Capítulo 46
Creo que no había sentido nada igual
justo cuando la vida me dolía más
llegaste para darme alas pa’ volar
y ahora que ya he visto el cielo no quiero bajar. [...]
Y sin pedirme ni permiso te colaste en mi alma
como un ángel desde el cielo que te
abraza y te salva.
SHÉ
Sábado, 23 de mayo. Cuatro y media de la tarde.
Alexis
Lo siento por haber estado tan raro hoy por la mañana.
Ádriel
¿Qué te pasaba? ¿Pasa?
Alexis
Estoy en nuestro sitio. A ver si me aclaro un poco y me desahogo.
Alexis
Si te apetece venir, aquí voy a estar.
Ádriel
¿Quieres que vaya? ¿Prefieres estar solo?
Alexis
Ven, porfa.
Alexis
Necesito verte.
Alexis
Y hablar.
Ádriel
Voy. Dame cinco minutos.
No fueron muchas las veces que Alexis me pidió ayuda. Así que aquel día en cuanto me pidió que fuera a su encuentro, no me lo pensé ni un segundo.
—Me voy con Alexis —dije alterada levantándome del sofá como un resorte con el móvil en la mano y nuestra conversación aún abierta.
—¿Qué pasa? —preguntó Gelo sin entender mi nerviosismo.
—No lo sé. Esta mañana estaba raro. Acabo de hablar con él y no se encuentra muy bien. Voy a ir a verle.
—Si necesitas ayuda, llámame, ¿vale? —dijo Gelo. Asentí—. Es por cosas como esta por lo que no me gusta que tengáis algo. No quiero que tengas que lidiar con sus problemas o que afecten a…
Le interrumpí. No quería escuchar nada más.
—No vamos a pelearnos ahora, Gelo. Ahora mismo voy a verle en calidad de amiga. Cuenta conmigo y lidiaré con sus problemas como hago con los tuyos. Y sabes que es buena persona y que nunca me hará daño.
—En eso último discrepo. Creo que todo lo que lleva dentro te puede dañar, puede que tome decisiones sin tenerte a ti en cuenta. O a nosotros.
—No creo que eso pase. Si nos vieras ser nosotros de verdad, te darías cuenta de que no. Quiere al crío y eres su mejor amigo.
—Ojalá me equivoque. Venga, ve con él. Avísame para cualquier cosa, ¿vale, Ari? Aunque sea pequeñita. Aunque sea demasiado grande.
—Lo sé, Geli. Te quiero. —Le besé en la mejilla—. Oye, pequeñajo, me voy a ir a ver al tío Alexis un momento, ¿vale? Luego vuelvo para terminar la peli con vosotros —le dije al crío. Este asintió y devolvió la vista a la película de animación que estábamos viendo con él.
Preparé un sándwich de jamón y queso y cogí una Coca-Cola que guardé en una mochila que encontré por casa.
En cuanto pisé el descampado, con Togo a mi lado, vi a Alexis.
Había más árboles de los que se atisbaban por la noche y las calvas de hierba solo se encontraban en la parte por donde solíamos caminar.
Salté el murete de piedra y me acerqué al árbol donde se encontraba Alexis sentado sobre una piedra.
Su postura era desgarbada y su mirada estaba perdida.
Tenía los ojos rojos, los pómulos sonrojados y había un rastro de humedad en su rostro que no me pasó desapercibido.
Cuando estuve a escasos metros de él, pude escuchar la música que salía de sus auriculares.
No era el estilo que solía escuchar conmigo, era algo más ruidoso, más movido y más caótico.
Me senté a su lado y le abracé. Me uní a su burbuja.
Él se deshizo en mi abrazo y dejó caer su cuerpo sobre mí.
Apoyé mi espalda en el árbol tras nosotros y le sostuve mientras respiraba pesadamente, lloraba y se relajaba después.
No hablamos por al menos media hora y no me importó. Solo me importaba ser fuerte para él.
Alexis se separó unos centímetros de mí para besarme los labios mientras me daba las gracias. Le sonreí y le acaricié la espalda con ternura. Se quitó uno de sus auriculares, bajó un poco el volumen y me lo tendió.
—Ayer soñé con mi abuela. —Alexis rompió nuestro mutismo—. No lo recuerdo muy bien. Solo sé que me ha dejado con una sensación de tristeza y un vacío enorme cuando me he despertado.
—Te entiendo. A mí también me pasa cuando sueño con ellos.
Le tendí el cigarro que acababa de hacerle y Alexis agachó su rostro para coger con sus labios el cigarrillo de mi mano.
—¿Por qué siempre se van los mejores? —susurró Alexis quebrándose su voz al final mientras centraba su mirada en el mechero en su mano al que daba vueltas tras encenderse el cigarro—. Creo que le habrías gustado. A mi abuela. Me habría gustado que te hubiera conocido.
—Háblame de ella y será como si nos hubiéramos conocido de verdad. —Mi voz aparentó una fortaleza que sentí que no tenía.
