Capítulo 29
Nunca como antes quise, llegaste y amaste mis cicatrices. […]
Eres más de lo que esperé no por lo que eres
sino por lo que me haces ser. […]
Las coincidencias son la magia empezando a fluir.
Rafa Espino, Peter-G
Esa noche Togo se quedó en casa observándonos marchar a Alexis y a mí hacia el frío de la noche.
Caminamos cogidos de la mano hasta nuestro descampado mientras él fumaba un cigarro.
No se escuchaba nada a nuestro alrededor, solo los grillos, nuestras zapatillas contra el suelo y nuestros sonoros besos cada tres o cuatro pasos.
Me daba ansiedad dar el siguiente paso porque era convertir nuestra relación en algo más serio, porque entonces hablar con Gelo sería obligatorio.
Al llegar a nuestro lugar, dejé que mi corazón pasara por encima de mi mente y la cordura.
Los besos se convirtieron en gemidos por parte de los dos y, a la luz de la luna, nos desnudamos el uno al otro.
Él lo hizo con un cariño y un primor que sabía que pasara lo que pasara esa noche, sería especial.
A pesar de estar en febrero no sentía frío en absoluto.
Mi cuerpo se mantuvo caliente solo mirándole.
Todo en él era sexy. Desnudo como estaba ante mí, solo con su ropa interior, me daban ganas de besar, chupar y mordisquear todas las partes de su cuerpo, empezando por sus tatuajes.
Mis ojos se quedaron trabados en su pezón derecho, del cual colgaba su segundo piercing , que daba ganas de morder y tirar de él, solo por ver la reacción de Alexis.
Mis ojos buscaron por su cuerpo tatuajes, trazándolos suavemente con la yema de mis dedos.
—Explícame tus tatuajes —susurré mientras trazaba el koi, mi favorito.
Llevó la mano a su antebrazo derecho, donde un reloj de arena me saludó: «Este es por todo el tiempo que perdí».
Un impresionante jaguar negro de llamativos ojos azules que iba de su hombro a su codo izquierdo: «Mi animal favorito».
Su muslo derecho estaba cubierto al completo por un imponente tigre rugiendo: «Por la fuerza de superación», sobre un fondo azul y morado con estrellas que parecían brillar.
Encima de su corazón en números japoneses como si hubieran sido trazados con pincel, la fecha de nacimiento de su hermano y, un poco más abajo, en las costillas de ese mismo lado, una frase: Podremos luchar por cualquier motivo, pero nuestra unión es indestructible.
Tracé las letras con ternura. Una frase preciosa que me recordó a Gelo y Ainhoa.
Alexis bajó la goma de su ropa interior y pude ver en la ingle: It’s just me against the world.
Quise besarle justo ahí, pero me reprimí.
En el codo derecho, los nombres de sus padres con un infinito entre ellos.
Las letras eran elaboradas y anchas y contrastaban con el fino trazo del infinito.
Por dentro de su brazo derecho llevaba dos hermosas rosas rojas con los nombres de sus abuelos paternos.
Y dejó para el final el koi que tanto adoraba, adornado con una flor de loto, el agua salpicando sus escamas y un yin yang: «La libertad».
Adoraba cada centímetro de su piel tatuada.
Y también la que no. Quería grabar en mi retina cada uno de sus detalles.
Dejamos nuestra ropa en el suelo, e hicimos de ella nuestra manta particular en la que le tumbé.
Me subí a horcajadas sobre él y sentí su dureza sin apenas tela entre nosotros.
No estaba segura de nada, pero sabía que ya no podía pararlo.
Lo quería todo de él. Sus gestos ante mis movimientos sobre su dureza, sus leves gemidos, sus manos apretando en mis caderas.
Me deslicé a un lado y besé sus labios, el hueco tras su oreja, recorrí su cuello, su clavícula, y bajé por su torso con mi lengua, dando pequeños mordiscos en los lugares necesarios, con besos o simplemente pasando mi lengua por sus tatuajes, deteniéndome un rato en sus pezones.
Seguí por sus costillas, hasta su ombligo y seguí bajando.
Besé y mordí cada tatuaje que encontré en mi camino.
Y los que no, los busqué alejándome del trazado inicial.
Lancé una efímera mirada hacia su rostro, contenido, lleno de excitación y fogosidad.
Coloqué mis manos en el borde de su ropa interior.
La bajé con facilidad y mi mirada se quedó trabada en su dureza.
Besé el tatuaje en su ingle izquierda y quise que no se sintiera así nunca más, que a partir de ese momento fuéramos los dos contra el mundo.
Besé su glande, entreabrí mis labios y dejé que mi lengua probara su carne.
Alexis gimió más alto y sonreí levemente.
