Capítulo 51
Nunca te dejaré solo,
siempre estaremos cogidos de la mano. […]
Nuestro sueño desde pequeños
era estar juntos y tener un amor eterno.
Keen Levy, Zaira
Aquella noche Angelito vino a mi cama por una pesadilla. Le abracé con fuerza y le susurré palabras bonitas hasta que se calmó y se volvió a dormir. Pasamos toda la noche abrazados.
Por la mañana, Gelo nos esperaba en el salón con el desayuno preparado y nos dijo que iríamos a la playa con Ainhoa a pasar el día y que ya había pasado por Finca Deva. Angelito comenzó a dar saltos, emocionado. Yo solo logré asentir.
Pensé en escribir a Alexis para que viniera, pero en el último momento deseché la idea. Tal vez respondiese que no y aquel día no quería lidiar con su negativa y con cómo me afectaría.
Disfruté de la playa y mis amigos consiguieron que el día fuera menos gris. Cuando volvimos a media tarde a casa, nos encontramos a Alexis leyendo en el columpio de la entrada. Fijé la vista en la portada, era uno de los suyos. Me acerqué a él y le saludé.
—Hola, cielo. —Saludó Alexis—. ¿Me ayudas a hacer una tarta de queso? Y así podemos hacer cosas juntos.
—Es verdad. Que no hacemos nada juntos…
—No me vaciles, boba.
—Serás idiota. —Reí mientras me alejaba de él al verle las intenciones de hacerme cosquillas.
Alexis dejó el libro de cualquier manera y se lanzó a por mí. Corrimos por el jardín riéndonos, haciéndonos cosquillas, siendo sim plemente dos niños pequeños. Y a mí se me olvidó, al igual que en la playa, que aquel día era uno triste.
Le ayudé a preparar la tarta, que tomamos los cinco de postre. Estaba riquísima.
Cuando llegó el momento del paseo, le pedí a Alexis quedarnos en el sofá.
—¿Estás bien, gordi? —me preguntó y me encogí de hombros—. Te he notado un poco más callada en según qué momentos.
—Hoy es el cumpleaños de mi abuela —contesté escueta.
Había días que la echaba muchísimo de menos, otros en los que no pensaba en ella, otros en los que un recuerdo fugaz cruzaba mi mente y me dejaba un sentimiento amargo para el resto del día.
Eran días en los que no quería hacer nada, solo estar tirada en la cama, echándola de menos. Con mi abuelo me pasaba lo mismo.
Alexis levantó mis piernas, las puso sobre sus muslos y me masajeó los tobillos y los pies. Cerré los ojos y disfruté de su toque. Consiguió que olvidase el dolor por un ratito. Mi mente se quedó en paz, en silencio, en blanco. Abrí los ojos y le observé anonadada.
—Eres casa. Contigo dejo de pensar —me maravillé.
—Y tú mi refugio. —Alexis me dedicó una suave sonrisa.
Me contorsioné por el sofá y coloqué mi cabeza en sus piernas. Él pasó su brazo por mi costado y me acarició la espalda mientras con su mano libre me acariciaba el cuero cabelludo.
—Duérmete si quieres, mi amor. Te puedo llevar a la cama cuando me vaya.
Asentí y, en algún momento, me dormí. Alexis me llevó a la cama y dejé que me arropara, me diera un beso en la frente y me dijera que me quería antes de marcharse, dejándome con Togo a mi lado.
Me desperté en mitad de la noche tras soñar con mi abuela y una sensación de malestar me inundó.
Dudé en si irme con Alexis o con Gelo. Terminé en la cama de Gelo porque mis pies me llevaron allí, o tal vez porque no me atreví a entrar en casa de Alexis sin preguntar.
Lo sentía como un sitio a años luz de poder pertenecer a él.
A la mañana siguiente amanecí un poco apática.
No desayuné y me fui a Finca Deva sin avisar a Alexis.
El día estaba tan gris como yo, lo cual no ayudó mucho a subirme el ánimo.
Trabajé con los caballos y mi mente dejó de pensar en mis abuelos.
Les di su ración de pienso y me senté a observarles.
Después cogí a Troya y le llevé a la pista.
Montar me hacía olvidar lo malo; ver el mundo subida a un caballo hacía que todo mal día mereciera la pena.
—Estás preciosa ahí arriba —dijo Alexis.
Pegué un brinco y Troya se asustó conmigo. Le calmé primero y me giré hacia el sonido de la voz de Alexis: allí estaba, apoyado en el vallado de la pista.
