Si por separado somos geniales, juntos podemos parar el mundo (A través de tus orejas 1)… Capítulo 36
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Capítulo 36

Tengo ganas de tenerte siempre,

de conocerte, una y mil veces. [...]

Si te falta vida, yo te la daría.

Si un día tú me faltas, yo no sé qué haría

porque eres el principio y el final.

Cris Moné

Casi una semana después, en Finca Deva, Alexis y yo habíamos estado hablando sin parar, riendo, haciéndonos cosquillas, hasta que algo cambió.

El rostro de Alexis se volvió rígido, su mirada parecía perdida, todo él se ensombreció sin ningún sentido aparente para mí.

No supe en qué momento exacto todo cambió ni qué fue el detonante, mucho menos cómo arreglarlo.

—¿Estás bien? —Cogí su mano y la apreté.

Asintió, pero tuve claro que mentía. Me miró, pero en realidad estaba en otro sitio.

Me acerqué a él, pegué mi cuerpo al suyo y pasé mis manos por su cuerpo en un apretado abrazo.

¿Habría tenido yo que ver algo con su repentino cambio de humor?

¿Algún día llegaría a leerle, entenderle y anticiparme a sus reacciones?

Repasé en mi cabeza nuestra mañana, pero no vislumbré nada fuera de lugar.

Me enfadé durante milésimas de segundo por no entender su forma de ser, y luego todo se volvió gris, frío y apagado dentro de mí.

Me sentí un poco fuera de lugar con su silencio y su rostro serio.

Me quedé a su lado hasta que necesité espacio y me fui con los caballos.

Cogí a Troya y le monté para quitarme de la cabeza lo raro que se estaba comportando Alexis y por qué no me hablaba.

El caballo consiguió animarme un poquito, pero al volver cerca de Alexis, su aura de tristeza me envolvió por completo.

—¿Qué te pasa?

—Nada. No es culpa tuya —murmuró con voz apagada sin desviar su mirada de un punto frente a él.

El resto de la mañana no fue mejor. Se mantuvo distante y sombrío, y apenas me habló. A veces Alexis me resultaba imposible de entender. Aquel día, su mirada albergaba un huracán que no supe cómo empezar a manejar y me sentí abatida por no saber cómo gestionar esa parte de él.

Volvimos más temprano de lo habitual a casa y lo agradecí. Odiaba ese aura de pesar que nos rodeaba.

Martes, 14 de abril. Dos y media de la tarde.

Ádriel

¿Qué ha pasado para que cambiaras tu actitud así tan de repente?

Alexis

Nada. No era por ti. He tenido un momento de bajón pero ya está. No me gusta contar esas cosas porque siento que soy débil y no me gusta. En el sitio en el que me crie no puedes mostrarte así, ni hablar del tema.

Ádriel

Me sienta mal no poder ser esa persona en la que te apoyes.

Alexis

Si yo lo intento y a veces me sale, pero hay otras que no.

Ádriel

¿Qué te pasaba hoy?

Alexis

He pensado en cosas que no debía y me ha dado el bajón.

Ádriel

Cuando pienses en esas cosas podrías compartirlas en vez de pensar para ti mismo.

Alexis

Lo intentaré.

Escondía sus verdaderos pensamientos y cómo se sentía haciéndome ver que se enfadaba por alguna tontería que yo decía.

No le entendía ni un poquito, pero supuse que tras tantos años escondiendo cada sentimiento prohibido o cada cosa que le hiciera parecer débil, su comportamiento podría ser algo normal para él.

Ojalá juntos pudiéramos hacer que eso cambiara.

Martes, 14 de abril. Tres menos veinte de la tarde.

Ádriel

Cuando estás como esta mañana no sé cómo actuar contigo. Y me agobia que estés callado sin saber por qué.

Alexis

Bueno, pues no lo haré más. Por lo menos delante de ti. No quiero que estés triste.

Ádriel

Hazlo cuando lo necesites.

Alexis

No, porque si tú te vas a poner mal, no mola. Ya está, voy a hacer lo mismo que hacía con mi hermano y primos. Porque si te veo mal, me revienta. Y tampoco puedo hacer nada para que no estés mal cuando me ves así.

Ádriel

¿El qué?

Alexis

Si tengo un momento malo o un día que me levanto mal, me pongo la careta con sonrisa y ya está.

Ádriel

NO. Yo no funciono así. No quiero lo que tú creas que yo quiero.

Alexis

¿Y qué hago, gordi? Si tú te pones peor al verme mal. A mí me jode mucho más eso.

Ádriel

No vale quedarse con lo bueno y para lo malo estar solo. Prefiero tener días como hoy a que me sonrías cuando por dentro no estás bien.

Ádriel

Si me dices que te encuentras sin ganas de hablar o de hacer nada porque has pensado en cosas, pues me siento junto a ti. Solo quiero que sepas que estoy a tu lado.

Alexis

Si lo he intentado… Pero no podía, no me salía. Y tenía que despejar un poquito la mente.

Ádriel

Quiero que seas tú, siempre. Ha sido raro, pero es así y no me importa.

Ádriel

A veces veo a Ainhoa y Juli y pienso en lo fácil que lo tienen ellos, nunca tienen problemas.

Alexis

Llevo mucho a la espalda. Tengo que mejorar la versión de mí que ves ahora mismo. Tengo que lidiar con muchas cosas aún antes de dejarlas ir. Y tú también tienes tus miedos, tus movidas en la cabeza. Lo nuestro no es peor o más complicado, es diferente.

Escribía la respuesta a Alexis cuando Gelo volvió de la cocina y me cortó la conversación. Maldije por lo bajo. No quería dejar de hablar con él.

Mi amigo dejó unas natillas de chocolate delante de mí y se sentó a mi lado con otras para él. Levanté la vista del móvil y le miré. Hablar con Alexis a todas horas era muy tentador.

—¿Alexis? —Gelo intentó echar un vistazo al móvil. Negué, pero me cazó al vuelo la mentira—. ¿Hay algo entre vosotros? ¿Te gusta? —Me echó una mirada oscura.

—¿Por? ¿Sería malo? —Me crucé de brazos y le miré molesta en vez de sincerarme de una vez por todas.

—Noto cosas cuando os veo juntos. Química.

—¿Y?

—¿Te gusta?

—Sí. No. Bueno, no sé. Tal vez… —Me aturullé.

—Eso no es una respuesta. ¿Te gusta? —volvió a preguntar Gelo.

Tragué saliva con fuerza.

—¡Papá! ¡Mamá! ¿Vamos al parque?

Angelito nos interrumpió y suspiré aliviada, nuestra conversación quedó relegada al pasado. Me gustaba mi vida con Gelo. También con Alexis. No quería tener que elegir si me lo pedía Gelo, porque me dolería, pero sabía a quién escogería.