Si por separado somos geniales, juntos podemos parar el mundo (A través de tus orejas 1)… Capítulo 32
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Capítulo 32

Necesito sentir la mejor versión de mí […]

Muero por quien me cuidó bien […]

Enséñame a bajar la guardia

si a cada quiebra entera subo otro escalón.

Zetazen

Recogí a Alexis en el bar y desayunamos juntos en Finca Deva chocolate con churros.

Nuestro nuevo juego consistía en que Alexis me llamaba lenta por ir más despacio que él repartiendo el heno y entonces yo corría hacia él con forraje en mi mano y se lo tiraba encima, o le hacía la peineta y le decía que por llamarme lenta se quedaría sin besos.

Él se desternillaba de risa a mi costa, y luego nos tocaba quitárnoslo mutuamente entre besos y caricias.

Cogí varios libros de heno y tras tirar un puñado de briznas en dirección a Alexis y echar a correr, fui hacia las redes mientras él reía porque el heno ni siquiera le había rozado.

Le saqué la lengua mientras él seguía riendo y lo repartía por el prado.

Su móvil, sobre la valla, dejó de reproducir música y me acerqué a él para ver qué sucedía.

Era una llamada de su madre. Cogí el móvil y miré en dirección a Alexis.

—¡Oye, Alexiiiis! —grité alargando la última sílaba de su nombre.

—¡Dime Ádriel!

—¿Por qué me llamas por mi nombre?

—¿Por qué me llamas tú Alexis?

Estallé en carcajadas olvidándome por completo de la llamada.

—¡Oye, cariñooo!

—Dime, mi amor. —Alexis se acercó a mí—. ¿Por qué has quitado la música? —Me besó los labios.

Le conté que había llamado su madre y a Alexis le cambió el gesto de la cara. Sus ojos se oscurecieron y sus labios se fruncieron. Observó el móvil en mi mano, pero no lo cogió. Parecía estar envenenado.

—¿No vas a llamarla?

—Sí… Sí… —Alexis no sonó convencido.

—¿Pasa algo?

—Luego te cuento. Primero voy a ver qué quiere esta ahora.

No me pasó desapercibido el tono en que hablaba, el «esta» refiriéndose a la madre que le parió. Se colocó el móvil en la oreja sin alejarse. Mi corazón se llenó de calor. Confiaba en mí. Su madre descolgó y automáticamente el cuerpo entero de Alexis se tensó y su mirada se volvió dura y fría.

—Me has llamado. Dime, estoy ocupado. —Su tono fue seco. Escuchó a su madre hablar mientras se pasaba la mano libre por el rostro, frustrado—. Ya, ya. Otra vez con lo mismo. ¿Cuánto necesitas ahora, mama ? ¿Tanto? Joder, mama …

Alexis comenzó a deambular de un lado para otro, separándose unos metros de mí con el ceño fruncido, pasándose la mano por el rostro repetidamente y con los ojos, más oscuros que nunca.

Tras un comentario de su madre se desató un vendaval en el que ambos se gritaban, Alexis con una furia inusual que no había visto antes.

Los gritos cesaron abruptamente cuando Alexis lanzó el móvil entre los hierbajos del suelo.

Se dejó caer al suelo y sus manos cubrieron su rostro.

Quise acercarme, pero algo me ancló a mi sitio.

Le dejé unos minutos solo, me senté junto a él y dejé espacio entre nosotros.

Al ratito, cuando vi que no se mostraba incómodo ante mi presencia, pegué mi cuerpo al suyo y descansé mi mejilla en su hombro.

Miré al frente sin saber qué decirle por lo que me parecieron horas.

Alexis no se movió de su sitio y yo tampoco.

Cuando elevó el rostro de sus manos y buscó el mío pude ver sus ojos rojos, su rostro lleno de dolor, una casi imperceptible vulnerabilidad y un rastro de ira y enfado.

—¿Quieres hablar de ello? —pregunté.

Alexis pasó su brazo por mis hombros, me atrajo hacia él y quedé apoyada en su pecho.

Mientras él acariciaba mi brazo y yo el suyo, me contó que desde que empezó a trabajar su madre le llamaba todos los meses para pedirle dinero.