—¿Cuándo has llegado? —pregunté mientras bajaba de Troya.
—Hace un rato. Me ha traído Ángel.
—¿Están aquí? —Escaneé la finca con la mirada.
Alexis negó.
—Ángel me ha contado que soñaste con tu abuela y has dormido con ellos.
—Gelo no sabe mantener su boca cerrada —murmuré—. No quería preocuparte. A veces me pasa. A lo largo del día vuelvo a ser yo. Montar ha servido bastante.
—No me hagas repetírtelo más veces —me dijo Alexis y su mirada quemó en la mía.
Aunque no le buscara, él siempre estaba para mí, listo para poder escondernos en la fortaleza que creamos para huir del mundo y de lo que nos hacía daño.
—No sabía si podía entrar en tu casa en mitad de la noche. Como nunca vamos allí…
—Si me necesitas, claro que puedes.
Dejé a Troya y seguí a Alexis hasta nuestra jarapa, donde él sacó una pequeña bolsita con dos violetas.
Sonreí y me metí una en la boca para segundos después besarle y pasarle el caramelo.
Cuando se terminaron, nos tumbamos abrazados.
Alexis me acarició el cuero cabelludo y me cantó. Me hizo sentir segura, a salvo.
Poco a poco, noche tras noche, Alexis y yo caminamos hasta la puerta de la casa de mis abuelos, hasta que un día logré sacar la llave de mi bolsillo e introducirla en la cerradura.
Giré la llave dos vueltas y entreabrí la puerta.
Al día siguiente la abrí de par en par. Con Alexis pegado a mí me pareció todo más sencillo.
Y al otro logré entrar cogida de su mano.
Sentí su apoyo y fuerza a mi lado; sosteniéndome y dándome el valor que necesitaba.
Un olor a casa cerrada que me dio escalofríos nos saludó.
No logré pasar del recibidor en las siguientes visitas que hicimos.
Tal vez porque estaba todo en silencio, las voces de mis abuelos no inundaban la estancia, sus cuerpos no me abrazaban al entrar por la puerta.
Pero supe que en algún momento, con Alexis a mi lado, lo conseguiría.
Viernes, 19 de junio. Tres y veintiocho de la madrugada.
Ádriel
Te echaré de menos mientras duermo.
Alexis
Yo soñaré contigo.
Ádriel
¿Te puedo copiar?
Alexis
Sí, cariño. Y también invitarme a tu habitación…
Ádriel
No creo que a Gelo le parezca bien que Angelito duerma con nosotros en la cama. O si Angelito se sentirá cómodo si viene a la habitación y estás tú.
Alexis
Ya sé que Angelito es más importante.
Tenía razón. Angelito siempre sería más importante. Fue una promesa implícita cuando me fui a vivir con él y Gelo. No le contesté. Bloqueé mi móvil y lo dejé en mi mesilla. No iba a entrar en su juego. No iba a discutir con él.
Domingo, 21 de junio. Dos menos diecinueve de la madrugada.
Ádriel
Cuando te abrazo es como si estuviera a salvo de todo.
Como si crearas una barrera con tu cuerpo entre el mundo y yo.
Cuando estás en la misma habitación que yo no puedo evitar pasar cerca de ti para sentirte.
Y si estás en otra habitación aparezco por ahí solo para verte.
Y cuando no paso el suficiente tiempo contigo tengo mono de ti.
Me encanta tu risa. Es una melodía que no quiero dejar de escuchar nunca.
Alexis
Te quiero, gordita. Mucho mucho. Me encanta poder ser tu refugio.
Cada vez que estoy contigo es un momento de paz para mí.
Adoro y admiro la fuerza de superación que has llegado a tener en momentos importantes.
Me encanta tu sonrisa y esa mirada con la que haces que mi corazón dé vuelcos y rebose de felicidad gracias a ti.
Confieso que cuando te conocí pensé que no te iba a dar mucho valor, pero al final has acabado siendo un pilar en el que sostenerme, un motivo por el que luchar todos los días para levantarme feliz.
Alexis
Te amo, mi amor, y no quiero que esto cambie nunca, ni te quiero perder. Removería cielo, tierra y agua si te pasara algo solo para que estuvieras bien y verte sonreír siempre.
Ádriel
Nunca he sido tan feliz como lo soy ahora. Y nunca he sentido este amor tan grande por nadie. Y eso me da mucho miedo.
Alexis
Lo sé. Da miedo a veces.
Ádriel
Si estamos juntos, creo que puede dar menos miedo.
Alexis
Como lo vamos a estar siempre, no tiene por qué darnos miedo.