Ojalá siguiera junto a él. Las cosas hubieran sido diferentes. Tal vez nunca nos habríamos conocido, pero él habría sufrido mucho menos, o al menos es lo que quería pensar. No me importaría no haberle conocido si en compensación nunca tuviera que sufrir su pérdida siendo tan joven.
—Algún día lo haré. Quiero que lo sepas todo de ella —dijo Alexis mientras entreabría la boca y dejaba libre el humo de su cigarro.
Agarró mi mano y comenzó a hacer suaves círculos sobre ella—.
Ella siempre me repetía dos refranes: lo bueno siempre se hace esperar.
Y: las mejores fragancias vienen en frascos pequeños.
Lo mantengo en mi mente a diario. —Sonrió triste—.
Y no puedo olvidar que no me pude despedir.
—Su voz se volvió a quebrar. Le abracé y froté su espalda con mis dedos para intentar reconfortarle—.
Si hubiera podido hacerlo como siempre..
. Con un beso y un abrazo. Al menos así estaría más tranquilo.
—Habló tan bajito que me quité el casco para poder escucharle—.
Si hubiera llegado cinco minutos antes a casa…
Solo cinco minutos, la habría visto. Pero me enredé por ahí con mis amigos y…
Siento que no lo hice bien y me atormenta casi a diario.
Ella estuvo siempre para mí hasta que se fue.
Me acompañó a cada sitio donde decidí probar de cero.
—No lo hiciste mal. No seas tan duro contigo.
—No sabes todas las noches que me he escondido en mi habitación y he llorado por ella enredado entre las sábanas para que nadie me escuchara.
Nadie lo sabe. —Alexis se rompió frente a mí y yo temí hacerlo detrás al escuchar lo solo que estuvo.
Pero me mantuve todo lo fuerte que pude porque él me necesitaba así.
—Cariño, imagínate que hoy nos despedimos enfadados, y cuando te despiertas por la mañana, a mí me ha pasado algo. No tendrías que culparte por que nuestro último recuerdo juntos no sea bonito.
—Me sentiría igual de mal, gordi. Sentiría que he hecho el gilipollas —admitió.
—Son cosas que no puedes controlar. Hay un montón de situaciones que a lo largo de tu vida van a pasar a tu alrededor y no vas a tener la capacidad de controlar. Pasarán sí o sí.
—Intentaré controlar todo lo que pueda —dijo serio, creyéndose sus palabras a pies juntillas.
—Aun así hay cosas que se escapan a tu control, como el tiempo o las decisiones que tomen los demás a tu alrededor. Yo tampoco me pude despedir de mi abuelo, ¿sabes?
Fue una sensación muy placentera cuando, después de hablar de nuestros abuelos, noté a Alexis más relajado e incluso se permitió sonreír.
Me sentí satisfecha por haber pasado esa barrera que él se creía que yo no podía superar.
Podía ser fuerte cuando me necesita ba. No me rompía aunque él lo hiciera.
Me costó horrores conseguirlo, pero poder ayudar a Alexis a pesar de que yo tenía que sufrir en silencio todo lo que me contaba, merecía la pena.
Lo haría el resto de mi vida, si me dejaba. Lo haría sin dudarlo un segundo.
—Gracias, mi niña. No sé qué haría sin ti. Me haces ver las cosas de otra forma —dijo Alexis tras besar con ternura mi nariz.
Enmarqué su rostro con mis manos y le besé una, dos, tres veces, degustando sus labios.
—Siempre voy a estar para ti. Pase lo que pase. Hagas lo que hagas. Aunque metas la pata mil veces, estaré justo aquí, a tu lado —le susurré mientras acariciaba su cara antes de dejarle libre.
—¿Y si tomo una mala decisión? —Se mostró inseguro y sensible.
—Yo lo hago a diario. No pasa nada. —Le quité importancia.
—¿Y si te arrastro hacia algo malo? —preguntó agobiado.
—Nunca me arrastrarás. —Volví a llevar mis manos a su rostro y le insté a mirarme de lleno a los ojos—. Iré por mi propio pie, ¿lo entiendes? Y si nos metemos en un pozo, lo haremos juntos. Y saldremos de él también juntos. —Besé sus labios con delicadeza.
—Siento que en ciertos momentos de mi vida, no he estado viviendo hasta llegar aquí. Solo sobrevivía. Pero por fin empieza mi vida. Contigo.
—Te amo, mi vida —susurré contra sus labios—. Siempre.
—Gracias por ser tú.
—Gracias por confiar en mí.
Anhelaba poder cuidar de él como me dejó ese día.
Sábado, 23 de mayo. Ocho menos veinticinco de la tarde.
Ádriel
¿Estás más tranquilo y bien?
Alexis
Sí. Todo por verte. Con tenerte cerca, me ha valido.
Alexis
Confío en ti. Hagas lo que hagas y en la situación que sea. Es lo que me has demostrado. Y estoy a gusto hablando contigo. Me encanta estar contigo. Cada segundo, minuto, hora y día que paso contigo me siento el hombre más feliz del mundo.
Alexis
Te quiero mucho, mi niña. Para siempre.
Ádriel
Para siempre