Capítulo 39
En estos días solamente busco paz mental
y un par de labios que pueden mi alma alimentar,
un amor genuino como los de elemental,
alguien que sepa cómo estoy sin tenerme que preguntar.
Eladio Carrión
En nuestro paseo de la noche, de vuelta a casa, me acerqué a Alexis para besarle mientras caminábamos.
Él me hizo cosquillas, trastabillé y me agarré a él entre carcajadas para no caer.
Nos convertimos en un par de patosos y terminé siendo yo la que le ayudó a no caer.
Alexis refunfuñó mientras recobraba el equilibrio gracias a mi agarre.
Se separó de mí gruñendo mientras yo reía a carcajadas.
—¡Encima de que te salvo, te alejas! —le eché en cara con burla en mi voz—. Y ni un mísero beso como agradecimiento. Vaya tela… —Reí.
Alexis me fulminó con la mirada. Y ahí terminó el buen rollito de la noche. ¿Qué puñetas?
—¿Qué te pasa? —pregunté al llegar a la puerta de casa.
—Nada. Buenas noches, fea.
Me dio un beso rápido en los labios, se giró y no volvió la vista atrás.
Entré en casa con un sabor agridulce en el cuerpo.
¿Por qué las cosas eran tan complicadas a veces con él?
¿Cómo habíamos pasado de hacernos cosquillas a que no me hablara?
Me metí en la cama y leí un rato. Cuando me empezó a entrar el sueño, cogí mi móvil y le escribí.
Jueves, 23 de abril. Dos de la madrugada.
Ádriel
¿Qué te ha pasado esta vez?
Alexis
Pues que me repatea que me echen las cosas en cara. Aunque sea en plan coña. Me da mucho por saco. Pero tú di lo que te salga, amor. Tengo que aprender a que no me moleste tanto.
Ádriel
Eres muy complicado de pillar. Necesito tu manual de instrucciones.
Alexis
Se quemó.
Ádriel
Pues escribe otro.
Alexis
No Puedo. No sé escribir ni leer. Soy un inculto.
Ádriel
Pues te quería prestar mi libro favorito porque creo que te podría gustar. Pero qué penita que no sepas leer.
Alexis
¿Cómo se titula el libro?
Ádriel
No te lo voy a decir, que no sabes leer.
Alexis
Y no sé, pero voy por figura y voy deduciendo.
Ádriel
Ja, ja, ja cómo puedes ser tan bobo. Me encanta cuando me vacilas y me haces reír así.
Alexis
Para eso estoy, princesa.
Te quiero.
Ádriel
Eres lo más bonito.
Cuando recogí a Alexis en el bar al día siguiente, llevaba un cigarro sin encender en los labios.
Sonreí al verle, le quité el cigarro y le besé en cuanto entró en el coche.
Alexis me volvió a besar, dos, tres y cuatro veces más antes de cogerme el cigarro con los labios y alejarlo de mi mano.
Arranqué mientras él buscaba en mi móvil una de nuestras listas de reproducción.
Me pegó su buena vibra y pregunté por su estado de ánimo en cuanto terminó de cantar una de sus canciones a pleno pulmón y empezó una mía.
—¿Te pasa algo?
—Tú me pasas, amor. —Alexis me besó la mejilla y yo sonreí como una idiota sin separar mis ojos de la carretera—.Y que esta semana es la última que trabajo en el restaurante.
Me contó que había encontrado, gracias a un cliente asiduo del restaurante, trabajo como albañil. Trabajaría más horas entre semana, pero a cambio, libraría una o dos mañanas y los fines de semana enteros salvo alguna emergencia.
—Creo que es un buen cambio. —Sonreí—. Aunque los viernes con Angelito y sin ti en Finca Deva van a ser un desastre. —Me entró el agobio al pensar en estar de nuevo sola con el crío.
—Te manejas muy bien con él. El último viernes que vino, acuérdate de que casi apenas estuve con él. Lo hiciste tú todo. —Me recordó—. Y si te desesperas, llámame. Aunque sé que vas a ser capaz de hacerlo tú sola. Eres buena para Angelito y la mejor madre que podría tener.
Creí sus palabras y dejé que estas me tranquilizaran.
Llegamos a Finca Deva, trabajé con los caballos, curé un par de heridas que Cuervo debía haberse hecho al rascarse contra un árbol y les puse de comer.
Después Alexis y yo nos sentamos en la jarapa a observar a los caballos y disfrutar de la primavera.
Él sacó todo lo necesario para hacer los cigarros y yo me dispuse a hacerle unos cuantos, como hacía cada día.
Y entre medias, cosquillas y besos. Estar a su lado era siempre así.
Altibajos, respiraciones entrecortadas por cos quillas, sexo infinitamente bueno, colorear los dibujos que delineaba y muchos besos y caricias.
—Quiero contarte algo. —Empezó Alexis. Dejé el cigarro a medio hacer y le enfrenté—. Pensar en volver con mis primos y mi hermano me provoca ansiedad. Me hace recordar todo lo que quiero olvidar. —Calló y concentró su mirada en un punto en el suelo.
—No pienses en ello. Ahora estás aquí y no tienes que volver.
—Mantengo presentes algunos momentos malos para no olvidarlos. Aunque me hagan daño. Es la única forma que tengo de redimirme.
No le entendí. Ni un poquito, pero asentí.
También me quiso explicar más a fondo sus pesadillas.
