Si por separado somos geniales, juntos podemos parar el mundo (A través de tus orejas 1)… Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Alexis me miró sin entender. No me hizo falta su confirmación para coger mi móvil irritada y mandar un mensaje a Gelo bastante enfadada sobre su confianza en mí.

Al menos me podría haber hecho saber sobre su «grandiosa» idea.

Mi mejor amigo me llamó en el instante en que me leyó.

Discutimos y nos gritamos para explicar cada uno su punto de vista, como solía pasar entre nosotros cuando no estaba Ainhoa para mediar.

Vociferamos hasta que llegamos a un punto medio —varios minutos después—.

Y mientras tanto, Alexis se mantuvo a mi lado, escuchando la pelea mientras entretenía al crío.

¿Podía ser el chico nuevo más excepcional?

Al terminar de hablar con Gelo, miré a Alexis y esperé que huyera tras mis gritos y mi mal genio, pero él me observó con detenimiento como yo había hecho antes.

Se quedó.

Decidí fijar mi atención en la pared que se encontraba tras él, porque si continuaba mirándole embobada, no iba a ser capaz de decirle algo coherente, encajar palabra con palabra hasta crear una oración decente.

—¿Quieres…? —Le miré dubitativa—. ¿Quieres quedarte a cenar con nosotros? Por ayudarnos con el vaso y no pirarte después del numerito con Gelo y tal. —Intenté acompañar mi pregunta con una leve sonrisa ya que parecía haber olvidado algunas de mis habilidades sociales.

Percibí duda en sus ojos y no me extrañó.

Después de mi pelea con Gelo a gritos, de que me hubiera quedado embobada mirándole sin siquiera escuchar lo que me decía, de que le dejara a él arreglar el estropicio del vaso que yo misma había dado pie a crear.

No me habría extrañado que se fuera. Pero miró al crío y asintió levemente.

—¿Crees que conmigo no va a estar a salvo teniendo en cuenta que parece que he olvidado mis habilidades sociales? —Me sentí en la necesidad de preguntar porque por un segundo pasó por mi mente que Alexis se quedaba solo para que el crío sobreviviera conmigo.

Alexis rio sin dejar de observarme. Y aquellas carcajadas que se hundieron en mis huesos y se acomodaron en mi pecho, se convertirían en mi sonido favorito.

—¿Si te digo que sí me gritarás como a Ángel?

Mi momento con Gelo, visto desde fuera, parecía más como una escena de esa vieja película de la época de mis abuelos, Kramer contra Kramer , que una pelea entre buenos amigos. Aquello hizo que mis mejillas se calentaban por la vergüenza.

—No. Aún no tengo la confianza suficiente —contesté sin saber en qué momento empecé a hablar con él de manera tan fluida, olvidando la vergüenza tras su pregunta—. No se me da bien cocinar —admití—. Angelito y yo habíamos decidido sacar embutido y una pizza congelada.

Alexis me miró con mala cara y preguntó:

—¿Vas a dar al nene eso para cenar?

—No me juzgues. —Salté sintiéndome atacada, sin importar que no le conociera de nada aún—. Perdona, no quería… —murmuré.

Quise enmendar mi error al instante, pero me sentí juzgada, como otras tantas veces en mi vida. No se me daba bien cocinar. No era para poner esa cara y hacerme sentir mala tía.

—Tranquila. —Alexis me guiñó un ojo y me dedicó una medio sonrisa. Quitó importancia a mi pequeño momento de ira con maestría—. Preparo yo la cena. Esperadme en el salón.

—No, no. Bastante que ya piensas que estoy pirada. Gelo me va a matar por traumatizarte. Hago unas pizzas —hablé de manera atropellada—. Un día es un día. Al crío no le saldrán dos cabezas más por cenarlas una vez.

Alexis rio y me convenció de cenar algo más sano.

La verdad era que prefería una y mil veces la comida casera, pero no estaba muy a gusto con la idea de que nos cocina cuando yo era la que estaba al mando de la casa.

