Capítulo 25
Liam
Joder, joder, al final todos tenían razón y yo era un gilipollas que se había creído todo lo que le habían puesto por delante, sin cuestionarme nada. Quizás lo había hecho porque me interesaba hacerlo, ya que era más fácil pensar de esa manera que enfrentarme a la realidad.
—¿Me dejas darte un consejo? —me preguntó Oliver.
—A estas alturas, dime lo que quieras. Me siento un idiota de manual.
—¿Quieres saber la verdad sobre el hijo que espera Jules?
—Quiero saber la verdad sobre muchas cosas, no solo sobre eso.
—En lo demás no puedo ayudarte, pero en ese tema sí. Además, sigo pensando que tenéis mucho de lo que hablar, a solas, sin que nadie esté delante.
—¿Qué me propones, Oliver?
—Yo le encargaré a mi detective de confianza la investigación sobre esa mujer y no te cobraré nada. Creo que va siendo hora de que sepas la verdad, toda la verdad.
Esta última frase la dijo mirando a Lakisha. No sabía el motivo por el que lo había hecho, pero, después de todo lo que me había pasado, no pensaba quedarme de brazos cruzados, así que la miré y esperé a que me dijera lo que fuera.
En el momento en el que iba a preguntarle qué pasaba, llamaron a la puerta de la sala en la que estábamos y apareció ese hombre que yo pensaba que era su pareja, con el niño en brazos. Al fijarme bien en él, abrí los ojos como platos. No me lo podía creer.
—Lakisha, el niño está llorando, será que te echa de menos —dijo ese hombre.
—Mike, será que tiene hambre, como siempre —le contestó Lakisha, sonriendo.
—Por eso te he traído su comida, hoy no quiere nada conmigo, el señorito.
Los miraba, alternando la mirada entre ellos, sin darme cuenta de que Oliver se había acercado a mí de una manera muy silenciosa. Puso una mano encima de mi hombro y empezó a hablarme.
—Veo que ya te has dado cuenta, ¿no?
—No es posible, Jules me dijo que…
—¿Sigues confiando en esa mujer?
—¿Qué tiempo tiene el niño?
—Va a hacer un año dentro de unos días.
—Dios, es igualito que yo…
—La genética, que es muy cabrona algunas veces.
—¿Nos puedes dejar a solas, por favor?
—Por supuesto. Es más, creo que os debéis una charla para aclararlo todo.
—Gracias, Oliver. Espero noticias de tu investigador privado.
—No, Liam, de él no tendrás noticias. Seré yo el que actúe de intermediario para que no se filtre nada al exterior.
—¿Qué quieres decir con eso, Oliver?
—Pues que a tu investigador privado lo han untado bien para que dé esos informes, y ha tenido que ser alguien a quien le interesa que te creas esas mentiras.
—¿Me estás diciendo que Jules le ha pagado al investigador para que falsee los informes?
—No sé si se trata de ella o no, pero lo pienso averiguar. Por eso, te aconsejo que sigas actuando como hasta ahora, tanto con ella como con todos los demás, que no piensen que ha cambiado nada.
Oliver salió de la sala y se llevó con él a su hermano, que supe que se llamaba Mike, dejándonos a solas a Lakisha y a mí. Ella no se dio cuenta de que yo seguía allí, en el otro extremo de la habitación, y se puso a hablar con el niño.
—Ay, Ethan, tu padre es gilipollas. Mira que pensar que yo podía haber enviado esos mensajes… Ahí demuestra lo poco que me conoce.
—Te doy la razón en que soy gilipollas, pero sí que te conozco lo suficiente. Lo que ocurre es que eso era lo que me convenía creer para no abrir los ojos.
—Joder, joder, no sabía que estabas aquí.
—¿Lo dices por el instante en el que has dicho que soy su padre? ¿Me lo pensabas contar en algún momento? Dime la verdad, por favor, ya estoy harto de mentiras.
—Sí, lo digo por eso. Y no, no te lo pensaba contar. No quería que te vieras obligado a estar con una persona que no querías. Además, no quiero que mi hijo esté cerca de esa mujer, y ella es tu pareja.
—Jules no es mi pareja.
—¿Te has acostado con ella en los últimos meses?
