Capítulo 23
Aprendí que la vida son buenas y malas rachas;
que conoces a mil personas pero una te marca.
Que mil aciertos se borran y un fallo deja mancha.
Que lo que más daño te hace es lo que más te engancha.
Ocer y Rade
Jueves, 21 de noviembre. Doce y veintiocho.
Alexis
¿Qué has cenado hoy?
Ádriel
No he cenado. No tenía hambre
Alexis
¿Mal día? ¿Quieres hablar de ello?
Ádriel
No es de los mejores.
Alexis
Estoy haciendo sopa de cebolla y unos sanjacobos. ¿Quieres venir a cenar conmigo al sofá? Te invito
Ádriel
Si me lo dices así, voy.
Sonreí al móvil y salí de mi habitación, bajé las escaleras y me topé en el salón con Alexis.
—¿Ya está la cena? —pregunté desconcertada mientras miraba los platos que llevaba llenos de comida. Alexis asintió con una leve sonrisa—. ¿Sabías que diría que sí antes de preguntarme?
—Sí. Te he leído la mente. —Me guiñó un ojo—. Trae lo que quieras beber, cielo. Es lo que falta.
Me acerqué a él, le besé varias veces y olvidé por completo lo que me había pedido. Cuando llegué a la cocina, cogí una Coca-Cola para él y volví al salón para sentarme a su lado en el sofá.
—¿No vas a beber nada? —me preguntó Alexis extrañado.
—Mierda. Te he besado y he olvidado a por qué iba.
Alexis rio y empezó a comer tras instarme a hacer lo mismo.
Me entró el apetito tras la primera cucharada de sopa de cebolla.
Estaba riquísima. Me entró sed y miré con recelo la lata de Coca-Cola.
A mí nunca me gustó, pero tenía sed y no había agua cerca, Alexis tenía su lata de Coca-Cola y no hay que unir apenas cabos para saber que una cosa llevó a la otra.
—¡Eh! ¡No me robes! Que luego dejas tus babas —se mofó Alexis.
Por la cara que me puso cuando cogí su lata, me prometí hacerlo más a menudo, solo para picarle.
—¡Pero qué idiota eres! ¡Ven! Que te voy a dejar babas por toda la cara.
Saqué mi lengua y la acerqué a su rostro, donde le chupé la mejilla, la frente y la nariz. Alexis rio y yo le seguí.
Cenamos entre risas y compartimos la Coca-Cola hasta que se acabó.
Nos dieron las tantas y esa noche a las dos y media cada uno se fue a su cama tras darnos mil besos de despedida y que nuestras manos danzaran ágiles y libres por el cuerpo del otro.
Me metí en la cama con el recuerdo de sus dedos en la piel de mi cuello, de mi nuca y de mi rostro.
Con el calorcito de su cuerpo sobre el mío, arropándome, haciéndome sentir bien y segura.
Viernes, 22 de noviembre. Una menos uno de la madrugada.
Ádriel
¿Puedo hacerte una pregunta sobre los porros? ¿Estás cómodo hablando de ello?
Alexis
Dime.
Ádriel
Cuando fumabas, ¿qué sentías?
Alexis
Tranquilidad. Se me olvidaban todos los problemas y despejaba la mente. Me daba mucha hambre pero aún así perdí peso.
Ádriel
¿Y qué hace que te fumes un porro?
Alexis
En pasado. Recuerda que ya no lo hago. Fumaba para evadir y no pensarlo. Cuando veía que la carga me superaba.
Ádriel
Cuando fumabas, ¿qué había de diferente en ti? ¿O eras igual que siempre?
Alexis
No. Era mucho más gracioso. Más lapita. Y más sensible. Pero nunca me vas a ver fumado.
Ádriel
¿Por qué no? Es otra parte de ti.
Alexis
No me gusta que me puedas ver así.
Ádriel
Entonces si algún día vivimos juntos y vuelves a fumar, ¿qué vas a hacer? ¿Encerrarte en una habitación?
Alexis
No. Simplemente no fumo.
Se me hacía extraño pensar en él drogado por la marihuana dentro de su sistema. En lo que pasaba por su cabeza para necesitar desconectar a ese nivel. No entendía su mecanismo de defensa porque el mío nunca fue refugiarme en mí misma, sino en mis personas cercanas.
Sábado, 23 de noviembre. Doce menos uno de la madrugada.
Alexis
Me da pena la mierda de infancia que tuve por todo lo que pasé.
Ádriel
Aunque hayas tenido una infancia mala, eres normal. Eso es genial.
Ádriel
Y lo bueno es que vuelves a ser un niño cuando te hago cosquillas.
Alexis
Sí, tienes razón.
Alexis
Pero luego llegan los recuerdos y pienso que no he disfrutado mi infancia como me hubiese gustado.
Miércoles, 27 de noviembre. Diez y veinticuatro de la noche.
Alexis
¿Me quieres?
Ádriel
Claro.
Alexis
¿Pero de qué manera me quieres?
Alexis
Yo te quiero. Mucho. Y si te soy sincero me gustaría quererte como algo más que una amiga.
No contesté. No sabía qué decirle. Alexis quería algo más. ¿Qué estaba dispuesta a dar? Porque yo sentía cosas muy fuertes, pero me frenaba y no me sentía con la valentía suficiente como para poder sortear las piedras en nuestro camino.