Capítulo 24
Sé que estando contigo se va cualquier mal. [...]
Y es que no hay nada mejor que tu sonrisa con la mía. [...]
Y si lo nuestro es complicado lo vamos a conseguir.
Yo daré todo de mí, tú darás todo de ti.
Que le jodan a la vida contigo he vuelto a sentir.
Que te quiera nadie me lo va a impedir.
EZVIT 810, Lu Decker
Sin darme cuenta de cómo sucedió, pasé de encerrarme a diario en mi cuarto por las tardes, a pasar cada vez más tiempo con Gelo y Angelito, e incluso llevarme al crío al parque para que su padre pudiera descansar un poquito.
Aunque mi paciencia no era infinita, desarrollé un poco más mi tolerancia, algo que pensé que nunca sucedería.
El día que me di cuenta de este cambio, Angelito hizo una locura que yo había gestionado bastante bien.
Bajó de su habitación todos sus juguetes, peluches y libros tirándolos por las escaleras hasta llegar al salón, donde los esparció a su antojo.
Meses atrás yo habría huido a esconderme en mi cuarto en cuanto hubiese escuchado el primer libro caer escaleras abajo, y no habría salido hasta que la locura del crío y su desorden hubieran estado controlados.
Pero ese día no me hizo falta. Caminé con cuidado por el salón para no pisar ningún juguete y me senté con Angelito en el suelo sin dar mayor importancia a su arrebato.
Cuando Gelo nos vio a ambos entre el caos de juguetes y peluches, me abrazó y besó la frente diciendo que se alegraba de tenerme a su lado y que le ayudara a criar a Angelito.
Me sentí orgullosa de mí misma. Lo estaba consiguiendo.
Las cosas no tenían por qué salir mal, ¿verdad?
Cada cosa que me contaba Alexis de su pasado hacía que se me encogieran las entrañas.
Cada decisión que tomó desde su preadolescencia le metió más en el hoyo y no hubo ninguna mano amiga.
Solo se tuvo a sí mismo. Cuando me contaba pinceladas de su vida, sabía que lo hacía con tiento, eligiendo bien los recuerdos o experiencias que contarme, y a mí me aparecían unas ganas irrefrenables de zambullirme de lleno en su mente y descubrir todos esos secretos que aún no me había desvelado.
Poder vagar por sus recuerdos —los bonitos, los malos, los regulares, por todos ellos— hasta conseguir saciar mi curiosidad.
Hasta entender por qué se mostraba al mundo siempre fuerte, siempre entero, siempre feliz, aunque por dentro estuviera hecho añicos.
Los que debían ser los referentes de Alexis destruyeron su inocencia demasiado pronto, por ello se me metió entre ceja y ceja que cuando estuviéramos juntos olvidara sus preocupaciones y pudiera ser otra vez solo un crío, tal y como me pasaba a mí.
El mundo parecía más fácil y sencillo con risas alocadas por doquier.
Nuestras cosquillas dejaron de ser tan inocentes y comenzaron a derivar en otro tipo de juegos más subidos de tono en los que nos besábamos el cuello, nos tentábamos, nos tocábamos y nos hacíamos llegar al orgasmo.
Alguna vez nuestras sudaderas y camisetas volaron lejos, pero no pasamos de ahí.
Estaba cómoda en ese peldaño. Él parecía estar cómodo en cualquiera de nuestros escalones.
Empecé a escribir más a menudo sobre él.
Necesitaba plasmar en alguna parte todo lo que me hacía sentir.
También el miedo y la incertidumbre que a veces me invadía.
Parecía estar atascada con mis dudas y no era capaz de darles salida.
Me atormentaba no ser sincera con mi mejor amigo, nunca le había escondido nada hasta que apareció Alexis en nuestras vidas.
Taladré la cabeza de Ainhoa con todos los sentimientos que danzaban con libertad por mi cabeza. Como aquella tarde entre semana en la que las dos estábamos solas en casa, tiradas en el sofá. Estábamos viendo un capítulo de nuestra serie favorita de fondo mientras hablábamos.
—Habla esta noche con Gelo y cuéntale lo de Alexis. Cuanto más esperes será peor. —La voz de Ainhoa sonó tan seria que no parecía mi mejor amiga la que hablaba. ¿Qué le pasaba?
—No —contesté brusca—. Voy a esperar un poco más.
—Hazlo hoy. Eres una cobarde —me presionó Ainhoa.
Me dolió que me llamara así. Me alejé de ella, y dejé más espacio del que solía haber entre nosotras en el sofá.