Besé, chupé, recorrí su dureza con mi lengua y le di pequeños mordiscos.
Me separé de su entrepierna y volví a sus labios.
Nos besamos sonoramente, e hicimos que nuestras lenguas se unieran una y otra vez, dejando que el piercing de su lengua me excitara aún más, chocando a veces nuestros dientes por nuestra fogosidad y nuestras ansias de querer estar más unidos.
Nunca había besado con tanto ansia y pasión a nadie.
Nunca un beso había durado tanto. Y aun así, sentía que necesitaba más de él, más besos.
Todo de él. Mi boca se acoplaba a la perfección en la suya.
Como si hubiéramos sido creados para encajar.
Juntos éramos perfectos. Podíamos parar el mundo.
Separó sus labios de los míos para recorrer mi cuerpo y cada caricia que me regaló me excitó.
Me recorrió con la lengua, hizo que mi piel se erizara bajo su toque y su piercing , y mi cuerpo entero reaccionó con gemidos.
Me besó tras la oreja, bajó por mi cuello donde dejó un reguero de mordiscos y mojados y sonoros besos.
Continuó por mi torso con su lengua y lamió y mordió mis pechos.
Jugó con mis pezones entre su lengua y su piercing y aquello casi me lleva al borde.
Bajó por mi estómago, besó mi clítoris a través de mi ropa interior y me colocó sobre mi estómago.
Tuve que luchar contra mi instinto primitivo de girarme y poder mirarle a los ojos.
Alexis dejó un reguero de besos y mordiscos por mis brazos y pasó su lengua por mi espalda y mis nalgas.
Gemí llena de fogosidad y cerré mis manos en puños.
Me besó los hombros, el cuello y me giré ansiosa por volver a besarle en los labios.
Enredé mi mano en su cabello, acercándole más a mí.
Queriéndolo todo de él. Volvió a separarse de mis labios para regresar a mi monte de venus.
Apartó la tela a un lado, sacó su lengua y su piercing quedó a la vista.
Recorrió mi sexo y mordió en los sitios que debía.
Cuando aprisionó mi clítoris entre sus dientes de manera dulce y su lengua y su piercing hicieron magia, una descarga brutal me embargó.
El clímax con él era maravilloso. Levantó su rostro de entre mis piernas y solo de verle sus ojos achinados y la sonrisa excitada en su rostro, ya estaba lista para otro orgasmo.
Nuestra ropa interior terminó a nuestros pies sobre la improvisada manta y Alexis sobre mí.
Encontramos los ojos del otro mientras nuestros cuerpos permanecían pegados y me preparé para sentir el placer más bonito del mundo.
Alexis me llenó y cuando empezó a moverse en mi interior y nuestros gemidos se entremezclaron, toqué el cielo.
Movió sus caderas en círculos haciéndome gritar de placer y después rodamos para quedar yo encima.
Agarró mis caderas con firmeza y suavidad y movió mi cuerpo sobre él.
Encontró con sus pulgares un punto sensible en la uve de mis caderas, que acarició con una leve presión y un movimiento de semiluna que me hizo explotar.
Un punto que yo probé con él y descubrí que sentía lo mismo que yo.
Sus manos quemaban en mi cuerpo y todo en nosotros me pareció fuego.
El momento en que Alexis llegó al orgasmo, fue brutal.
Una de sus manos agarraba mi cadera, la otra, hecha un puño con su antebrazo por encima de mi pecho, sujetándome para que no me acercara a su rostro, para poder vernos disfrutar el uno al otro.
Y todo el rato, un «te quiero» atascado en mi lengua.
Sus ojos se achinaron, sus gemidos se volvieron más intensos, su movimiento circular de caderas más frenético y nos corrimos al unísono.
Con la boca seca y un montón de bonitos sentimientos burbujeando en mi pecho, nos tumbamos entre nuestra ropa. No estaba acostumbrada a esa forma de sexo, a darlo todo durante tanto tiempo. Me encantó. Quería esa clase de sexo, de amor, de magia, el resto de mi vida.
Nos vestimos cuando el calor que manaba de nuestros cuerpos se esfumó e hicimos el camino de vuelta a casa cogidos de la mano mientras reíamos por tonterías.
Viernes, 21 de febrero. Tres y cuarto de la mañana.
Alexis
¿Sabes que has sido la primera en hacerme sexo oral? Y me ha encantado.
Alexis
Y no sé tú, pero para mí, hoy no ha sido solo sexo. Hoy hemos hecho el amor.
Ádriel
Yo también he sentido lo mismo. Nunca he hecho el amor así tan… no sé cómo describirlo. Loco. Me ha encantado.
Alexis
Ha sido maravilloso, cielo. Y ha estado lleno de sentimiento.