Capítulo 66
Dicen que la palabra es un arma, por eso el silencio es un escudo.
Hay quien quiere herir cuando la lanza
y hay quien busca huir entre sus muros. […]
Cada silencio tiene una historia con él.
Hay «te quieros» que se dicen y otros que erizan la piel
Rafa Espino
El lunes a las siete de la mañana, Alexis cogió el autobús y se marchó.
A pesar de tener todo en contra y el dolor que me producía, insistí en hablarle a diario, pues me aferré a nuestra amistad.
Tal vez porque aún estaba enamorada o por sentirme más cerca de él.
Por mucho que yo quisiera, él no era el mismo chico que yo había conocido.
¿Cuál sería el verdadero Alexis?, ¿el que yo conocí o el que era en su barrio, con su gente, con su familia?
Eran totalmente diferentes y no podían coexistir juntos.
Martes, 25 de agosto. Siete de la tarde.
Ádriel
Eres un buen amigo. Me has ayudado mucho con el tema de mis abuelos.
Alexis
Y tú mi mejor amiga.
Alexis
Te tengo que dejar, hay mucho lío por aquí.
Alexis
Xao, fea.
Ádriel
Hablamos otro día.
Pero eso no pasó.
Al día siguiente me bloqueó. ¿Por qué lo hizo?
Él paró mi mundo. Desde aquella noche en que le vi en casa con ojos preocupados.
Yo no fui capaz de parar el suyo, aunque pensé que sí.
Perdí a mi compañero de risas y nuestros muros, esos que nos alejaban de la realidad, de un mal día o de un mal recuerdo.
A veces las cosas se rompen y es imposible volver a juntarlas y que permanezcan así, unidas. Como Alexis y yo. Nuestras piezas ya no encajaban, nuestros cuerpos estaban rotos pero ninguno de nuestros trozos encajaba con los del otro. Ya no.
Dudé sobre si fue sincero sobre nosotros siempre, pues después de todo, era humano dudar sobre cuánto fue cierto.
Si todo fue real para él.
Si sintió lo mismo que yo o parecido, o si lo fingió.
Si cada palabra que pronunció o me escribió fue auténtica.
Si nuestros momentos de volver a nuestra mejor infancia, fueron tan felices para él como para mí, como tantas veces me dijo.
Si se sintió tan afortunado como yo de habernos conocido, de habernos hecho amigos, de ser pareja, de amarnos.
La duda fue el dolor abriéndose camino por mis entrañas, haciéndome dudar de cada experiencia, cada palabra y momento a su lado.
Lo fue todo.
Mi más bonita casualidad.
Mi otro yo, mi contrario y mi igual.
Un amigo cuando fue necesario, mi confidente cuando lo necesité y mi pareja durante los mejores meses de mi vida.
Fue mi casa, mi refugio donde esconderme ante un mal día, mi mejor abrazo recibido, mi mejor recuerdo y mi calma en la tormenta.
Fue mi todo y se llevó todo con él.