Capítulo 52
Ya formas parte de mi casa y mis manías. [...]
¿Qué te parece si me pierdo en este hogar?
Tú estás conmigo y es perfecto este lugar. [...]
En este espacio de los dos voy a quedarme
viviendo tanto como siempre imaginaste.
Y vas a encontrarme, amor. Voy a quedarme.
Galvan Real
Lunes, 29 de junio. Seis y media de la tarde.
Ádriel
Te echo de menos.
Alexis
En nada estoy en casa, amor.
Ádriel
Me gusta cómo suena eso de «casa». Es como si dijeras: «nuestra casa».
Alexis
Ya queda menos para poder decir «nuestra casa».
¿Y si con «nuestra casa» se refería a vivir solos?
Siempre di por hecho que no tenía problema con mi situación.
¿Podría suponer un problema después de todo?
Gelo, Angelito y yo éramos familia y nos hacíamos falta en nuestro día a día.
Ese tipo de familias no se debían separar.
Debían permanecer siempre unidas. ¿Alexis lo entendía o empezaba a pensar diferente?
Miércoles, 30 de junio. Dos y doce de la madrugada.
Alexis
Nunca doy nada por perdido, siempre lucho.
Alexis
Más de una vez he puesto mi vida en riesgo sabiendo que al día siguiente puedo estar a tres metros bajo el suelo, pero lo hago y lo volvería a hacer.
Ádriel
¿Por qué?
Alexis
Soy así desde que empecé a conocer lo que es la calle, los palos que te llevas, el peso que tienes que cargar a tu espalda para que los demás no sufran y se sientan bien. Me gusta ser el que encabeza a la gente aunque esté sufriendo por lo que esté haciendo.
Ádriel
Pues conmigo no. No podría vivir sabiendo que no estás físicamente en este mundo. Así que cuídate.
Alexis
Mi vida para ti es importante, pero yo prefiero que Angelito crezca al lado de su madre viva y no tener que ir a visitarla a un cementerio, ¿sabes?
Ádriel
Bueno, no tenemos por qué morirnos ninguno de los dos.
Alexis
Yo solo digo lo que soy capaz de hacer por ti sin miedo a las consecuencias que vengan después. Me da igual.
Ádriel
Y yo solo te pido que hagas con los demás lo que te dé la gana, pero no conmigo. Quiero poder ver tus debilidades y quererlas como quiero a tus fortalezas.
Alexis
Lo intentaré por ti.
Ádriel
No, por mí no. Por nosotros.
Alexis
¿Pero ya sabes lo que somos?
Ádriel
Pues pareja, claro. ¿No?
Alexis
A mí me gustaría que fueras mi mujer.
Ádriel
¿Te estás declarando? ¿Te casarías conmigo mañana mismito?
Alexis
Sí. No me lo pensaría.
Ádriel
¡Pero si aún no me has visto enfadada de verdad!
Alexis
Para eso siempre hay tiempo.
Ádriel
¿Y si ronco?
Alexis
Eso me da lo mismo. La cosa es que ronque yo.
Ádriel
¿Y si quemo todo en la cocina y te desesperas?
Alexis
Ya cocinaría yo, o te puedo seguir enseñando.
Ádriel
¿Y sí…?
Alexis
Daría igual. Todo daría igual, mi vida. Te querría igual. Querría casarme contigo igualmente.
Ádriel .
Ahora que te tengo, no te vas a escapar de mi vida.
Miércoles, 1 de julio. Dos y veintiocho de la madrugada.
Ádriel
Estoy agobiada.
Alexis
¿Por qué, amor?
Ádriel
Porque pienso en nosotros y lo que tenemos. Tal vez quieras algo que yo no te puedo dar. Tal vez no ahora, pero puede que en el futuro. O tal vez encuentres a otra persona que te pueda dar todo y te pierda porque parte de mí siempre será de Gelo y Angelito.
Alexis
Me da igual quien aparezca, nunca cambiaré lo que tú y yo podamos llegar a hacer o a construir juntos. Me da igual que no puedas dar el 100%. Con lo que me des voy a estar contento porque sé que lo das con el corazón y no porque te lo pida yo.
Ádriel
Te amo.
Alexis
Y yo a ti, princesa. Por eso no te cambiaría por nada ni nadie de este mundo.
Alexis
Si te soy sincero tampoco estoy dando todo de mí. Siento que si lo hago igual te cansarías de la monotonía. Pero yo soy como una lapita: no me despegaría de ti ni un segundo.
Ádriel
Sabes que me encantan las rutinas, ¿no? Y quiero que seas mi lapita. Quiero el cien cuando tú estés preparado para darlo.
Alexis
Lo tendrás.
Jueves, 2 de julio. Diez y veinte de la noche.
Ádriel
¡Hoy hemos estado catorce horas juntos sin separarnos
ni un poquito!
Alexis
Lo sé. Y estoy feliz. Es más te estoy empezando a echar en falta.
Ádriel
Y yo.
