Capítulo 26
La boda había terminado y cada uno se marchaba a su casa, a excepción de mis padres, a los que les habíamos regalado esa noche en el hotel y una semana en Acapulco. Saldrían en dos días, así que todavía tenían tiempo de preparar la maleta y descansar de la resaca emocional de la boda.
Al llegar a la puerta de mi edificio, me encontré con alguien que no esperaba, pero a quien me alegró enormemente ver allí. El niño iba en mis brazos, completamente dormidito, mientras Mike se ocupaba de bajar el carrito del maletero del taxi que nos había traído.
—Charlotte, ¿qué haces aquí a estas horas?
—Ay, Lakisha, mi niña, no sabía dónde ir.
—¿Te ha pasado algo con Liam?
—Sí, pero me gustaría hablar en un lugar un poquito más tranquilo, por favor.
—Y en el que no haga tanto frío. Subamos a mi casa.
—Lakisha, ya puedes ponerlo en el carrito, si quieres —me dijo Mike al llegar hasta nosotras.
—No hace falta, Mike, ya vamos para casa. Mira, ella es Charlotte, de la que ya te he hablado en multitud de ocasiones.
—Hola, Charlotte, encantado de conocerte.
—Igualmente, mi niño.
Mike me quitó al niño de los brazos y me dio el carrito, porque mi hijo ya pesaba bastante y, cuando llevabas un rato cargando con él, se dejaba caer por completo.
Entramos en el portal y subimos en el ascensor.
Me fijé en que Charlotte llevaba una maleta.
No sabía lo que había ocurrido, pero estaba claro que no la dejaría en la calle.
—Dame un momento para cambiar y acostar al niño y enseguida estoy contigo.
—Gracias, mi niña, no sabes cuánto te lo agradezco.
—Puedes dejar tu maleta en la habitación de invitados y cambiarte de ropa, si quieres, así estarás más cómoda. ¿Has cenado?
—No te preocupes por la comida, tampoco es que tenga muchas ganas, cariño. En todo lo demás, te haré caso.
Cada una entró en una habitación. Ethan ya dormía solito en la suya, por lo que, en cuanto lo cambié, lo metí en la cuna y activé la cámara, que ya utilizaba a diario. Después me fui a mi habitación para quitarme los zapatos y ponerme cómoda yo también.
Como sabía que Charlotte tardaría un ratito, ya que le había dicho que podía utilizar el armario, que se encontraba vacío, para guardar lo que quisiera, me di una ducha rápida y me puse mi pijama gordito. A esas horas de la noche, las temperaturas bajaban en picado y hacía bastante frío.
Al llegar al salón, me encontré a Charlotte mirando fijamente la pantalla de la televisión, completamente apagada, como si estuviera ida, y me asusté bastante. No quise importunarla ni que se sintiera presionada para hablar, por eso tan solo me senté a su lado y le cogí la mano.
—Mi niña, ese hombre no sabe lo que está haciendo, te lo prometo.
—¿A qué hombre te refieres, Charlotte?
—A Liam. Esa mujer le tiene el coco comido, entre otras cosas, y no entiendo cómo puede creerla, con todo lo que le ha hecho en la vida.
—Hoy lo he visto y ha conocido a su hijo.
Dije eso sin pensar y vi cómo los ojos de Charlotte se abrían por la sorpresa. Estaba claro que eso era lo último que esperaba que le dijera, pero rápidamente pasó a la alegría, aunque también a la incertidumbre, por lo que seguí contándole.
Le expliqué todo lo que había sucedido en la fiesta de aniversario de mis padres y cómo, sin querer, Liam se había enterado de que teníamos un hijo. También le conté lo que me había reprochado y cómo lo habían engañado como a un niño.
—No sabía que había contratado a un detective…
—Charlotte, todo lo que te he contado tiene que ser confidencial. Además, te pediría, por favor, que no le dijeras que te lo he contado. Su futuro puede estar en juego.
—Por supuesto que no, cariño, esto no saldrá de esta habitación. Lo que me pregunto ahora es si estará preocupado por mi desaparición, después de la bronca que tuvimos antes de que saliera.
—¿Qué ocurrió, Charlotte?
Charlotte me explicó todo lo que se habían dicho en ese momento, en el que ambos se dejaron llevar por lo que sentían, sin pensar en el daño que podían hacerle a la otra persona. La miré fijamente y le dije lo que pensaba.
—Deberías llamarlo y decirle dónde estás.
—Si lo hago, vendrá a por mí.
