6 Blair
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BLAIR
A los seis años, le dije a mi madre que quería casarme con Evan.
Ella me miró extrañada, claro, pero sonrió, y eso me llenó de algo que no identifiqué en su momento, aunque ahora lo pienso y puede que fuera esperanza.
Que duró poco, porque luego hizo algún comentario tipo: «Cuando encuentres a una chica que… ».
No escuché el resto y esa noche me fui a la cama un poco enfadado con ella. Lo recuerdo bien porque mi rebeldía en su contra fue no cenar y Alex tuvo que darme unas patatas fritas de su cofre del tesoro para que dejara de rugirme la tripa.
A los diez años, la sensación me creció en el pecho cuando Evan anunció que tenía novia.
Una niña de la clase de al lado. Me enfadé.
Y le pegué. Y me castigaron durante dos semanas sin videojuegos, el castigo más severo del mundo, porque cómo me atrevía a pegarle a mi hermanito.
Evan no era mi hermanito, ni de coña. Nunca dije por qué me había enfadado.
No quería que supieran la verdad: que estaba celoso.
Mi amigo tuvo muchas novias a partir de entonces, y yo no quise ser menos.
Me eché una cada semana. Incluso de otro colegio, que era como más sofisticado.
Y más fácil de fingir, porque alguna era un poco… inventada.
A los once, di mi primer beso y no me gustó. Los labios de la niña tenían mucha saliva y me dio asco, pero fingí que no porque no quería que se sintiera mal. A los doce escuché por primera vez cómo los niños llamaban mariquita a otro de la clase porque le gustaban las muñecas y la ropa de niña.
A los catorce, Evan me contó que le había tocado las tetas a una chica un momento después de que yo tuviera una erección viéndolo moverse en la piscina.
Ese mismo año lo intenté con una chica. No funcionó.
Aun así, lo intenté, y lo intenté, y lo intenté.
Y los años siguieron pasando y yo entendí que no se puede forzar lo que eres.
Así que empecé a besar a chicos, y a acostarme con ellos, convirtiéndome en esa persona de la que tanto se quejaba Evan, que se liaba con muchos pero no quería nada serio con ninguno.
Porque con ninguno era suficiente. Nunca.
Al final, todo se reducía a que ninguno de ellos era Evan, y nunca lo serían.