Me callé y agaché la cabeza. No podía decirle que no, porque justo lo había hecho antes de llegar a ese hotel. Si yo no quería que me mintieran, tampoco lo iba a hacer yo. No podía exigir algo que no estaba dispuesto a cumplir, pero no me hizo falta contestar, ella lo dio por hecho.
—No hace falta que digas nada, tu silencio te ha delatado.
—Jules no significa nada para mí, te lo prometo.
—Ya, no significa nada, pero follas con ella. Mira, ya estoy cansada de todo esto. Sí, es tu hijo y no me opondré a que le hagas la prueba de paternidad si es lo que quieres, pero, desde ya, te digo que, si quieres ser parte de su vida, lo harás cuando no esté esa mujer.
—No me puedes pedir eso, sería como elegir entre mis dos hijos…
—En el caso de que esa mujer esté engendrando al hermano de mi hijo, no me niego a que tenga relación con él, pero no con ella. Es muy sencillo, no te estoy diciendo que elijas entre los dos, lo que te digo es que mi hijo no estará en su presencia.
—No necesito pedir ninguna prueba, sé que es mi hijo, lo supe nada más verlo. ¿Puedo cogerlo en brazos?
—Si él te deja, no tengo ningún problema. Pero, si dice que no, no te lo dejaré. Mi hijo es un tanto peculiar, cala a las personas desde el primer momento.
Me acerqué al niño, que me miraba curioso.
En un determinado momento, me regaló una sonrisa y yo aproveché para cogerlo de los brazos de su madre.
Me dolía cada vez que decía que era su hijo y no nuestro hijo.
Mirar a Ethan era como hacerlo en una de las muchas fotografías que tenía Charlotte de mí cuando era pequeño.
—Hola, campeón, soy papá.
—Es muy pequeño, todavía no habla —me dijo Lakisha.
—Ya lo veo, pero también lo entiende todo.
—Mamá —dijo el niño, señalándola a ella.
—Claro que sí, ella es mamá y yo papá.
—Papá —me contestó, esta vez señalándome a mí.
—Eso es, mamá y papá…
Estaba hablando con el niño cuando se abrió la puerta de nuevo, pero esta vez sin llamar, y apareció ella, tocándose el vientre, como si quisiera que Lakisha notara su embarazo, y mirándome de una manera que marcaba territorio.
—Pero bueno, ¿y este niño tan mono? ¿Es tu hijo, Lakisha? ¿A quién se parece? —le preguntó, como si fueran amigas del alma.
—Ven, cariño, que los abuelos nos están esperando.
Lakisha vino hasta donde yo estaba con el niño y me lo quitó de los brazos, saliendo de la sala con él y dejándome allí con Jules, que me miraba con los ojos entornados, como si me estuviera analizando.
Recordé las palabras que me había dicho Oliver y cambié el chip. No se tenía que enterar de que era mi hijo antes de tiempo, mucho menos de que me había dado cuenta de que todo lo que me había contado el detective era una mentira que había trazado junto con alguien.
—Vámonos, ya le he dicho todo lo que pensaba. Ya está todo aclarado entre nosotros.
—¿Y ese niño? ¿Por qué lo tenías tú entre tus brazos?
—Porque a ella le dolían las manos y tenía miedo de que se le cayera al suelo.
—Pues poco le duelen. Según las personas que estaban ahí afuera, ha dado un recital de piano que ni en el auditorio de la ciudad.
—Eso no es cierto, ella no puede tocar el piano, se lo dijeron en el hospital.
Salí de aquella sala con ella pisándome los talones y, al llegar al salón principal, vi cómo Mike tenía al niño en brazos y Lakisha estaba sentada al piano. Todo el mundo la miraba atentamente y me frené en seco, porque no podía ser.
Efectivamente, y aunque tan solo escuché una parte de la pieza que estaba tocando, supe que se había recuperado de su dolencia. Me lo apunté mentalmente para preguntarle a Oliver, con el que hablaría en breve.
Salimos de allí y puse rumbo a su casa, donde la dejaría antes de ir a la mía.
En mi mente se mezclaba la rabia por sentirme engañado, pero también la alegría por tener un hijo, mi niño, que era idéntico a mí.
Me pregunté si Charlotte sabría de su existencia, pero, como iba a pedirle disculpas en cuanto llegara, se lo preguntaría.
—¿Por qué no paras en el mismo sitio de antes? Tengo ganas de ti.
—Porque no me apetece. Te dejaré en tu casa e iré a la mía, estoy cansado.