Si tú supieras 9. Una gente de postín, una chica de barrio, un enfado y un amigo nuevo
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9. Una gente de postín, una chica de barrio, un enfado y un amigo nuevo

Una gente de postín, una chica de barrio, un enfado y un amigo nuevo

Fabiola

—¿Con quién hablabas en la cola del baño, perra mala?

—Candela, por Dios, habla bien —le contesto mientras miro por si alguien a mi alrededor la ha oído.

—Dichosos los ojos que te ven, preciosidad.

Ese que acaba de llegar es Aitor, mi amigo desde que tengo uso de razón y la persona a la que más odia Candela por una razón que aún no he logrado descubrir.

—Anda, Candelaria, ¿tú también por aquí? Siendo sincero, no me esperaba encontrarte en esta fiesta —dice dirigiéndose a ella.

Siempre la llama «Candelaria» porque sabe que la saca de quicio.

—¿Y se puede saber por qué, zoquete?

—Veo que tu piquito de oro sigue intacto... Pues porque es evidente que no es el ambiente en el que te sueles mover, pero he de decirte que estás guapísima.

Presenciar cómo se las tiran estos dos es como estar en un partido de tenis.

—Pues tú me dañas la vista, como siempre —le sisea ella acercándose a él; aunque ha usado un tono bajo, la he oído perfectamente.

—Qué cosas más dulces me dices cada vez que tengo la suerte de coincidir contigo. Bueno, luego os veo. Ha sido un placer —se despide guiñándole un ojo.

Nos quedamos las dos mirando cómo se aleja en dirección a la barra y no puedo evitar recriminarle a mi prima su actitud.

—Contrólate un poco.

—Que me controle ¿yo? Muy bien, ¿eh? Cojonudo. Aquí tu colega un poco más y me dice que qué hace una barriobajera como yo en un sitio de la jet set como este, pero la bronca me la llevo yo. No quiero verlo ni en pintura.

—Me encantaría saber qué te ha hecho para que lo trates así de mal. Es un cacho de pan y de verdad que no lo entiendo.

No, no lo hago, no sé en qué punto de nuestras vidas ellos empezaron a llevarse a matar de esta manera. Y ninguno de los dos quiere darme detalles al respecto.

—Si él, según tú, es un cacho de pan, la que tiene el problema soy yo, ¿no? Joder, bonita, lo arreglas por momentos.

—No he querido decir eso. Es solo que...

—Déjalo, Fabiola. Voy a salir a tomar un poco el aire, si no te importa.

—Te acompaño —le digo con la intención de ir con ella.

—Gracias, pero prefiero hacerlo sola. Necesito que se me pase este cabreo porque mañana nos vamos juntas de viaje. No te preocupes, que cuando esté más tranquila regreso. Será fácil dar contigo: solo tendré que seguir la estela del perfume repugnante de tu amigo, porque sé que vas a estar con él.

No me da opción a réplica y se aleja en dirección a la salida; allí uno de los porteros le pone una pulsera en la muñeca para que no tenga problemas en volver a entrar.

A continuación mis pies se encaminan hacia Aitor y el resto de nuestro grupo.

—Hombre, Fabiola, ¿qué tal? —me saluda Enric, compañero de trabajo de mi amigo.

—Encantada de verte —contesto después de darle los dos besos de rigor.

Echo un vistazo de reojo a Aitor y me doy cuenta de que está mirando por encima de mí como si estuviese buscando a alguien.

—Esto... ¿Dónde has dejado a tu prima?, ¿se ha ido a casa? —me pregunta.

—Tienes mucho interés, ¿no? —indago—. ¿Qué pasa aquí? Algo se me escapa.

—Para nada —responde cambiando de actitud—. Tan solo te preguntaba por si te habías quedado sola y no tenías con quién volver luego.

—Puedes quedarte tranquilo: tan solo ha ido a tomar un poco el aire, que estaba sofocada.

Después de esto, la conversación gira en torno a cómo van nuestras empresas y luego sale a colación el viaje que inicio en pocas horas.

—Interrail... Quién lo diría, con lo señoritinga que eres —suelta Aitor.

—No vas desencaminado... Sabes que soy mujer de ir a los mejores hoteles, volar en business y comer platos con estrella Michelin, pero, como también sabes, no puedo decirle que no a Candela.

Me conoce bien y lo ha comprobado un montón de veces.

—Tranquila, prima, que en ocasiones no eres la única que no puede decirme que no... —interviene ella desde atrás mientras me abraza—. Por cierto, ¿de qué hablabais?

—¿Ya no estás enfadada? —le pregunto en un susurro girándome en su dirección.

—Sabes que se me pasa rápido. Además, he conocido a un chico.

—¿A un chico?

«¡Vaya! ¡Desde luego, no ha perdido el tiempo!».

—No es lo que crees. Venga, cuenta.

—Nada, les estaba explicando que mañana nos vamos de viaje, en tren.

—Pues sí. Hola, chicos, que no os había visto —saluda mi prima a los presentes.

Todos le dan dos besos y le comentan que se alegran de verla. Sé que lo dicen de verdad; se llevan genial con ella. Tengo que señalar que la única persona en el mundo que no la tolera es Aitor.

—Bueno, chicos, ha sido un placer, pero unos amigos nos están esperando.

—Ah, ¿sí?

Estoy algo descolocada porque no tengo ni idea de quiénes son los amigos de los que habla.

—Claro, nos han invitado a unas rondas de chupitos. Mira, son aquellos de allí.

—No puede ser...