Si tú supieras 14. Un aroma, un flashback, unos profilácticos y una amenaza mañanera
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14. Un aroma, un flashback, unos profilácticos y una amenaza mañanera

Un aroma, un flashback, unos profilácticos y una amenaza mañanera

Izan

Oigo cómo se cierra la puerta de entrada de mi casa y abro los ojos de inmediato.

Estoy solo. ¿Estaba acompañado? No recuerdo cómo llegué aquí ni a qué hora.

Mi cerebro se activa de repente y me alerta de que hoy Marc y yo nos vamos de viaje unas semanas por Europa.

Entierro la cabeza en la almohada, frustrado por no tener recuerdos claros de lo que pasó hace unas horas, y de repente se me mete en las fosas nasales la fragancia de Fleur du Désert, de Louis Vuitton, que es uno de los perfumes que en ocasiones usa Gisela.

Gracias a ello, y a que sí recuerdo perfectamente a qué olía cuando la besé en el cuello, tengo un flashback y sé que Fabiola ha estado entre estas sábanas.

¿Follamos? Eso no lo tengo tan claro, pero espero que hayamos estado a la altura de las circunstancias, por lo menos yo.

Me levanto y veo mi desnudez. Necesito una ducha urgentemente.

Ni siquiera miro el móvil, pero sí mi reloj, que me informa de que aún me quedan algunas horas por delante antes de iniciar la aventura.

Veo mis calzoncillos por el suelo, pero no encuentro el traje amarillo que llevaba anoche, sino los envoltorios de unos condones.

Genial, parece que me he acostado con una tía estupenda y no me acuerdo de nada.

¿Volveremos a vernos? La verdad es que si en esta ocasión hemos coincidido ha sido porque se mueve en ambientes de «gente bien», pero también es cierto que nunca la había visto antes.

Sigo sumido en mis pensamientos sobre ella cuando suena mi teléfono.

—Dime... Y habla bajito, por favor te lo pido.

—Vaya, vaya... ¿Noche de desenfreno, mañana de Ibuprofeno? —bromea Marc al otro lado de la línea.

—Ibuprofeno no sé, pero ahora mismo voy a hacerme un café de medio litro. Luego una buena ducha y después, sí, lo que tú me has dicho.

—Menuda manera de despertarte el día en el que te metes en un Interrail, querido. Te pasas las normas por el forro de los cojones.

—Yo me he levantado con resaca, pero tú con la boca muy sucia.

—Tú no sabes cómo tengo yo la boca cuando realmente la tengo sucia —me suelta riéndose.

—Y no quiero saberlo jamás. Necesito datos de anoche.

Espero que él pueda ayudarme.

—¿Qué quieres saber?

—¿Todo? Joder, ¿dónde tengo el maldito altavoz para la ducha? Aquí está. Espera, que lo conecto.

Lo hago y luego cojo un bóxer limpio del cajón para ponérmelo después de asearme, pues me importa una mierda hablar con mi mejor amigo con el rabo al aire.

—Dispara.

—Hay muchas cosas que contar... ¿Por dónde quieres que empiece?

Hay que ver lo que le gusta hacerse el interesante.

—Teniendo en cuenta que no me acuerdo de una mierda, por donde quieras. ¡Hostias!, ¿qué demonios...?

—Tío, ¿qué pasa? —me pregunta alarmado.

—Joder, qué puto asco. Acabo de pisar un condón. Maldita sea, esta es la prueba de que sí que hemos follado.

—¿Follado con quién?

—Con la Mamba Negra.

—Pues yo me cago en tu estampa y en la suya. Pero no porque hayáis echado un polvo, no..., sino porque dejasteis a mi amiga medio abandonada en un momento de pedo álgido anoche —suelta un tanto exasperado.

—¿De qué amiga me estás hablando tú ahora?

—De Cande. Pobrecilla mía... Tengo que decirte que hace un tándem apoteósico conmigo y que ya somos best friends forever , pero, pedazo de mamones, ayer desaparecisteis sin avisar y la chica no sabía qué hacer para dar con su prima.

Tuve que pedir tres rondas más de chupitos mientras le explicaba que si tú tampoco estabas allí era porque estabas con ella.

Y Cande, erre que erre con que Fabs no hace esas cosas, que es una niña bien y demasiado cuadriculada.

—¿Fabs?

—La llama así, aunque a su prima le horroriza.

Pero a ella, palabras textuales, le resbala.

Dice que la piensa llamar así siempre. Es muy curioso porque, en mitad de una conversación con mi hermana y Jon, nos contó que hoy se iban de viaje.

Le preguntamos a dónde, pero en ese momento pusieron una canción de Grease y se volvió loca.

Luego se nos olvidó sacar el tema de nuevo.

Me encanta esa chica. Qué pena que sea mujer y que no me gusten para ciertas cosas.

—Me estás dando demasiada información que no me interesa en absoluto en este momento. No te enfades, pero ahora necesito que me cuentes qué recuerdas respecto a Fabiola y a mí. Ya me contarás el resto.

—Pues ella iba ganando confianza según pasaban las horas y el alcohol entraba en su cuerpecillo, y tú le pusiste ojitos desde el minuto uno.

Luego te cambió la cara cuando ella se fue un rato a hablar con un amigo suyo y fuiste detrás cuando ella fue a la zona de los baños.

Tardasteis una eternidad en volver y, al hacerlo, parecía que queríais quitaros la ropa con los ojos.

La muchacha se montó su propio show y volvisteis a desaparecer. Después de eso, no os vimos más.

—Pues no me eres de gran ayuda. Me he quedado igual que estaba.

—Claro que lo soy, hazme caso. Si no llego a tranquilizar a Cande diciéndole que eras buena gente y, después de eso, no la hubiésemos acompañado a su casa, hubiese buscado a su prima hasta debajo de las piedras y tú no habrías terminado tirándotela.

O ella a ti... Por cierto, sé que ya descubriré cosas sobre estas chicas, pero Cande no puede vivir en un barrio más humilde.

Cuando lo mencionó, al principio pensamos que se estaba quedando con nosotros.

Desde luego, no tiene nada que ver con Fabs, pero nos ha jurado y perjurado que son primas de verdad. Sus padres son hermanos.

—Supongo que el padre de Fabiola se casó con una mujer de mayor estatus social, y el de Candela, en cambio, se casó con una semejante.

—Semejante, dice el tonto del culo... Venga, anda, dúchate, despeja esas ideas y te quiero con una hora de antelación en la estación. Recuerda no olvidarte nada.

—¿Una puta hora antes?

¿Para qué quiere que perdamos tanto tiempo esperando?

—Sí, y te callas. Así nos tomamos un cafetazo y comentamos la jugada. Byeeeeeeeee .