para ponernos en marcha cuanto antes.

—Dejadme pensar... Tenemos un montón de planes a nuestro alcance para estos dos días enteros, pero ¿a qué hora sale el tren el lunes? —pregunta Izan.

—A las nueve de la mañana, en dirección a Milán.

Ese día solo nos dará tiempo a desayunar y a devolver el coche de alquiler.

No habrá tiempo para nada más. Luego serán casi seis horas y media de viaje, que espero que aprovechemos para descansar porque mi idea es disfrutar las horas de sol que queden una vez que lleguemos a destino —contesta su amigo.

—Vale, voy a deciros lo que yo haría y luego me decís si os parece bien —tomo la palabra—.

Podemos repartir el día entre los dos festivales, el de comida y el de artes escénicas, y dejamos el resto para mañana.

Esta noche hacemos un listado de opciones por orden de preferencia y.

.. lo que no nos dé tiempo, pues mala suerte.

—Me parece cojonudo, apruebo la idea. Es una pena que llegásemos ayer por la tarde, después de cinco horas en el tren... Y ya aviso que mañana sí o sí vamos al Museo del Cine. Yo por lo menos moveré mi culo hasta allí —interviene Candela decidida.

—Os felicito a ti y a Marc por todo el curro. Si tuviera que hacer yo todas esas búsquedas, me volvería loca. A mí me parece todo bien, de verdad.

Tras desayunar, lo primero que hacemos nada más montarnos en el coche es poner el GPS con destino a Les Grandes Locos. Cómo no, voy sentada en el asiento de atrás junto a Izan. Marc y mi prima vuelven a estar metidos de lleno en sus cosas y decido iniciar una conversación con mi acompañante.

—Izan, todavía no sé nada de ti. ¿A qué te dedicas? —comienzo por lo más trillado.

—Digamos que trabajo con paquetes.

—Ah, eres repartidor. Bien... Imagino que conducirás muchas horas. —Sé que es un trabajo precario y esclavo, pues veo lo mucho que trabajan las personas que nos traen cosas al negocio.

—Sí que curro más horas de la cuenta, sí. ¿Y tú? Tienes pinta de trabajar en una oficina. Creo recordar que me dijiste que dibujabas...

Me mira fugazmente de reojo.

—Sí, soy diseñadora de moda. Mis padres tienen una empresa de confección y moda, y a mí ese mundo me apasiona. Estudié la carrera de diseño de moda y, bueno, lo tuve más fácil que la mayoría de mis compañeros.

—No me digas que hiciste las prácticas en la compañía familiar. Sería tan típico...

—No —contesto riéndome—. Aunque no las hice porque me negué. Mi madre se pasó un mes sin hablarme. Mi padre me felicitó por mi decisión.

—Bueno, veo que te gusta lo que haces. Eso es esencial. ¿Algo más que quieras saber de mí? —me plantea esbozando una sonrisa.

Aparto la mirada de él para llevarla hacia mis uñas y me muerdo una mientras me debato en qué respuesta darle. Una vez que la tengo clara, vuelvo a dirigir mis ojos hacia Izan.

—¿Todo?