Capítulo 53
Tú eres mi pasión, a quien le di la vida.
La inspiración de toda mi alegría [...]
Apareciste tú, se apartó hasta la luna.
En las noches no sale, solo brilla tu cuna.
Tus ojos son estrellas que alumbran
el vacío de mi ilusión. [...]
Eres la gota de magia que envuelve de infancia,
todo mi universo.
Rubén Delallana, Ozarus
Me encontraba sentada en el sofá con un libro abierto, pero era mero postureo para aparentar que hacía algo productivo aquella tarde en casa mientras Alexis y Angelito compraban en el pueblo.
Gelo se acercó a mí y se dejó caer a mi lado.
—Ari —me llamó. Le miré de reojo—. Alexis y tú hacéis buena pareja —soltó de carrerilla.
Me giré por completo y le miré anonadada.
—¿Qué significa eso? —Elevé una de mis cejas.
—Estoy tratando de darte mis bendiciones, o como lo quieras llamar —masculló mi mejor amigo incómodo—.
Ya no volverás a verme gruñir por veros juntos.
Sus problemas personales te afectarán porque estáis juntos, pero no tienen por qué hacerlo demasiado.
El día del cumpleaños de Angelito cuando os vi a los tres en la barbacoa, lo empecé a ver todo con otra perspectiva.
Sabía que le costaba tener esa conversación y que él solo quería velar por nuestra familia.
—Han pasado semanas desde eso, ¿por qué ahora? —inquirí.
—Le he estado dando vueltas, Ari. Ya creo que nuestra familia en sí es complicada, añadir a más gente dentro de la ecuación me parece un poco locura. Y no quiero que Alexis te haga daño.
—Lo que sentimos Alexis y yo es tan fuerte que es imposible que salga mal.
Siempre estaremos el uno para el otro —dije.
Gelo intentó hablar, pero no le dejé—. Confía en mí.
—Cogí sus manos y las apreté—. Quiero… un futuro juntos, y tener hijos con él en algún momento.
También que nos ayude a cuidar de Angelito.
La verdad de mis palabras me embriagó. Quería todo eso con él. Siempre lo querría.
—Tengo miedo de que tu relación con Alexis haga que te separes de nosotros —confesó Gelo y su cuerpo se tensó.
—Nunca voy a dejarte. —Llevé mis manos a sus hombros y los apreté con suavidad—.
Tanto si Alexis y yo formamos una familia como si no.
No vais a quedaros solos. —Asintió varias veces—.
Te lo prometo, Gelo —dije. Suspiró y relajó su postura—.
Somos una familia. Lo único que podemos hacer es agrandarla. Pero nunca romperla.
Gelo me dedicó una hermosa sonrisa, aunque noté que aún albergaba duda en su interior. Me prometí que me encargaría de que esos trazos de incertidumbre desaparecieran con el día a día.
—¿Y si Alexis no piensa lo mismo? —dudó.
—Desde el principio sabe lo que significáis para mí y que no me voy a ir.
—Odio ser egoísta, niña. Odio no poder decirte que no te preocupes por nosotros y que estaremos bien si decides desvincularte de esta familia o irte a vivir con Alexis.
Odio que no puedas tener una vida normal con la persona de la que estás enamorada por mi culpa —dijo con mirada abatida y el pesar impregnado en cada una de sus palabras—.
Pero quiero que te quedes en esta casa siempre.
Aceptaré cualquier pareja que tengas si ella acepta nuestra condición familiar.
Sé que es complicado, pero podemos hacer que funcione esto, ¿verdad?
Porque, ¿cómo le voy a decir a Angelito que se queda sin su madre? —La voz de Gelo se quebró al final.
—Elegí formar parte de esto, no me obligaste.
—No te marches nunca de esta casa.
—Nunca sin vosotros. —Le sonreí—. Ya que hablamos de nuestra familia, necesito contarte algo.
—Me callé, nerviosa y Gelo me instó a seguir—.
Alexis me ha expresado en varias ocasiones que está incómodo con que Angelito duerma conmigo por si él algún día duerme conmigo.