Alexis
Pero si lo piensas, ahora en un rato nos veremos.
Ádriel
En nuestro paseo.
Alexis
Ojalá pronto vivamos juntos. Y no tengamos
que separarnos por las noches.
Tenía razón. Una hora y media después, Alexis y yo fuimos a nuestro descampado.
Decidimos hablar de la familia para intentar acercar posturas, pero la cosa no estaba saliendo como esperábamos.
Lo que empezó como una conversación amistosa, se convirtió en una muy tensa.
Íbamos camino de un enfado brutal tras encadenar un suave enfado tras otro, pero eso no nos detuvo.
Ambos queríamos hacerle ver al otro que llevaba la razón.
—Tu sangre lo es todo. Es lo que tienes siempre, pase lo que pase —me intentó demostrar Alexis por cuarta vez.
—Los amigos son la gente que tú mismo eliges, la gente de la que te rodeas y son esa familia por elección que siempre estará a pesar de las adversidades. No son familia por algo accidental como lo es la sangre —enuncié mi forma de pensar.
—Puedes llamarles familia si quieres, pero no lo son. La familia es la de sangre —dijo Alexis taciturno—. La que importa siempre. Algunos te dieron la vida, unos te cuidaron, otros te educaron y en todos corre la misma sangre.
—Eso no es del todo verdad. Yo soy madre, Alexis. Y en mi vientre no ha crecido ningún hijo. Laura, que lleva cinco años sin ver al crío, no lo es. Soy yo, que estoy en las buenas y en las malas junto al crío.
—Eso es una excepción. —La voz de Alexis denotó que empezaba a perder la compostura—. La sangre implica sacrificio por los tuyos. Velar y cuidar de ellos.
—¿Aunque no te entiendan ni confíes en ellos? ¿Aunque no te valoren? ¿Aunque sepas que ellos no cuidarán de ti? —Ataqué en vez de frenarme. Estaba a punto de perder los estribos. ¿Cómo podía ser tan corto de miras?
—Sí. A pesar de todo, la sangre es la sangre y hay que cuidarla. A la familia se le debe todo. —Alexis quiso dar por zanjada la conversación, pero me negué.
—No. Por ahí no paso —gruñí molesta—. Eso no es así. Ser padre, madre, tío, abuelo, primo o hermano, es un título que hay que ganarse. No viene implícito con la sangre de la que provienes. Si cierta persona no actúa como padre, no lo es por mucha sangre que haya de por medio.
La mirada de Alexis se ensombreció y clavó sus ojos oscurecidos en mí.
—¡Se acabó! —Estalló tras perder los estribos.
Me quedé quieta en mi sitio mientras temblaba el mundo bajo mis pies.
¿Me estaba dejando por pensar diferente?
Le miré con ros tro desencajado y desesperación.
Eso solo provocó que Alexis se enfadara más.
¿Quién narices le entendía? Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras él me observaba.
¿Me acababa de dejar o qué había pasado?
—¿Alexis…? —No fui capaz de seguir, tuve miedo de preguntar.
No contestó. Él se escudó en la ley del silencio hasta que volvimos a casa.
El miedo y el dolor se apoderaron de mis pensamientos y mi corazón.
¿Cómo podían torcerse tanto las cosas? Mi corazón latía descoordinado y mi mente no dejaba de luchar contra la idea de que Alexis me acabara de dejar.
Me entró ansiedad y me costaba respirar.
No podía dejarme. Le quería con locura. Quería que siempre fuera mi refugio, mi casa.
Cuando llegamos a la puerta, Alexis me encaró e intentó suavizar su mirada.
—Lo siento —dijo con voz seria y grave, lo que contrastaba con su mirada, que bajó arrepentido—. Es… complicado para mí no defender a mi familia aunque creas que dejan mucho que desear. Es lo que me han inculcado desde que nací. Y creo en ello.
Tenía un enorme nudo en mi garganta que me impedía hablar.
En su lugar rompí el espacio que nos separaba y le abracé con fuerza.
Quería fundirme con él. Alexis me abrazó de vuelta y besó mi pelo.
Me deshice en su abrazo. No me iba a dejar.
Seguiría a mi lado. La calma me embargó y por fin pude respirar tranquila y mi corazón pudo latir a su son.
Sábado, 4 de julio. Dos y diecinueve de madrugada.
Ádriel
Lo he pasado muy mal hoy.
Alexis
Es que piensas cosas que no son y me da rabia.
Alexis
Cuando te he dicho lo de: «se acabó», tu letrero decía: «¿Me está dejando?». No me lo puedes negar. Y no quiero, nunca te voy a dejar. Me tendrías que dejar tú a mí. Yo nunca sería capaz de hacerlo.
Alexis
Siento algo muy fuerte hacia ti que me impide hacerte daño. Aunque algunas veces te lo haga, es inconscientemente. No es intencionado.
Ádriel
Lo sé.
Alexis
Por eso nunca te dejaré.