4. Unas birras, un cuaderno de ruta y una planificación
Unas birras, un cuaderno de ruta y una planificación
Izan
—Lo tengo todo controlado —comenta Marc mientras apura su quinto de cerveza.
Hemos quedado en nuestro bar de siempre para ultimar detalles sobre nuestro próximo viaje. Queda menos de un mes y me come el ansia. ¡Qué ganas!
No recuerdo un momento en mi vida en el que Marc no haya estado presente.
Su padre y el mío se conocieron en la escuela, estudiaron juntos también en el instituto y, cómo no, se fueron a la universidad de la mano y cursaron la misma carrera.
Sus padres son mis padrinos, y mis padres son padrinos suyos y de su hermana Gisela.
Así que siempre hemos sido culo y mierda, como solemos decir, y nos hemos comportado los tres como auténticos hermanos, que es como nos sentimos, sin distinción entre ninguno.
A los dos nos encanta viajar y, como mínimo una vez al año, hacemos una escapada juntos.
Gisela se apuntaba, pero desde que se ha echado novio no hay quien la arrastre.
Veo cómo abre el maletín que siempre lleva al trabajo y me entra la risa.
—Vaya, encantado de conocerte, nuevo cuaderno de ruta.
Lo que tengo ante mí es el inseparable cuaderno de ruta que Marc siempre lleva encima cuando nos escapamos a algún lado, con todo planificado. Uno cada vez, cargado de datos que considera imprescindibles, a saber por qué.
—Sabes que forma parte de la tradición —afirma orgulloso mientras lo levanta con la mano derecha.
—Nunca diré lo contrario. ¿Me vas a dejar ver algo o solo lo has sacado para ponerme los nervios de punta como siempre?
—Cómo me conoces... Exacto. No, no vas a ver nada. Además, ¿qué más te da si siempre soy yo quien se ocupa del transporte, los hoteles, el itinerario...? —contesta.
Por mucho que se intente hacer el ofendido, ambos sabemos que lo iba a hacer él igualmente aunque yo me propusiera sustituirlo. Uno, porque lo hace encantado, y dos, porque no se fía de mí.
—Yo solo pongo la pasta, tienes razón.
—Pagas lo tuyo, guapito de cara; que, dicho así, cualquiera diría que soy un putito al que mantienes.
—Ya te gustaría —respondo mientras le revuelvo el pelo.
—Qué asco. Eres mi hermano, chaval. Pero ser putito de otro...
—Cambiemos de tema —lo corto, porque esta conversación podría irse por otros derroteros—. Vale, el viaje ya lo tienes organizado. Pasemos entonces a lo interesante: ¿tienes ya disfraz para la fiesta?
—La verdad es que no. ¿La temática era...?
—No entiendo cómo para unas cosas eres tan cuadriculado y meticuloso y, para otras, tan desastre. Hay que disfrazarse de un puñetero personaje de película.
Me parece increíble que a estas alturas aún no lo tenga claro.
—¿Tú de qué vas a ir?
—Estaba indeciso entre Pennywise o La Máscara.
—¿Y por cuál te has decantado?
—Pues ya que nunca llevo traje...
Sonríe al adivinar el ganador.
—Lo pillo. Te vas a marcar un Jim Carrey. Me gusta.
—He quedado con Gi para que me ponga no sé qué historias de silicona en la cabeza y en la cara para que no quede cutre.
—Mi hermana y sus experimentos. ¿Ella de qué va a disfrazarse?
—Si leyeses de vez en cuando el chat que tenemos los tres, te habrías enterado.
Típico de él, hacer miles de preguntas que él mismo podría responderse si se molestara en leer lo que Gisela y yo ponemos.
—No te voy a engañar, hace días que no me meto en Salsidente. Perdón. Pero sé bueno y dímelo, anda.
—Va de la Novia Cadáver.
—Con tal de vestirse de novia, haría cualquier cosa —suelta poniendo los ojos en blanco—. ¿Y nuestro cuñado?
—Ella quería que fuese de su coprotagonista, pero fue un chico listo y le dijo que simplemente lo verían como a un tío raro con traje.
Y sin pistola. Al final decidió optar por Bitelchús.
A Gi le pareció estupendo porque comentó que ambos le harán homenaje a Tim Burton.
Ya sabes lo fan que es tu hermana. —Todos, en realidad.
—Joder, pues los tres vais a ir divinos. ¿Y ahora de qué voy yo? Maldita sea. No tengo mucho tiempo para pensarlo... Hummm, así de primeras se me ocurre ir de Fred.
—Y llevarte a Scooby-Doo, no te jode. —La verdad es que sería bastante cómico verlo con un pañuelo al cuello y todo repeinado—.
Eres pijo por naturaleza; disfrázate de algo que no tenga nada que ver contigo, algo que sea tu antítesis.
No te sentirás a disgusto ni te dará vergüenza que te vean de esa guisa siendo una fiesta de disfraces.
—Vergüenza ajena me da a mí cada vez que te veo con esas riñoneras roñosas que utilizas. —Hay que ver el poco cariño que le tiene a mi complemento estrella—. Estás a un paso de que tus padres te deshereden. No sé cómo no lo han hecho aún.
—Cállate y decide ya.
—Pues entonces no me quedará otra que ir de... ¿Gru?
—¡Me encanta! Me muero por verte calvo y con cara de oler mierda.
Mi mente me regala la imagen y ya me estoy descojonando.
—¿No quieres ser mi Agnes?