Nos quedamos en la cocina y Angelito ayudó a Alexis mientras yo intentaba no entrar en colapso ante el desastre que se estaba creando en la cocina.

Yo aún tenía mucho que aprender en lo que a vivir con un niño se refería y sin embargo, Alexis parecía relajado ante el desastre a su alrededor.

«¿Será que ha vivido con niños antes? ¿Por qué se desenvuelve tan bien y parece tan a gusto con el crío?

A mí a veces me cuesta horrores pasar tiempo con él».

La facilidad de Alexis para relacionarse con nosotros llamó mi atención, así como la cercanía con la que trataba a Angelito, e incluso a mí, que no me conocía de nada.

Se me hizo raro que fuera tan abierto con nosotros, pero que luego fuera tan silencioso como para que no se le escuchara en la buhardilla o que no me lo hubiera cruzado por la casa.

Dejé que Alexis guiara la mayor parte de la conversación durante la cena, pues quería saber algún dato nuevo sobre él.

Me contó que trabajaba en el restaurante del pueblo y aunque no estaba muy contento con su horario —salía tarde por la noche, solo tenía las mañanas libres y libraba los miércoles—, era lo que había.

Agradecí su compañía en silencio. Hablar con un adulto —aparte del rato con Ainhoa— después de más de doce horas manteniendo conversaciones un tanto extrañas con un niño de cuatro años, me hizo regresar al planeta Tierra y dejar la fantasía relegada a un rincón.

Tras la cena y con Angelito dando cabezadas en la mesa, me despedí de Alexis y llevé al crío a mi habitación.

Nos tumbamos juntos y mientras le acariciaba el pelo, mi mente danzó hacia el desastre de cocina que tendría que limpiar y me agobié solo de pensar en cómo estaba todo y lo que tardaría en dejarlo fetén.

Cuando Angelito se durmió, decidí arreglar la cocina para tener mi conciencia tranquila.

Sin embargo, al entrar vi que todo estaba recogido y completamente limpio.

No me lo podía creer. Sonreí como una boba.

—¿Has visto, Togo? —Miré al perro carey de pelaje esponjoso, a mi vera—. Está todo limpio. No parece que haya estado cocinando un niño hace un par de horas.

Saqué a Togo al jardín y eché de menos ese cigarro que Gelo se fumaba apoyado en el marco de la puerta de la cocina mientras ambos mirábamos al perro disfrutar del jardín.

No tardé en volver a entrar en casa seguida por Togo e irme a la habitación.

Me tumbé, encendí la luz de la mesilla y leí un ratito con rap sonando de fondo.

Cuando los ojos se me empezaron a cerrar, también cerré el libro.

Lo dejé a mi lado y cogí mi móvil para escribir a Alexis.

Sábado, 3 de agosto. Once y treinta y siete de la noche.

Ádriel

Gracias por la cena. Y por limpiar la cocina. No tenías por qué hacerlo. Todo el mundo sabe que quien cocina no friega.

Alexis

No ha sido nada. Me alegro de que los hayáis disfrutado. Cuando os quedéis solos, si estoy por casa no me importa cocinaros algo.

Ádriel

Muchas gracias, pero no quiero

molestar.

Alexis

No molestas. Me gusta cocinar para los demás. Y si es para un niño y una chica tan agradecidos como vosotros, más aún.

Ádriel

Gracias. Me voy ya a dormir. Si quieres bajar mañana a desayunar con nosotros un Cola Cao y tostadas, eres bien recibido.

Alexis

Gracias. Prefiero el Nesquik.

Ádriel

Voy a hacer como que no he leído eso.

Alexis

Ja, ja, ja. El Nesquik está rico.

Ádriel

Lo que tú digas. Pero en esta casa no entra un bote.

Ádriel

Aún así, eres bienvenido a bajar y

desayunar con nosotros.

Alexis

Gracias. Lo tendré en cuenta. Hasta mañana, Ádriel.

Ádriel

¡Hasta mañana!

Sonreí como una boba al móvil, apagué la luz de la mesilla y me giré hacia Angelito para besar su frente con mimo.

Había sido interesante descubrir a Alexis por fin.