Si tú supieras 13. Una cama desconocida, un brazo captor y una huida sin mirar atrás
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13. Una cama desconocida, un brazo captor y una huida sin mirar atrás

Una cama desconocida, un brazo captor y una huida sin mirar atrás

Fabiola

Un rayo de sol se cuela por uno de los orificios de la persiana para darme directamente en la cara.

Siento la boca muy pastosa y la cabeza me da vueltas como jamás lo había hecho.

Noto pesadez en el cuerpo e intento abrir los ojos, pero mis párpados no responden.

Estoy tumbada bocarriba y, cuando por fin consigo abrirlos, lo primero que veo es una lámpara totalmente desconocida para mí.

La confusión azota mi cerebro. Giro lentamente la cabeza hacia la derecha y encuentro mi móvil encima de una mesita, que tampoco he visto antes.

«¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde estoy? ¿Qué día es hoy?».

«No, no, no... Esto no puede estar pasando. Hoy me voy de viaje con Candela».

Me estiro para coger mi iPhone y mirar la hora.

Levanto la sábana por mi lado derecho y veo que una mano masculina está adherida a mi cadera.

Giro la cabeza hacia el otro lado y me encuentro con su dueño, un tío moreno que me parece tremendamente guapo, con manchas verdes en la cara.

.. Todas las piezas encajan de golpe y los recuerdos de la noche anterior van llegando a trompicones.

«Joder, es Izan».

¿Me he acostado con un desconocido? Esto no es nada propio de mí y me avergüenzo de ello. ¿Y si me hubiese hecho algo? No me acuerdo de nada desde que salí de ese almacén. Sé que me besé con él, que la cosa cogió temperatura y poco más. Bebí demasiado.

Nota mental: no alcoholizarte cuando estés rodeada de gente a la que acabas de conocer y cuyas intenciones ignoras.

Me zafo como puedo de su brazo y logro pillar mi teléfono.

Tengo varias llamadas perdidas y unos cuantos mensajes —la mayoría, audios— de mi prima.

Está claro que ahora no puedo escucharlos.

Lo último que quiero en este mundo es que Izan se despierte y tener que enfrentarme a las consecuencias de mis malos actos de hace unas horas.

Aparto la sábana para salir de la cama y... me va a dar un infarto. Estoy desnuda. Está claro que nos hemos acostado. Solo pido que hayamos tenido algo de lucidez y lo hayamos hecho con protección. ¿Y si me ha pasado alguna enfermedad de transmisión sexual? Repito: esto no me puede estar pasando.

Me levanto sigilosamente y trato de visualizar mi ropa.

«Un momento, ¡no puedo irme con lo que llevaba puesto ayer! Cualquiera que me viera pensaría cosas de mí que no me quiero ni imaginar. Me niego».

Encuentro mi ropa interior y me la pongo.

Bien. Me alegro de que mi disfraz fuese con una especie de deportivas porque en este momento decido robarle a Izan una camiseta, que espero que me quede relativamente larga y me sirva como una especie de vestido deportivo.

Busco en su armario y encuentro exactamente lo que quiero.

Izan tiene buena altura y, a pesar de que yo no soy bajita, me queda a la mitad del muslo.

Busco en la cocina una bolsa vacía para poder meter el disfraz que Carla me prestó.

La verdad es que este piso está genial..

. «¿Dónde están la peluca y la katana? Da igual, le compraré otras».

Guardo mi móvil en el bolso, reviso rápidamente que no me falte nada y me lo cuelgo al hombro.

Lo contemplo dormir antes de irme y pienso que no es propio de mí hacer algo así.

También que es una pena no recordar nada, ya que ha pasado.

.. De pronto, me doy cuenta de que en estos momentos soy un poco Edward Cullen cuando observaba a Bella por las noches.

¿Qué narices estoy haciendo? Doy un paso, oigo un ruido y noto que hay algo bajo mi pie derecho.

Lo levanto y veo el envoltorio de un condón.

¡Gracias a Dios! Pero... hay otros dos más.

¿Nos acostamos tres veces? Tengo que salir de aquí cuanto antes.

Al llegar al recibidor de la entrada, encuentro la peluca tirada en el suelo y la katana metida en el paragüero. No sé si quiero información al respecto. Pongo los pies en la calle y cojo el teléfono para mandarle un audio a mi prima.

Son las diez de la mañana del gran día y ya estoy ready.

No he podido escuchar los tres audios que me has mandado; en un rato lo hago.

Prometo que te lo explicaré todo. Ahora solo pienso en este viaje y en lo feliz que me hace poder hacerlo contigo, Candela.

En unas horitas nos vemos. Te quiero mucho.