3. Un despido laboral, muchos lloros rarunos y, ahora sí, una afirmación
Un despido laboral, muchos lloros rarunos y, ahora sí, una afirmación
Fabiola
F INALES DE MAYO. T RES SEMANAS ANTES DEL COMIENZO DEL VIAJE
—Fabs...
—¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? Me estás asustando —le pregunto a Candela nada más oírla cuando descuelgo el teléfono.
—¿Recuerdas esa conversación en la que te propuse que nos fuéramos juntas de viaje a la aventura? —pronuncia entre pequeños sollozos mientras se suena la nariz.
—Claro que me acuerdo. Esa en la que, por supuesto, yo contesté que no.
—Realmente no fue así, pero... ahora te pido, por favor, que nos vayamos cuanto antes.
—Candela, ya. Cuéntame qué te pasa y a qué vienen esas prisas si es algo de lo que no habíamos vuelto a hablar.
—Me han despedido —anuncia mi prima hecha un mar de lágrimas.
—¿Cómo que te han despedido? Si llevas en esa peluquería desde que terminaste el grado.
—Lo sé... Cinco maravillosos años de mi vida, en los que he aprendido todo lo que Sagrario no nos enseñó en esos dos cursos de formación.
Hay que ver lo anticuados que están esos profesores.
Yo era algo así como Adam Sandler en Zohan , y en esa pelu he podido experimentar y crecer como profesional, pero sin pasarme con los clientes, ya me entiendes.
La verdad es que les he levantado el negocio poco a poco, y ahora mira. .. —dice llorando aún más.
—¿Y por qué te han despedido, si puede saberse?
—Según mi jefa, porque está la cosa chunga y necesita reducir plantilla.
—¿Chunga? Dime que no ha usado esa palabra... —Conociéndola, no me extrañaría.
—Literalmente, ya sabes cómo es.
—Sí, una desagradecida. A ver, cuéntame, ¿por qué tenías que ser tú?
—Hombre..., la cosa estaba entre su sobrina o yo. No sabe ni mezclar un tinte con el agua oxigenada, pero mejor despedir a alguien válido que tener un cristo familiar.
—Qué mal, Candela, no sabes cuánto lo siento.
Lo digo de corazón. Si hay algo que le apasione es hacer magia con el cabello de los demás. Además, sé que le han herido el orgullo, ya que tiene razón en decir que el negocio sigue abierto gracias a su entrega y a su profesionalidad.
—Por lo menos tengo paro y me han dado pasta.
—Te habrán dado lo que marca la ley, aunque seguro que ha sido una indemnización irrisoria.
Te merecerías mucho más, pero imagino que es lo que toca por cinco años.
.. En fin, tendrás para ir tirando hasta que encuentres algo.
Si quieres, podemos hablar con el departamento legal de la empresa para que compruebe que todo esté en orden.
También podemos hacerte un currículum de esos bonitos que se llevan ahora.
—No te preocupes, prima. Esta mañana he ido a un asesor y me ha confirmado que está todo bien.
—¿Has pagado una consulta sabiendo que te lo podría haber mirado gratis Santiago? Sabes que lo habría hecho encantado.
Les he dicho mil veces, a ella y a mis tíos, que cualquier recurso de nuestra empresa está a su disposición, pero no hay manera.
—Lo sé, y te lo agradezco, pero no me gusta deber favores.
—¿Qué favores? Soy tu prima, por el amor de Dios.
—Sí..., eres mi querida prima, mi mejor amiga... —suelta con voz lastimera.
«Uy, ese peloteo y ese tonito me dan mala espina».
—Venga, Candela, que nos conocemos. ¿Qué quieres? Suéltalo ya.
—Verás, solo hay una cosa que me haría evadirme de todo esto...
—Sé por dónde vas y la respuesta es no. No pienso hacer ese viaje contigo.
—Pues nada... —dice entrecortadamente mientras vuelve a llorar.
«¿Se ha ido tranquilizando para luego dar este giro trágico y convencerme? No, no será capaz...».
—Ay, no, Candela. No llores, por favor. ¿Tan importante es para ti ese Interrail?
—Tanto como el aire que respiro.
«Sí que es teatrera, sí».
—Cuando quieres, dejas el chonismo para pasar al dramatismo.
—Yo también te quiero.
Suspiro con fuerza. Lo hago porque sé que esta guerra la tengo perdida.
Hace conmigo lo que quiere. Por ejemplo, Candela sería la única persona capaz de que yo me pusiese un vestido de leopardo, unos aros gigantes en las orejas y unas plataformas.
No me malinterpretéis: que ella y yo seamos la noche y el día no quiere decir que no admita que tiene un estilo propio que encandila a todo el mundo.
Incluso a mi madre, aunque no lo reconocería ni aunque le rajasen toda su colección de bolsos Louis Vuitton.
Como nos llevamos un año, de pequeñas siempre heredó mi ropa.
Eso de niña no era un problema, ya que no tenía ni voz ni voto.
.., pero todo cambió cuando llegamos a la adolescencia.
Empezó a ir en contra de las modas y se volvió muy creativa.
Fue entonces cuando se hizo fan de las tiendas de segunda mano, a las que arrastraba a su madre y donde ha seguido comprando hasta el día de hoy.
Debo confesaros que, secretamente, la envidio un poco.
Por ejemplo, me encantaría llevar su ropa, su pelo de colores, sus uñas con diseños —que nunca le he visto a nadie más— y ser feliz como suele ser.
Desgraciadamente, en mi caso no puedo salirme de los límites que tengo establecidos desde la cuna.
Por eso uso ropa de las mejores marcas (por supuesto, sin una arruga o una mínima mancha a la vista); por eso me relaciono, única y exclusivamente, con gente de mi misma clase social, por no hablar de que debo conducir uno de los coches más caros del mercado, vivir en uno de los mejores barrios de mi ciudad y llevar siempre la manicura francesa inmaculada y un pelo impecable.
Mi vida es una mierda. Bueno, no, no lo es.
Pero sí que me gustaría hacer alguna locura de vez en cuando.
Soltarme la melena, beber hasta no recordar cómo he acabado en el lugar en el que me despierte, tener sexo con algún desconocido (por favor, que no sea un psicópata), pintarme las uñas de negro, teñirme de rojo o irme de viaje con mi prima a la aventura.
.. Esto último no lo voy a pensar mucho: no lo haré.
—Hecho.
—¿Helecho?
—He dicho que hecho —claudico suspirando.
—Me estás liando, Fabs.
—Y tú a mí me vas a costar varias sesiones de terapia. Me voy contigo a ese peligro de viaje.
—¡Ah! Te quiero, prima. Y tranquila: nada de peligro, excepto el que voy a representar yo cuando vea a un maromo comestible y le tire la caña.
—Eso espero... A ver si te va a pasar como con Shein o AliExpress, que lo que pides no es lo que te llega.