21. Una charla de baño, unas cosas claras, una confirmación y una vergüenza
Una charla de baño, unas cosas claras, una confirmación y una vergüenza
Fabiola
—Necesito hablar contigo. Ahora.
Ni siquiera espero a oír la respuesta de Candela. Me levanto y me dirijo al baño. Cuando llego, veo el color rojo que indica que está ocupado y me apoyo en la pared de enfrente mientras observo de lejos cómo mi prima le dice algo al oído a Marc y después viene hacia mí.
—¿Qué coño ha significado eso? Hay que ver la tensión sexual que tenéis... Cualquiera diría que anoche no la resolvisteis a pesar de los polvos...
—Déjate de estupideces. Ya sabes lo que opino de la gente de su especie —mascullo totalmente fuera de mí.
—Voy a hacer como que no he oído nada porque es eso o dejarte a tu suerte y pasarme veintiún días con ellos.
Su «especie», como tú dices, es la mía. Pobres diablos con ropa de mercadillo y sin un euro en la cartera, ¿verdad?
No comprendo cómo tienes amigos viendo que te juntas conmigo, una barriobajera. ..
Hace amago de volver por donde ha venido y la cojo delicadamente por la muñeca. Suspiro y libero todo el aire bruscamente por la boca.
—Ya sabes lo que quiero decir cuando suelto este tipo de cosas. Por supuesto que no pienso que yo sea más que nadie ni que los que no cuidan su imagen ni visten de marca sean unos fracasados. No soy tan mala persona.
Realmente no lo creo, pero en ocasiones no pienso antes de hablar.
—Fabs, no puedes ir por ahí haciendo esos comentarios, porque, además de clasistas, son hirientes.
Además, ¿a quién coño le importa si está forrado o no llega a fin de mes, si es o no de buena familia como tú, si tiene cuatro empresas a su nombre o es un simple oficinista o si vive en el barrio más caro de toda Barcelona o en el extrarradio? Ya te respondo yo: a nadie.
Justo en ese instante la luz del baño se pone en verde, la puerta se abre y sale una mujer con su niña pequeña.
Nos sonreímos mutuamente y mi prima y yo nos metemos dentro.
Me bajo los vaqueros y las bragas y vacío la vejiga.
Una vez que acabo, me adecento y me lavo las manos. Luego retomo la conversación.
—Con las pintas que lleva, está claro que es lo segundo, ¿no? Me refiero a que es un simple currante de extrarradio al que le cuesta llegar a fin de mes —le pregunto a Candela mirándola por el espejo.
—Vamos a ver: no puedes dejarte guiar por las apariencias, porque ya sabes que estas engañan, para bien y para mal. Por ejemplo, ¿crees que yo sería una pija redomada como tú si estuviese en tu situación financiera? ¿Que tendría tus pintas? Ni muerta —me contesta poniendo los ojos en blanco.
—Eso es muy fácil decirlo.
—Te lo aseguro. Llevaría igualmente el pelo de colores, mi ropa de segunda mano, mis uñas divertidas.
.., sería malhablada... ¿Y sabes la razón?
Pues porque es lo que me gusta, lo que quiero y lo que me hace ser como soy.
Dicho esto, tal vez con Izan pasa lo mismo y le sale el dinero por las orejas y se ha rebelado contra el mundo.
Quizá odia los pantalones chinos, las parkas Hackett y los gemelos en las camisas.
Aunque, repito, ¿a quién coño le importa?
—Lo que me parece raro es que sea el mejor amigo de Marc; está claro que él juega en mi liga —se me escapa sin pensar.
—Joder, chica, ya te estás pasando y esto parece un patio de colegio. Vosotros, con los guais, y nosotros, con los marginados. Ya podéis tirarnos piedras. ¿No puedes intentar llevarte bien con él y hacernos el viaje más ameno al resto pasando de lo que tenga o deje de tener?
—No estarás proponiendo de verdad que vayamos a pasarnos estas tres semanas como si fuésemos un cuarteto inseparable, ¿verdad?
—No te lo estoy proponiendo, te lo estoy avisando, porque va a ser así.
—Me niego. Por ahí no paso, no pienso pasar más tiempo del indispensable con él.
—Pues eso es cosa tuya porque yo necesito pasármelo bien, olvidar mis penas y exprimir esta aventura a tope, ya que no sé si voy a poder repetirla en algún momento de mi vida. Así que en tu mano está que pases veintiún días amargada o que te lo pases de lujo.
—¿Vamos a dormir en los mismos sitios?
«Que la respuesta sea negativa, por favor, por favor...».
—En algunos, sí. ¿Te molesta?
—Qué más da, si me los voy a tener que comer igual. O sea, Marc no me molesta para nada...
—Izan tampoco. En serio te digo que no sé qué cojones te pasa con él. Lo conociste ayer, bailaste con él, bebiste con él, desapareciste con él y... a saber qué más cosas has hecho con él, guapa. ¿Qué ha cambiado para que ahora lo repudies de esa manera?
—Pues que creo que me he acostado con él y me avergüenzo de ello.