Y yo no quiero renunciar a lo que el crío necesita, pero tampoco que un día Alexis se canse de la situación.
—Si me pongo en su lugar, creo que le entiendo un poco. Tal vez podríamos poner en tu habitación una cama pequeña para Angelito como hicimos en la mía.
—Creo que puede ser un punto medio. No quiero renunciar a Alexis.
Creo que es perfecto para mí. —Tragué con fuerza—.
Y lo que más me preocupa es que a la larga quiera una familia donde Angelito y tú no estéis.
No quiero tener que elegir. No quiero perder al amor de mi vida, pero tampoco renunciar a lo que tú y yo hemos creado.
—Me dejé llevar por la angustia y hablé de mi mayor miedo.
—Le conozco lo suficiente como para pensar que él nunca te pondrá en esa tesitura.
Hay que dejarle tiempo para ver si realmente es capaz de adaptarse a nuestra vida.
Para que se dé cuenta de si le merece la pena o no.
Y no creo que salga corriendo en ningún momento.
Se ha ido adaptando a esta familia al igual que tú y yo.
Suspiré y noté que desaparecía algo de ese miedo que albergaba dentro.
—Gracias, Gelo.
—Te apoyo, Ari. En cada paso que des. —Gelo me estrechó entre sus brazos—. Te quiero, nunca lo dudes.
Le abracé de vuelta sintiéndome afortunada de tenerlo como uno de mis pilares. Todos teníamos que remar en la misma dirección para que todo fuera bien.
—La próxima vez que tengas miedo de que nuestra disfuncional y genial familia se rompa o fragmente, háblalo conmigo. No te lo calles.
—Es una tontería, Ari... pero me gusta tenerte conmigo y Angelito. Disfruto al veros juntos —admitió—. Y… me puse celoso al pensar en perder eso.
—Si te importa no es ninguna tontería. Angelito es mi hijo, lo siento aquí. —Toqué mi corazón mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de emoción por mis propios sentimientos.
—Niña, tú eres la mejor madre que puede tener. —Gelo me estrechó otra vez entre sus brazos.
—Gracias, Geli. —Mi voz sonó amortiguada contra su pecho.
Nuestro abrazo se extendió hasta el momento en que Alexis y Angelito volvieron a casa.
—¿Por qué os abrazáis, papás? —preguntó el crío cuando nos vio abrazados en el sofá.
—A veces los mayores también necesitamos un abrazo. —Me separé de Gelo, me puse en pie y pasé mis manos por mi rostro por si tenía alguna lágrima.
Angelito se quedó unos segundos rumiando mis palabras y vino a mi encuentro. Se lanzó a mis brazos.
—Yo también puedo abrazarte, mami.
Aquellas palabras hincharon mi corazón de amor maternal. Le levanté del suelo y le besé.
—Eres lo más bonito, bichejo —le dije entre risas de felicidad—. Somos una familia espectacular.
Los cuatro ahí presentes éramos una familia. Me sentía plena. Lo tenía todo.
Lunes, 19 de julio. Doce y media de la madrugada.
Ádriel
Podrías empezar a dormir en mi habitación.
Alexis
¿Contigo y Angelito?
Ádriel
No viene todas las noches. Solo a veces, cariño.
Alexis
Preferiría dormir solo contigo. Sabes… Es que… es un niño. No es mi hijo. Y… no quiero dormir con él.
Ádriel
Ya sé que no es tu hijo. Pero sí es el mío. Él es parte de mi vida. Lo va a ser siempre.
Alexis
Eso no quita que tenga que dormir contigo.
Ádriel
Viene porque me necesita. Y al igual que estoy para ti, estoy para él.
Ádriel
Me voy a dormir. Tengo sueño.
Alexis
¿Te has mosqueado?
Ádriel
No.
Buenas noches.
Alexis
Vale. Nos vemos mañana. Buenas noches. Te quiero.
Le mentí, sí que me molestó que no quisiera a Angelito, que esa familia que yo había elegido fuera una piedra en nuestro camino juntos. Que después de todo, Alexis tal vez se estaba dando cuenta de que no quería estar en una familia como la mía.