Él nunca se negó, solo le preguntaba cuánto necesitaba.

«Para gastarlo en salir de fiesta, caprichos y drogas.

Para eso me pide el dinero. Sin pensar lo que me cuesta a mí ganarlo o si lo necesito para vivir».

Le echaba en cara que le había parido y criado los cuatro primeros años de su vida, que se lo debía y que los hijos estaban para cuidar de sus padres.

Alexis también me contó algunos feos por parte de su madre en su infancia.

Como cuando le prometió unas vacaciones con ella en Cádiz y cuando se presentó allí, con tan solo seis años, nadie fue a buscarle.

Ella lo había olvidado y se había ido de fiesta con su novio a Marbella unos días.

Y como ese desplante hubo muchos más. Pero daba igual cuánto daño le hiciera.

Él siempre estaría para ella porque llevaban la misma sangre.

Ese pensamiento me partió el corazón. ¿Algún día se daría cuenta del daño que le hacía la mujer que le trajo al mundo?

Nos quedamos en Finca Deva hasta que me pidió volver a casa, antes de lo habitual.

Terminé de apañar a los caballos mientras él me esperaba en el coche.

No entramos juntos en casa, él se fue directamente a su buhardilla.

A la hora de comer, bajó a prepararme algo y parecía mucho más relajado.

Comimos juntos, y cuando llegó Gelo con Angelito, se subió a su parte de la casa.

Martes, 24 de marzo. Doce y veintidós de la madrugada.

Ádriel

Si todos tus amigos te han fallado, es que eliges mal. Tu filtro de elegir bien está roto, porque a mí eso no me ha pasado nunca.

Ádriel

Tienes que comprarte otro.

Alexis

Me lo han roto.

Ádriel

No pasa nada. Lo arreglaremos juntos.

Alexis

Me parece genial, mi niña

Ádriel

Podemos empezar por mis amigos. Ellos son buenos, leales hasta la muerte y los mejores amigos que uno puede tener.

Alexis

Siempre he querido tener amigos de verdad. Admiro y me da mucha envidia lo que tienes con ellos. Parecéis familia de sangre.

Ádriel

Es que somos familia. La familia por elección crea vínculos inquebrantables y creo que más poderosos casi que la de sangre.

Porque los eliges. Decides de quién sí y de quién no rodearte en tu día a día.

Con tiempo, cuando estés preparado, te los puedo prestar.

Pero solo si no les haces daño. Verás que son personas increíbles y extraordinarias.

Martes, 24 de marzo. Tres de la madrugada.

Alexis

Por muy mal que esté, siempre voy a sacar una sonrisa.

Ádriel

Yo no quiero una sonrisa. Quiero lo que estés sintiendo en ese momento.

Alexis

Me cuesta cambiar el chip después de tantos años.

Ádriel

¿Cuánto tiempo estuviste deprimido?

Alexis

Hasta hace poco. Tal vez siga intentando salir todavía. Luchaba todos los días para que no se me notara. Por fuera siempre estaba feliz mientras por dentro me iba derrumbando poco a poco, luchando conmigo mismo a diario.

Ádriel

¿Sabes qué? Te quiero. Y te amo. Aunque estés loco, aunque seas raro y aunque tengas pesadillas. Estoy loca por ti. Y te voy a acompañar siempre.

Ádriel

Ya no tienes que callarte tus pensamientos. Ni el más estúpido. Me tienes a mí siempre que quieras hablar, ser o sentirte acompañado en silencio en un mal día.

Fue desolador leer lo solo que estuvo aun teniendo gente a su alrededor.

Tener que enmascarar sentimientos tan potentes como la depresión ante la gente que quería y que podía haber sido un apoyo si les hubiera dejado.

No pude evitar llorar en silencio; todo cuanto me contaba de su pasado, hacía que mis entrañas y mi corazón dolieran.

Ojalá le hubiera conocido antes para poder protegerle de todo el maltrato psicológico que sufrió.

¿Y conmigo? ¿Me haría lo mismo a mí y ocultaría sus problemas por verme bien?

¿O conmigo sería diferente? ¿De verdad confiaba en mí o estaba tan dañado por dentro que nunca volvería a confiar plenamente en una persona aunque lo intentara?