1. Unas primas, una propuesta viajera y.¿una negación?
Unas primas, una propuesta viajera y...¿una negación?
Fabiola
A brIL. D OS MESES ANTES DEL COMIENZO DEL VIAJE
—Rotundamente no —digo con total convencimiento.
—Venga, prima, deja de ser tan siesa y vamos a la aventura.
—Candela, no voy a pasar contigo tres semanas usando ese cacharro para acabar vete tú a saber dónde.
.., y mucho menos durmiendo con a saber quién.
Es que me niego. ¿No ves lo que les pasa en las pelis a las chicas que viajan en este plan, solas?
—Después de verbalizarlo por completo, me reafirmo en mi respuesta.
—Ese «cacharro», como tú lo llamas, es un Interrail.
¿Sabes la de cosas molonguis que pueden pasarnos usando ese pase de tren?
Estaremos juntas todo el rato, visitaremos muchos países de Europa y seguro que conoceremos a un montón de gente mientras vamos de un lugar a otro.
Respecto a lo de las películas, tengo que decirte que las protas siempre se libran; otra cosa ya son los secundarios.
.. Es que estoy segura de que lo pasaremos genial en los albergues.
—¿Cómo que albergues? —pregunto horrorizada—.
Ah, no, no. No malgastes más saliva porque ahora me apunto todavía menos, sin opción a cambiar de opinión.
Yo, si no es para dormir en una cama king size de un hotel, no voy a ningún lado.
Todavía podrías intentar convencerme de no ir en avión, pero por ahí no paso.
—Claro..., mira la señoritinga —replica Candela con tono mordaz—.
Te recuerdo que yo, tu prima, cobro un mísero sueldo cortando y barriendo pelos.
No tengo la suerte que tienes tú. No puedo permitirme comprarme un bolso de mil pavos porque es poco menos de lo que gano al mes.
Creía que no tendría que recordártelo cada día de nuestras vidas.
—Cande, perdona...
—Anda, ahora te sientes mal, ¿no?
Este es el pan nuestro de cada día. Nueve de cada diez de nuestras discusiones se deben a este tema.
Ella me hace algún tipo de comentario que deja claras nuestras diferencias en cuanto a nuestro poder adquisitivo —limitadísimo, el suyo; altísimo, el mío—, yo me siento mal y hasta la siguiente bronca.
Pero, para ser sinceras, las dos tenemos la misma parte de culpa, o de razón.
Reconozco que algunas veces no soy consciente de sus estrecheces económicas, cosa que sé, de primera mano, que no la hace sentir bien.
En resumen, que las dos metemos la pata.
Candela es mi prima, mi mejor amiga desde la infancia y la persona más fiel que conozco.
Y, probablemente, si hubieseis presenciado nuestra última peleílla, la que no daría buena imagen sería yo.
Quizá en algunos momentos hago ciertos comentarios sobre sus amigos que no son muy acertados. ..
—¿Qué querrías que te dijera? ¿Que siento que mi madre naciese en una familia acomodada y que haya creado un imperio de la moda que nos permite vivir a todo trapo mientras que tus padres tienen un negocio con el que casi no llegan a fin de mes?
Yo no puedo hacer nada para cambiar eso, y ninguna hemos decidido dónde nacer.
—No quiero que sientas nada, Fabs, pero sí que entiendas que no todo el mundo está forrado como tú. Seguro que no sabes lo que es estar en números rojos, que es lo que me pasa a mí en ocasiones.
—Te pasa por tus malas decisiones. En su día te dije que vinieras conmigo a la universidad, que mis padres te pagarían la carrera, pero decidiste rechazarlo y hacer un grado medio de peluquería...
—Imagen personal, perdona —me corrige muy digna.
—Pues eso, imagen personal, para acabar poniendo rulos a señoras en una pelu de barrio.
—Sí, elegí esa opción por dos razones. La primera, porque era lo que me gustaba.
Y la segunda, porque no quería que mis padres se sintieran unos fracasados por no poder pagarle los estudios a su hija.
Porque, oye, tú, de juntarte con la plebe, nada.
.. Tú, a una privada, como niña bien que eres —me espeta con retintín.
—Tus padres no son unos fracasados, por Dios —suelto totalmente exasperada.
—Lo sé, estoy muy orgullosa de ellos y de todo lo que han conseguido con su esfuerzo y sacrificio. Por cierto, mi madre me ha preguntado si vendrás a comer a casa el domingo.
Y esto es lo que siempre sucede. Una suelta una frase que no tiene nada que ver con la riña que estamos teniendo y de inmediato el aire deja de estar enrarecido. Es como un don familiar.
—Por supuesto que iré, como siempre, no sé ni por qué preguntas...
—Cada vez tengo más claro que tienes doble personalidad —pronuncia con una sonrisa.
—¿A qué viene eso ahora? —replico intentando contener la comisura de mis labios, que se elevan como si tuvieran vida propia. La verdad, me resulta imposible enfadarme con esta mujer.
—Pues a que eres una niña pija que los domingos, en vez de irse a almorzar a un restaurante repipi, se planta en casa de sus tíos en un quinto piso sin ascensor. A eso le sumamos que tu mejor amiga soy yo, que nada tengo que ver contigo, gracias a los astros, y...
—Seré «pija» si te empeñas, pero sois mi familia. La que más me entiende.
—No siempre —afirma levantando una de sus cejas perfectamente depiladas.
—No, no siempre.
—Pero, ya que dices que te entiendo tanto, ¿te vas a venir con tu adorada prima de viaje?
—Eres insufrible.
—¿Eso es un sí?