—Y tú, ¿qué quieres hacer? No es que me moleste tu presencia en mi casa, ni mucho menos, porque estoy encantada de que estés aquí, de que hayas pensado en mí como tu refugio.
—No lo sé. Me encantaría volver a casa, pero siempre y cuando Liam no vuelva a actuar de esa manera.
—Habla con él, díselo tal y como me lo has dicho a mí y así podrás saber cuál es su manera de pensar.
—Tienes razón, aunque, si vuelvo a casa, será mañana por la mañana, porque quiero ver a ese niño despierto y darle mil besos.
—Como si te quieres quedar unos días. Mi casa es la tuya durante el tiempo que desees.
—¿Te importa si me voy a la habitación para hablar con él?
—Para nada, muévete y actúa con total libertad. Mientras tanto, yo te prepararé algo de comer, que no te puedes ir a la cama sin cenar o no podrás descansar.
—Gracias por todo, mi niña.
Me marché a la cocina mientras Charlotte se iba hasta la habitación de invitados para hablar con Liam. Saqué un par de huevos de la nevera para hacerlos revueltos y puse unas lonchas de pavo en un plato.
Sabía que a ella no le gustaban los sándwiches, porque decía que eso era para el colegio de los niños, que una persona adulta no se podía mantener con eso en el estómago, por lo que opté por ponerlo todo en un plato y que ella se lo comiera como le diera la gana.
En un determinado momento, se acercó de nuevo a la cocina y me tendió el teléfono. Me quedé mirándolo sin saber qué quería, porque lo que menos se me pasaba por la cabeza era que Liam quisiera hablar conmigo.
—Contesta, chiquilla, que quieren hablar contigo.
—¿Conmigo? ¿Quién?
—Anda, contesta y lo averiguas tú misma.
—Hola, soy Lakisha —contesté, con mucho miedo, la verdad.
—Lakisha, buenas noches, y perdona que te moleste. Soy Liam.
—Dime, Liam, ¿qué te ocurre?
—Me gustaría pasar mañana por tu casa por dos motivos. Primero, porque tengo que hablar con Charlotte y pedirle disculpas cara a cara. Quiero contarle todo y no encuentro mejor lugar para hacerlo que ahí.
»Y, en segundo lugar, porque me apetece pasar un rato con el niño, si a ti no te importa.
—Por mí no hay problema, siempre y cuando no vengas con ninguno de tus amigos ni con esa mujer. Me hicieron daño, pero no voy a permitir que se lo hagan a mi hijo.
—Entonces, nos vemos mañana.
—Cuando quieras, aquí estaremos. No tengo que ir a ninguna parte, por lo que puedes venir a la hora que te venga mejor.
—Iré para desayunar, compraré pan caliente y algunos bollos.
—Está bien, yo pondré el café.
—Lakisha, una última cosa.
—Dime, Liam.
—Cuando hables de Ethan conmigo, ¿te importaría cambiar el «mi hijo» por «nuestro hijo», por favor?
—No te prometo nada, pero lo intentaré.
—Gracias, hasta mañana.
—Hasta mañana, Liam.
Una sonrisa se pintó en la cara de Charlotte, que vino a darme un abrazo. Me sentía tan bien entre sus brazos que me pasaba igual que con mi madre. Ella era hogar, era seguridad, y eso no lo cambiaba por nada en el mundo.
Nos sentamos a la mesa de la cocina mientras ella se comía lo que yo había preparado. Yo me tomaba una infusión de manzanilla caliente, como hacía cada noche desde que descubrí que estaba embarazada y que me ayudaba mucho a conciliar el sueño.
Me contó que Liam estaba muy preocupado cuando lo llamó, pues no había dejado ni una nota antes de irse, pero logró tranquilizarlo en cuanto le dijo que se encontraba conmigo, en mi casa. Entonces, algo se me pasó por la cabeza.
—¿Cómo va a venir mañana si no sabe dónde vivo?
—No te preocupes por eso, cariño, yo se lo he dicho y espero que no te haya molestado mi gesto.
—Para nada. Si no hubiera querido que viniera, le habría dicho que no.
—¿Estás dispuesta a dejarlo estar presente en la vida del niño? Como padre, me refiero.
—Sé a lo que te refieres, y sí, pero con condiciones.
—Entiendo que esas condiciones se las dirás a él, por supuesto.
—Ya las sabe. No quiero a ninguno de sus amigos cerca de mi hijo y mucho menos a esa mujer.
—Y haces bien. Esa mujer no traerá nada bueno.