Si por separado somos geniales, juntos podemos parar el mundo (A través de tus orejas 1)… Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

Observé su turbada mirada. La primera vez que la vi llena de recuerdos, problemas y desconcierto.

Mandé un mensaje Ainhoa pidiéndole que terminara la comida, cogí todo para hacerle algún cigarro a Alexis, enlacé nuestras manos y tiré de él sin decir ni mu.

Salimos por la puerta de la cocina seguidos por Togo y caminamos en silencio mientra bordeábamos la casa hasta el porche, donde me senté en el columpio.

Empecé a liarle un cigarro mientras le instaba a que se tumbara a mi lado.

Colocó la cabeza en mis muslos y noté cómo su cuerpo se deshacía sobre mí.

Dejé a mi lado el cigarro recién hecho y comencé a acariciar con sumo mimo su nuca.

Solté el pelo de su moño y pasé mis manos por él, desenredándolo.

Era algo que me hacía mi abuela cuando tenía un mal día y que me reconfortaba.

Pensé que tal vez así se sentiría protegido por mí, a gusto como para hablar conmigo y cómodo a pesar de estar contándome algo de lo que no hablaba nunca con nadie.

—Es la primera vez que me dejo ver así de débil frente a alguien —susurró escondiendo su rostro en mis piernas.

Le vi desprotegido. La primera vez que le vi ser tan vulnerable ante alguien, ante mí.

Le pillé con la guardia baja porque él sabía perfectamente cómo esconder todo lo que pasaba en su interior bajo una máscara de felicidad y risas.

Mi corazón se encogió y quise crear un escudo entre nosotros y el resto del mundo.

Comenzó a acariciarme el muslo y la rodilla y no dejó de hacerlo en todo el tiempo que estuvimos allí.

Tal vez ese movimiento rítmico le tranquilizaba, centrándose en los trazos que realizaban sus dedos y no en lo que había tras su mente.

—No eres débil. Estás siendo tú mismo —aseveré sin dejar de masajear su nuca con suavidad y dulzura.

—Yo no dejo que me vean —murmuró contrariado.

—Hoy será tu primera vez.

Me habló de recuerdos desgarradores que me encogieron el corazón y me hicieron querer abrazarlo y besarlo hasta borrar todo lo que pasara por su mente.

De cómo conoció el universo de las drogas con la marihuana, que le abrió las puertas a un mundo que le envolvió y protegió del exterior.

Un mundo donde había tranquilidad. Se sinceró sobre la primera vez que fumó un porro y cómo a partir de ahí empezó a fumar cinco, seis, siete, y hasta diez y veinte diarios.

Me habló de sus ataques de ansiedad cuando era un adolescente.

Me contó que de bebé su hermano cuidó de él, cuando sus padres no lo hicieron.

Me habló sobre cómo de crío peleaba con otros niños por defender a su hermano, siempre, desde que él tenía cuatro y su hermano ocho.

Me quedó claro que él sentía que le debía mucho a su hermano y era tal vez lo más importante que tenía en su vida.

También habló de pasada de peleas por dinero en su barrio, en las que alguna vez participó para poder pagarse la tantísima marihuana que consumía.

Me dijo que muchas veces le era más fácil expresarse mediante canciones que hablando, porque no siempre encontraba las palabras adecuadas.

Me confesó que a pesar de mostrar seguridad, muchas veces estuvo muerto de miedo por dentro.

Sentí la pena que contenían sus palabras, cada una de ellas.

Hicieron que se me partiera el corazón solo de imaginarme todo lo que me contó.

De verle solo ante toda la vorágine que conformaba su pasado.

Lloré en silencio para ser fuerte por los dos, intentando hacerle sentir a salvo y protegido.

Él era fuerte. Mucho. Yo en su lugar no habría sobrevivido, eso lo tenía claro.

Todo lo que vivió no me habría hecho más fuerte, me habría destruido.

En ese sentido, Alexis y yo éramos muy diferentes.

Como la canción La decisión , de Subze. Al principio habla de una mujer sentada en un puente que quiere suicidarse.

Ha pasado por mucho en la vida, y tras la última caída, cree que no podrá volver a levantarse, que es mejor terminar con todo.

La mujer da un paso al frente y Subze añade que es la decisión más cobarde.

La misma que tomaría yo si hubiera vivido todo lo que pasó Alexis.

