Si nuestro destino quiere Capítulo 38
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Capítulo 38

Liam

Aterricé en el aeropuerto de Nueva York pasadas las diez de la noche y lo primero que hice fue marcar el número de teléfono de Oliver para decirle que me esperara en el restaurante de la Quinta Avenida en el que se cerraban muchos negocios.

Tenía una zona completamente apartada, precisamente para eso, para cuando se tenían que negociar o hablar temas importantes lejos de la vista y el oído de los demás. Sabía que siempre había mesas disponibles en esa zona, pero, aun así, quise llamar para reservar una para dos personas.

Os podéis pensar que era demasiado tarde para que nos pudieran preparar una cena, pero era el único restaurante de toda la ciudad que no cerraba su cocina hasta bien entrada la madrugada, tanto por los ejecutivos que acudíamos allí como por los turistas, que tenían otra zona completamente diferente a la que había solicitado yo.

Estaba entrando en el restaurante cuando escuché que Oliver me llamaba. Traía consigo una carpeta bastante abultada, por cierto, en la que suponía que se encontraban todas las pruebas e informes que había recopilado el investigador privado que había contratado.

—Amigo, cualquiera diría que has pasado todo el día metido en un avión.

—Menos cachondeo, que vengo muerto, te lo aseguro. Si no me encontrara tan cansado, en cuanto terminara aquí, te juro que iría a ver a Lakisha y a contárselo todo.

—Ahórrate el viaje, no está en la ciudad. Se ha mudado.

—¿Cómo que se ha mudado? ¿Adónde?

—A San Francisco. Le ha salido una oferta de trabajo imposible de rechazar, en una orquesta en la que ella será la protagonista indiscutible de los conciertos de piano.

—¡Me cago en la puta, joder! De verdad que hay días en los que uno no debería levantarse, y hoy es uno de ellos.

—Uy, si fuera así, tú deberías estar acostado desde hace más de dos años, Liam.

Solté una carcajada, porque este hombre tenía la habilidad de hacerlo todo más fácil, de verle el lado cómico a cualquier desgracia, y eso era digno de admirar. Ojalá yo pudiera mirar la vida de esa manera, me habría ahorrado muchos disgustos.

Entramos en la sala que nos habían reservado, en la que estaba la mesa donde cenaríamos y un pequeño sofá, por si los clientes querían tomar una copa. Además de eso, los camareros tan solo venían cuando el cliente pulsaba un botoncito que había junto a la mesa.

Nos trajeron una botella de vino blanco que habíamos pedido e hicimos la comanda de la comida: pescado al horno con verduras para mí y un filete de buey con verduras a la plancha para Oliver.

Lo hicimos así para que, una vez que nos trajeran la comida, pudiéramos hablar tranquilamente de todo lo que habían descubierto. Mientras eso no ocurría, me estuvo contando lo que había pasado para que Lakisha hubiera salido de la ciudad.

Una vez que nos quedamos a solas y la puerta del reservado se cerró, Oliver puso la carpeta encima de la mesa. La miraba como si estuviera delante de una bomba de relojería, esperando a que yo la abriera para explotar y hacer saltar mi vida por los aires.

—Creo que voy a cenar antes de abrirla. Llevo todo el día sin comer y tengo la leve impresión de que, al hacerlo, se me van a quitar las ganas.

—Pues sí, amigo, te aseguro que lo que vas a ver en esas páginas no será de tu agrado.

Comimos hablando de todo lo que me habían hecho Jules y Mark, de cómo se habían aliado para hacerme caer en su trampa.

Le conté también que había hablado con el director del hospital y que había dejado firmado un documento en el que afirmaba que no reconocía a esa niña como hija mía y que no quería que mi nombre apareciera en ningún documento hasta que se demostrara lo contrario.

—Es hora de que te explique todo, Liam. Y, por favor, tómatelo con calma, no quiero terminar en el hospital contigo sufriendo un ataque al corazón.

—¿Tan fuerte es?

—No, lo es mucho más. En cuanto abras la carpeta, lo podrás comprobar. Todo lo que tú te puedas imaginar, multiplícalo por mil, y creo que ni siquiera te acercarás a la verdad.

Cogí la carpeta con miedo y, con esa sensación, la abrí.

Fui viendo fotos, documentos e informes que había realizado el investigador privado.