Comenzaron al fallecer su abuela, y no solía recordarlas, pero se despertaba con mucho miedo, nervioso, y tras ellas le costaba muchísimo conciliar el sueño, a veces incluso no podía llegar a dormirse de nuevo y se iba a cualquier parte de su lado de la casa, se sentaba en el suelo y se ponía a dibujar con música.
Se me encogió el corazón al pensar en todos los dibujos que me había enseñado hasta el momento.
Al pensar que todos fueron largas noches sin dormir.
—A veces solo tengo pesadillas una vez al mes. Otras… —Alexis soltó el aire poco a poco antes de seguir—. Dos o tres veces por semana —admitió con pesar.
—Esas son muchas noches sin dormir —dije afligida mientras comenzaba a hacer círculos en su mano con mi pulgar. No sabía si para reconfortarle a él o a mí.
Me entró ansiedad al pensar en él, solo, en mitad de su casa, sin poder dormir, sin nadie a quien acudir.
—Por eso me suelo acostar tarde. Hablo contigo hasta que mi cerebro se apaga. Y si tú te vas a dormir antes de ese punto, me pongo una película o una serie.
—Si no puedes dormir, llámame. Hablaremos todo el tiempo que necesites. Incluso puedo subir a tu habitación.
—Tranquila. Llevo mucho tiempo así.
—Prometo quedarme despierta hasta que te duermas. Llámame, ¿vale?
Alexis asintió y me abrazó con fuerza. Le devolví el abrazo y su cuerpo fue casa.
Quise poder dormir cada noche con él para que si acudían las pesadillas, me despertara a cualquier hora intempestiva de la noche y yo le pudiera consolar.
Para que se sintiera a salvo y sin miedo.
Para que no se sintiera solo con sus temores.
Para pasarme la noche en vela con él a mi lado si era necesario hasta que cayera rendido en los brazos de Morfeo.
Para que me tuviera al lado y no fuera él solo, sino los dos contra la pesadilla y el trastorno del sueño.
Llevé mis manos a su rostro y lo enmarqué mientras una solitaria lágrima caía por mi mejilla. Le besé con ternura y quise borrar con aquel beso todo rastro de dolor.
—¿Estás bien? —preguntó mientras arrastraba mi lágrima con su pulgar—. Sé que son cosas duras de oír.
Asentí.
—Nunca voy a ser la que te diga que pares de hablar. Desahógate cuanto necesites. Aunque llore, soy fuerte.
—¿Dónde has estado durante tantos años de mi vida, mi amor? ¿Por qué no te he encontrado antes? —susurró, me besó con suavidad y apoyó su frente en la mía antes de volver a hablar—. Mi tatuaje, el reloj de arena… Cierra los ojos.
Eché un vistazo al tatuaje de su antebrazo izquierdo y le hice caso sin rechistar. Alexis agarró mi mano y la colocó sobre el tatuaje, pidiéndome que palpara la piel bajo el dibujo.
En seguida reparé en las dos finas líneas en mitad de su antebrazo.
—Fue mi primer y único intento de suicidio. Me sentí tan solo, tan dentro del hoyo, tan vulnerable, que pensé que jamás podría salir. —El dolor tiñó cada palabra.
Abrí los ojos y fijé mi mirada en mis dedos sobre su piel.
A simple vista no se veían, pero él sabía que las marcas estaban allí, al igual que yo desde aquel momento.
Ni siquiera su hermano se dio cuenta. Sentí un nudo de desazón en el estómago y me entraron ganas de vomitar.
Llevé su antebrazo a mis labios, controlé mis náuseas y besé una, dos y tres veces las líneas bajo el tatuaje, tratando de curar el mal recuerdo.
Qué sencillo sería si todo lo pudiéramos curar con mimos, caricias, besos, apego.
.. Si todo lo pudiéramos curar con un «te quiero», con un «no tengas miedo, siempre estaré ahí, para ti».
Si fuéramos capaces de ser goma y borrar los recuerdos que duelen en los demás, incluso los grabados con saña en piedra, incluso los más oscuros que siempre amenazan con quedarse para siempre en la mente y romperte una y otra vez.
Qué bonito sería poder hacer eso por la persona que amas.
Sanarla por dentro. Yo lo habría hecho. Aun a costa de quedármelo todo yo.
Mis irrefrenables sentimientos nublaron cualquier capacidad de pensar y razonar en mí.
Solo pensaba en su bienestar. Porque lo merecía.
—También estaba cansado de que me trataran como… como si no fuera una persona. Como a un objeto —dijo en un susurro. Dejó caer la mirada a la jarapa y pellizcó con sus dedos pequeñas briznas de hierba seca que había enredadas entre el tejido—. Lo sigo estando.
Me costó entender su frase e imaginé mil escenarios en los que la gente le podía haber hecho sentir así de mal. Enmarqué su rostro entre mis manos, y lo giré hacía mí. Su mirada quedó clavada en la mía.
—Aquí no te va a pasar. —Le miré dubitativa porque estaba a punto de hacerle una promesa importante—. Te juro que conmigo y mis amigos jamás te vas a volver a sentir así. Nosotros no somos así. Yo te valoro como persona. Nunca, jamás, te haría ese daño. Nunca. Grábatelo. Me importas.
Alexis no habló, pero sus ojos me dejaron ver la esperanza en ellos. Y yo creí que podría hacerlo. Mantenerle siempre cerca, que no se volviera a sentir así nunca. Que nadie le volviera a tratar mal. Que nunca dejara de sentirse persona.