Si tú supieras Prólogo
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Si tú supieras

Si tú supieras

Por Noemí Muniz

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Prólogo

Sonríe. Ponte esta ropa. Compórtate. Iremos a este sitio. Péinate de este modo. Tienes que vigilar tu aspecto. Cuídate más. Estudia esa carrera. Ni se te ocurra llevarme la contraria...

Guardar las apariencias: mantener una imagen pública de corrección, dignidad o respetabilidad; aparentar que todo está bien, ocultando la verdad; parecer lo que no es.

Durante muchos años me han moldeado para convertirme en una persona que realmente no soy y que, sobre todo, no quería ser.

Siempre sonriente, aunque por dentro estuviese gritando de pura rabia.

Siempre predispuesta a obedecer, por miedo a represalias.

Siempre de punta en blanco, para que me mirasen con agrado.

Siempre, siempre, siempre... ¿Y para qué me ha servido? Para convertirme en mi peor versión.

Las apariencias solo dicen de nosotros lo que queremos mostrar al exterior.

Por ejemplo, vemos cantidad de viajes compartidos en redes sociales, ignorando que muchos de sus protagonistas tienen la soga al cuello debido al crédito de miles de euros que pidieron para hacerlo.

Otro ejemplo: un montón de ropa cara a la que no le quitan la etiqueta para luego devolverla, siempre después de unas cuantas instantáneas para la posteridad, por supuesto.

Podría seguir por unos selfis sudando la gota gorda en el gimnasio, a pesar de ir días contados y usar miles de filtros para que «comprueben» lo que están adelgazando; joyas caras fotografiadas mientras se las están probando en lujosas tiendas, de las que luego salen con las manos vacías; fotos con sus parejas muy acaramelados, enseñándole al mundo la supuesta relación perfecta que tienen cuando por dentro lloran por las veces que los engañan con otras personas.

.. y lo aguantan, no vaya a ser que alguien les diga que han tenido que buscar fuera de casa lo que no se les da dentro.

El yin y el yang de la realidad.

Después de todo esto, ¿qué opinas?, ¿las apariencias engañan?