4 Evan
EVAN
McFly:
¿Qué tienes en contra de las mamadas?
Ripley:
Vale, otro más.
A lo único que importa, ¿no?
McFly:
¿Perdona?
Ripley:
Que en mi perfil pone otras cosas aparte de eso.
McFly:
Y por eso te he escrito. Porque a mí también me gustan los animales, sobre todo Loki, Loki es lo más.
Y, como a ti, me gusta nadar; bueno, he de decir que prefiero nadar a la luz del sol más que a la de la luna, que es lo que pone en tu bio.
Pero he pasado miles de noches con mi mejor amigo en el lago, porque a él le da paz estar ahí cuando el agua parece negra y no ves ni dónde pisas ni si hay monstruos marinos. Ya sabes, lo típico.
Ripley:
Lo típico.
McFly:
Y además soy fan de la ciencia ficción. ¿Ves? Tenemos muchísimo en común.
Ripley:
Y, a pesar de tener todo eso que decirme, eliges preguntarme lo de las mamadas.
McFly:
Eres un poco borde, ¿eh? Ya no me gustas tanto.
Ripley:
Ah, pero ¿te gustaba?
McFly:
Por eso te he escrito. Bueno, no he sido yo. Ha sido mi mejor amigo. Él es el de las mamadas. O sea, no literal. Bueno, sí, literal también. Y vaya mamadas.
No, no, olvídate, no quería decir eso.
¿Se pueden editar los mensajes?
Ripley:
¿?
McFly:
Perdona. El caso es que me flipa tu foto de perfil. Por eso lo de que me gustas. La imagen que me he hecho de ti, ¿entiendes?
Ripley:
En la foto casi no se me ve.
McFly:
Eso dice Blair, pero tiene algo que… No sé.
Ripley:
Loki, Blair… Con toda la gente que conoces no sé qué haces en una app para encontrar a alguien.
McFly:
Loki es un perro; no me va la zoofilia. Blair es mi amigo, no me va… que me rompan el corazón.
Ripley:
Lo de la zoofilia dicho de forma tan natural me ha dado un poco de repelús. De lo otro… no sé qué decir. ¿Blair es el de las mamadas?
McFly:
Te voy a pedir por favor que no te refieras a él de esa forma. Me ha dado hasta un escalofrío, te lo juro.
No quiero hablar de Blair. De zoofilia tampoco. Bueno, aunque quisiera, no sé nada del tema. ¿De verdad hay gente que la practica?
Ripley:
No sé qué contestarte, la verdad. La conversación está siendo desconcertante.
McFly:
Pero entenderás que lo de «no me gustan las mamadas» llame la atención, ¿no? Y, de todos modos, si no quieres que te pregunten por ello, no lo pongas.
Podría haberte entrado de otras formas, nuestra compatibilidad antes de hablar, solo por intereses comunes, es del setenta por ciento. Eso da para mucho tema de conversación.
Ripley:
E insisto, has empezado por lo de las mamadas.
McFly:
¡Que no he sido yo! Ha sido Blair, que además cree que tienes complejo de micropene. Pero yo no. Quiero decir que yo no lo creo, no que tenga micropene, que tampoco lo tengo. Te lo juro, te lo puedo enseñar.
Ripley:
¿Tu pene? ¿Te estás ofreciendo a mandarme una fotopolla? No creo que esté permitido en esta app.
McFly:
Y a ti además no te gustará. Si no te gustan las mamadas…
Ripley:
Soy gay, me gustan las pollas.
McFly:
¿Pero no metértelas en la boca?
Yo soy bi, por cierto.
Y antes de que me contestes, déjame que te diga una cosa: me daría igual, ¿vale? He querido hablar contigo porque tu foto de perfil me dice mil cosas. Yo qué sé, me hace… suspirar.
Como que le habla a mi alma. ¿Y no va de eso esta app? ¿De encontrar a tu alma gemela? Pues yo veo esa foto y pienso en atardeceres, libros y mantas.
Ripley:
Eso es… muy bonito para el tío de las fotopollas.
McFly:
¡Oye! Que ha sido un malentendido. Te juro que me da igual que no te guste el sexo oral y que la tengas pequeña. Si lo demás me compensa…
Ripley:
No la tengo pequeña. Y sí me gustan las mamadas.
McFly:
O sea que… ¿es mentira?
No lo notas porque en mensaje no se nota, pero estoy cabreado.
Ripley:
¿Te cabrea que sí me gusten las mamadas?
McFly:
No, me cabrea la mentira.
Ripley:
No es mentira, es una prueba de fuego. Me abrí la cuenta en Soul Finder por culpa de un amigo y me pareció un método estupendo para que los que solo buscaban sexo se mantuvieran alejados.
McFly:
¿Y por qué me lo cuentas a mí?
Ripley:
Supongo que porque has pasado esa prueba.
McFly:
Me siento honrado y cabreado al mismo tiempo. Y también tengo una prueba para ti.
Ripley:
¿Cuál?
McFly:
Déjame que piense.