Había conseguido hasta transcribir los mensajes y los correos electrónicos que se habían enviado las dos personas que menos esperaba que me pudieran traicionar.

En esos documentos pude comprobar que la niña no era mía, sino de Sam, que mantenía una relación con Jules a mis espaldas y que había empezado incluso cuando estábamos juntos en la universidad.

Mientras ella estuvo con aquel millonario, seguían viéndose y desviando dinero a una cuenta conjunta que tenían en un paraíso fiscal.

Sus planes estaban claros y, para llevarlos a cabo, contaban con la ayuda de Mark. Por eso digo que las dos personas que menos esperaba que pudieran traicionarme llevaban haciéndolo durante años.

Jamás me fijaba en los documentos que Mark me daba a firmar, confiaba ciegamente en él y, entre ellos, me había colado varias transferencias a esa cuenta del paraíso fiscal, tal y como me había demostrado el investigador.

Eso era todo lo que tenía por delante. No podía creer lo que estaba viendo.

Todo era por dinero y les daba igual lo que tuvieran que hacer para conseguirlo.

Según había descubierto el investigador, su plan era que yo contrajera matrimonio con Jules y, una vez que eso sucediera, entre ella y Mark hacerme pasar por incapacitado para los negocios, quedándose ellos con todo el fruto de mi trabajo.

—Veo que te has dado cuenta de la magnitud del asunto.

—Tengo que denunciarlo todo ahora mismo, antes de que hagan nada más a mis espaldas.

—Tranquilo, antes de que firmaras ese documento ya estaba presentada la denuncia. Espero que no te haya molestado que actuara en tu nombre y como tu abogado.

—¿Molestarme? Te voy a sacar de aquí a hombros, como sacan a los toreros en España de las plazas cuando hacen una buena corrida.

—Mejor me guardo para mí todo lo que estoy pensando de la corrida.

Volví a soltar una carcajada, porque es que este Oliver era una persona única y me lo demostraba a cada paso que daba. Era un ser excepcional, de esos que te encuentras muy pocos en la vida, y pensaba conservarlo para siempre.

Salimos de aquel restaurante y yo tenía sentimientos encontrados. Por un lado, estaba feliz de que todo hubiera salido a la luz, pero, por otro, muy dolido por la traición que había sufrido de mis dos mejores amigos, porque de Jules me podía esperar cualquier cosa.

Al llegar a casa no dudé en contárselo todo a Charlotte, que, tras escucharme sin decir una sola palabra, se levantó de donde estaba sentada y fue a su habitación. Salió de allí minutos después, con una maleta en la mano y una frase que se me quedaría grabada para siempre.

—Cuando tengas los huevos de ponerte frente a ella y contárselo todo, entonces vienes a buscarme. Mientras tanto, hazte cuenta de que no existo para ti.

—Charlotte, no me puedes dejar solo ahora.

—Te lo has buscado tú mismo. Ábrele tu corazón a Lakisha y, entonces, me pensaré si te hablo o no.

Los días siguientes fueron un puto infierno para mí. Para empezar, en la empresa, nada más levantarme al día siguiente, llamé a Oliver, al que le dije que, desde ese mismo momento, se había convertido en mi abogado y entraba a formar parte de la nómina de mi empresa.

Le pedí que viniera conmigo para echar a Mark, poniéndole todas las cartas sobre la mesa. Mi teléfono no paraba de sonar desde el día anterior. Tanto él como Jules no dejaban de llamarme y enviarme mensajes, pero ni leí ninguno ni contesté a ninguna de sus llamadas.

No los había borrado para abrirlos delante de Oliver, por si había algo que pudiéramos añadir a la denuncia que habíamos puesto con anterioridad, porque no dudaba de que en los mensajes de Jules vendría implícita alguna amenaza.

—Avisa a Mark, por favor, dile que lo quiero en mi despacho en menos de cinco minutos —le dije a mi secretaria.

—Ahora mismo, señor Stone. Por cierto, ha llegado un sobre a su nombre que he dejado en su escritorio.

—Gracias, ahora mismo le echaré un vistazo.

Entramos en mi despacho y, sí, allí estaba ese sobre que venía sin remitente y que sabía que contendría algo de parte de alguno de ellos tres, seguramente relacionado con Lakisha. Pero no me iba a enfadar, fuera lo que fuera, porque ya no me creía absolutamente nada.