Elegiría olvido y dejar de sufrir. Después, la letra da una vuelta.

La misma mujer decide dar un paso atrás, y Subze sentencia que es la decisión más valiente.

Como el camino que siguió Alexis cada vez que cayó, cada vez que se sintió solo, a disgusto con su vida o triste.

Eligió bien. Eligió quererse, reconstruirse a sí mismo, construir su vida de cero y luchar. Eligió vida.

—¿Sabes qué, cariño? —susurré mientras con mi mano libre restregaba mis lágrimas lejos de mi rostro—. Eres la mejor persona del mundo. Y eres maravilloso tal y como eres. Gracias por hablar conmigo.

Alexis se giró sobre mis piernas, quedándose boca arriba.

Buscó mis ojos y nos contemplamos el uno al otro durante un efímero instante.

La vulnerabilidad que había antes en sus ojos, era casi inexistente.

Solo había una pequeña sombra. Apoyé la palma de mi mano en su mejilla e hice círculos con mi pulgar.

Me acerqué a su rostro y le besé con ternura.

Él me devolvió el beso con sabor a agua salada.

Nuestras lágrimas se unieron en nuestras bocas sellando el secreto de todo lo que me había confesado.

Anhelaba poder borrar todos sus malos, amargos y agridulces recuerdos y reemplazarlos por algunos buenos.

Quería poder quitar las capas bajo las que se escondía, protegiéndose del resto de seres humanos.

También quería que conmigo no se escondiera nunca.

Deseaba que olvidara todos esos nítidos recuerdos que tanto dolor le causaban.

Ansiaba que dejara atrás su mierda de infancia y empezara a vivirla otra vez, a sus dieciocho años, conmigo.

Por un segundo, también quise un «siempre» con él.

Se nos pasó la hora de la comida y para cuando ambos nos calmamos, Alexis casi se tenía que ir a trabajar.

Entramos juntos por la cocina, donde nos habían dejado dos platos de pasta.

Alexis se peinó con mi ayuda y ambos nos lavamos la cara en la pila.

No comimos, nos quedamos pegados el uno al otro, con nuestras manos unidas.

Le dejé marchar cuando estuve segura de que se encontraba mejor, pues se rio de una estúpida broma que yo hice.

Le besé en los labios varias veces, muchas y él me abrazó con fuerza.

—Eres lo mejor que hay en este mundo, cielo. No sé qué haría sin ti —susurró en mi oído antes de darse la vuelta y salir por la puerta, hacia el restaurante.

«Te quiero», se quedó trabado en la punta de mi lengua mientras alargaba el brazo para sostener su mano todo lo que pude hasta que estuvo demasiado lejos para hacerlo.

Me acerqué al sofá donde estaban mis amigos, me hice una bola al lado de Ainhoa y lloré en silencio sin querer llamar la atención del crío.

Ella me sostuvo y me dejó ser vulnerable.

Gelo cambió de sitio, colocándose en el brazo del sofá, a mi lado, y pasó su mano por mi espalda. Amaba a mis amigos.

—Alexis me ha contado cosas sobre su vida —susurré cuando me hube calmado un poco—. Y… me he sentido aterrada al escuchar cómo lo ha pasado. De todo lo que pasó solo —sollocé en un murmullo.

Atisbé celos en los ojos de Gelo durante apenas unos segundos cuando supo que me eligió a mí en vez de a él para hablar de su turbio y complicado pasado.

Lunes, 18 de noviembre. Doce y diecinueve de la madrugada.

Ádriel

No me importa llorar. Es parte de mí.

Alexis

Yo, como no tenía ningún hombro en el que apoyarme cuando me sentía mal, tuve que fortalecerme y ya poco me hace llorar. Solo cuando se me agolpan muchos recuerdos, como hoy.

Ádriel

Pues estoy yo. Mi hombro no es muy cómodo, pero es un hombro.

Alexis

Muchas gracias, de verdad. Necesito a alguien así en mi vida, que me alegre.

Ádriel

Tampoco soy la alegría de la huerta. Solo soy yo. Pero me gusta verte bien. Quiero que lo estés siempre. Y cuando no, ayudarte a estarlo.

Alexis

Mientras que estés tú y seas tú, me vale. Hoy has sido maravillosa. Gracias, cielo.

Quería ser para Alexis lo que Gelo y Ainhoa eran para mí. No quería que volviera a estar solo con su caos nunca más.