Vale, a ver, pregunta de vital importancia. Los Vengadores… ¿En qué género los metes? ¿Ciencia ficción, aventuras, fantasía…?
Ripley:
No sé qué quieres de mí.
McFly:
¿Una mamada?
Ripley:
¿En serio?
McFly:
Ja, ja, ja.
No, era broma.
Bueeeno…
Ripley:
Repito: ¿en serio?
McFly:
Aunque no puedo negar que no me vendría mal una, de verdad que era broma. Solo quiero saber si nuestra compatibilidad va más allá del setenta por ciento que tenemos de base. Que el setenta por ciento ya es la hostia, pero bueno.
Ripley:
Vale. Para mí, en líneas generales, sí son CiFi.
McFly:
¡¡Tomaaaaa!!
¿Has oído eso? He escuchado subir nuestra compatibilidad como si me hubiera tocado el bote en la tragaperras de un casino.
Ripley:
¿Por qué era tan importante?
McFly:
Es que llevo media vida debatiéndolo con mi mejor amigo. A él le encanta la ciencia ficción y siempre que intento incluir el universo de Marvel en esa categoría, entramos en una lucha encarnizada a vida o muerte.
Ripley:
A ver, a ver, que Marvel es muy grande. Hay excepciones.
McFly:
No quiero oírlas. Lalalalala…
Ripley:
Ja, ja, ja.
No seas crío.
McFly:
No quiero escucharte hablar como Blair. No quiero un debate. Solo que me des la razón.
Ripley:
Qué maduro.
Pero es que Doctor Strange es pura magia. Y Thor es un mito nórdico. Y…
McFly:
Y ahora suenas como Blair. Para ahí, ¿vale? Dejemos este primer contacto con el setenta y tres por ciento y sin hablar de la línea entre la ciencia ficción y la fantasía. Podría ser el tema que nos separara.
Ripley:
Ja, ja, ja. Entonces entiendo que tampoco podemos hablar del perro Loki.
McFly:
De Loki podemos hablar siempre porque lo quiero con locura. Es un «cavalier king Charles spaniel» y Blair lo llamó así por mí.
Ripley:
¿Eres el dios del engaño? ¿Un príncipe hijo de gigantes? ¿Un villano sarcástico y sexi?
McFly:
Mira qué gracioso el del micropene.
Aunque tuvo un poco que ver con mi manipulación mental, todo sea dicho.
Blair quería llamarlo Bester, como uno de sus escritores favoritos, y hasta le había comprado un collarcito con una chapa en la que ponía su nombre.
Él no sabe que lo sé, pero lo encontré meses después de «bautizarlo» en un cajón de la cocina de sus padres cuando buscaba unas pinzas para la parrilla.
En fin… La cosa es que yo estaba pasando una mala época (que no entraré a comentar en esta «primera cita») y él, que es el mejor amigo del mundo, cedió a lo pesado que me puse y lo llamó así por el que era mi antihéroe favorito.
Terminamos de hablar un rato después y, cuando nos despedimos, quedamos en volver a chatear. No especificamos cuándo, todo queda muy en el aire, pero, si no me contacta él, lo haré yo.
Me cae bien y estoy obsesionado con su foto de perfil.
No me escondo. No sé explicar lo que me transmite y es algo que está entre la paz y la pena.
Muy raro todo. Como si ese cielo al atardecer fuera el mismo que he visto cientos de veces sin ser consciente de su belleza.
O algo igual de intenso. ¡Eso! Eso me transmite la imagen: intensidad, ganas y añoranza por los miles de atardeceres que quizá no vi.
Pero me he quedado con una sensación rarísima.
Estoy contento, satisfecho por haber dado un paso bastante firme en el camino de mi «sanación».
Si funcionara la cosa con Ripley (gracias al cielo que le gustan las mamadas), podría dejar de estar obsesionado con mi mejor amigo, dejar de imaginármelo desnudo, abrazado a mí, dentro de mí…
, y dedicarme a ser lo que era antes: su mejor amigo. Sin más.
Pero, a la vez, estoy… triste. De ahí la sensación extraña en la boca del estómago.
Porque hablar de Loki me ha hecho pensar en él y en lo que Blair lo está echando de menos.
Se ha quedado en casa de sus padres porque es de la familia, de todos.
Y aunque sé que no pondrían ni una pega en que pasara con nosotros una temporada, o en mantener una especie de custodia compartida, también sé que Blair no quiere pedírselo.
Aunque lo eche de menos a rabiar. Y está triste.
Se lo noto. Aunque el tío sea duro como el Capitán América, sarcástico como Iron Man y escurridizo como Loki (mis favoritos, sí), yo se lo noto.
Porque lo conozco mejor de lo que me conozco a mí mismo y sé que no le gusta mostrar debilidad.
Es como si siempre tuviera que ser el maduro de los dos, el fuerte, el pilar. Y ya está bien.
Con los años he aprendido a respetar sus tiempos, pero quizá pueda hacer algo respecto a Loki. El perro. Con el de Asgard no puedo hacer nada, salvo ponerme a sus pies.