—No soy ninguna cobarde —gruñí ofendida.
—Lo eres. Y a mí no me gusta esconder a Gelo que sé lo vuestro. También es mi mejor amigo. A vosotros nunca os he ocultado nada.
Entonces entendí su comportamiento, pero no hizo que doliera menos que me echara en cara las cosas.
—Ari, va a estallar. Y Gelo va a enfadarse con ambas.
—Es cosa mía si estalla. —Me mostré hosca.
—Lo era cuando yo no sabía nada. Pero desde que lo sé, también es cosa mía.
—Vamos a terminar de ver el capítulo —corté la conversación.
Mi mejor amiga me miró con tristeza impregnando sus ojos y no insistió.
El espacio entre nosotras no desapareció y el tiempo que pasamos solas hasta que volvieron Angelito y Gelo a casa fue incómodo.
Nos quedamos con un mal sabor de boca y en cuanto pudo, Ainhoa se fue a su casa.
Gelo me preguntó por qué se fue tan pronto y le volví a mentir.
Y todo por Alexis. Por miedo al rechazo.
Ainhoa y yo pasamos dos días sin hablarnos hasta que la segunda tarde que no vino a casa y Gelo preguntó por ella, decidí que era hora de intentar acercar posturas.
Sábado, 30 de noviembre. Nueve de la noche.
Ádriel
Perdona. He sido una borde. Siento haberte colocado en esta posición.
Ainhoa
No me gusta esconder a Gelo que sé lo vuestro. Perdóname por haberte presionado.
Ádriel
Se lo contaré, ¿vale? ¿Vienes a casa y cenas con nosotros? Te echo de menos.
Ainhoa
Ahora voy. Y si necesitas ayuda para decírselo a Gelo, dime. Pero tienes que contárselo.
Ádriel
Lo haré.
Esperé nerviosa la llegada de Ainhoa. En cuanto escuché la puerta de casa abrirse y a ella saludar, fui a paso ligero hacia ella. La estreché fuerte contra mi cuerpo y se me escaparon un par de pequeñas lágrimas que en seguida sequé.
—Lo siento —susurré en su oído.
Gelo se acercó a nosotras y nos preguntó a qué venía tanto drama. Le quitamos importancia y dijimos que había sido un enfado tonto. Le ocultamos la verdad otra vez y noté en los ojos de Ainhoa el remordimiento que aquello le causaba.
Domingo, 8 de diciembre. Dos de la madrugada.
Ádriel
Me ha gustado cuando hemos cocinado juntos. Me siento tan cómoda contigo que es como si lleváramos haciéndolo desde siempre.
Alexis
Me encantas, gordi. Eres perfecta, lo que siempre he estado buscando. Y tienes todo lo que siempre me ha gustado y he deseado apreciar.
Ádriel
Me encanta que te guste con lo rara que soy.
Alexis
¿Rara, dices? ¿De verdad? No lo eres para nada. Eres risueña, cariñosa, melosa, atrevida, divertida. Das confianza, eres sincera. No me he visto obligado a decirte ni a hacerte nada. Estoy a gusto contigo y no pienso en ningún problema…
Ádriel
Yo no soy atrevida.
Alexis
Sí lo eres. Si no lo fueras nunca me hubieses dicho que tenías ganas de besarme.
Lunes, 9 de diciembre. Dos y diecisiete de la madrugada.
Alexis
Son cosas que solo las conoces tú. Nadie más las sabe.
Ádriel
¿Por qué no? ¿Qué tengo yo que te haga confiar en mí pero no en los demás?
Alexis
No es lo que tengas. Es lo que has demostrado, que es diferente.
Alexis
Confianza. Simpatía. Respeto. Por eso hay cosas que solo tú sabes y nadie más.
Martes, 10 de diciembre. Doce y media de la madrugada.
Ádriel
¿Dónde te gustaría vivir?
Alexis
Aquí.
Ádriel
¿Y en diez años?
Alexis
También aquí.
Ádriel
Pero estás lejos de tu familia.
Alexis
Me gustan los sitios tranquilos como este. Es lo que buscaba. Vivir tranquilo. Reconstruirme y solo ir mejorando esa versión de mí. Que no pueda ir a peor por traiciones o mentiras.
Ádriel
¿Eso solo lo puedes hacer aquí?
Alexis
En Barcelona ya te digo yo que no. Me gustan más los pueblos. Solo quiero vivir tranquilo, rodeado de amistades de verdad. Duraderas. Para siempre. Quiero un lugar donde construir un futuro.