Si nuestro destino quiere Capítulo 24
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Capítulo 24

Liam

El detective me había enviado sus informes, avalados por fotografías y vídeos, en los que se veía a Lakisha con ese hombre con el que la vi en el hospital aquel día. Además, también me había aportado pruebas que, según él, demostraban que el bebé que esperaba Jules era mi hijo.

Pero, además de todo eso, también me dejó mensajes que había interceptado en mi correo electrónico y que eran de Lakisha, en los que me decía que Jules no era la mujer que yo necesitaba, que ese hijo que esperaba no era mío y en los que me pedía dinero para poder marcharse del país y dejar todo atrás.

No os podéis imaginar la rabia que sentía, cómo me hervía la sangre en ese momento.

¿Cómo podía tener la poca vergüenza de estar acostándose con otro y pedirme dinero a mí?

En ese momento, me fijé en el periódico que estaba encima de la mesa, en el que se anunciaba la renovación de los votos de los Montgomery, y sabía que estaría allí.

Cogí el móvil y llamé a Jules. Le dije que se arreglara, que nos íbamos de boda y que la recogería en media hora. Salí de mi despacho, donde tenía toda la documentación que me había llevado Kennedy, pero antes cogí ese sobre. Me iba a enfrentar a ella con todas las pruebas por delante.

Subí a mi habitación, me vestí acorde con el evento al que íbamos a acudir y guardé el sobre en el bolsillo interior de mi chaqueta.

Cogí mi cartera y mis llaves, tanto las del coche como las de mi casa, y me dispuse a salir rumbo a casa de Jules para recogerla e ir hasta el hotel donde se estaba celebrando el evento.

Al llegar al recibidor, vi cómo Charlotte me miraba de reojo. Desde ese día en el que tuvimos aquella discusión, no habíamos vuelto a dirigirnos la palabra. Tan solo lo hacíamos cuando era algo relacionado con la casa, con alguna reparación o compra necesaria.

—Veo que sigues en tus trece.

—Pues mira, no. Voy a plantarle cara a la poca vergüenza de Lakisha.

—¿Perdona? ¿Poca vergüenza ella, que se marchó de aquí con una mano delante y otra detrás?

—No te preocupes por eso, que ahora me ha pedido dinero para irse del país. Bueno, más bien ha intentado chantajearme a cambio de no hacer público el accidente y la manera en la que, según ella, la traté.

—¿Y te lo has creído?

—Ha sido un detective privado el que se ha encargado de destapar todo.

—Sigues siendo igual de idiota. Lo mismo, cuando te des de bruces con la realidad, te das cuenta de las cosas.

—Mira, Charlotte, ya estoy cansado de que me insultes, de que te metas en mi vida. Esto es lo que hay y, si no estás conforme, me lo dices y te preparo la liquidación ahora mismo.

—No te preocupes, que no hará falta.

Charlotte se fue, dejándome con la palabra en la boca. Sabía que me había pasado con la manera de hablarle, pero ahora no podía perder más tiempo o, cuando llegara, Lakisha ya no estaría allí. Hablaría con ella cuando volviera.

Recogí a Jules, que me dio un beso en los labios a modo de saludo.

No sé si era la rabia que sentía o el dolor, pero lo cierto es que me gustó saber que ella estaba ahí.

En ese momento me dio igual que llegáramos tarde y, por eso, me desvié del camino hasta encontrar un paraje por el que no pasaban ni las moscas.

—¿Qué estamos haciendo aquí? No veo ninguna boda por aquí.

—Estamos aquí porque te necesito. Quiero sentirte en toda tu plenitud; no será ni delicado ni lento.

—Vamos, que has parado para que te deje follarme, ¿no?

—Entre otras cosas. ¿Estás de acuerdo?

—Estoy deseándolo, que no es lo mismo.

Bajé del coche, abrí la puerta del copiloto y puse a Jules en la posición que necesitaba para lamer su sexo. Ella misma me ayudó a quitarle el tanga que llevaba, lo que me puso duro al instante.

Le hice sexo oral allí mismo, arrodillado en medio del campo, mientras ella gritaba de placer. Se me había olvidado lo receptiva que era y lo que disfrutaba del sexo. Cuando conseguí que tuviera el primer orgasmo en mi boca, la tomé del brazo y la saqué del coche.

La dejé caer sobre el capó, levanté su vestido y me la follé allí mismo. Fue duro, como sabía que le gustaba a Jules, pero también porque era lo que necesitaba yo en ese momento. Tenía que sacar toda la rabia que sentía y no había mejor manera de hacerlo que con sexo fuerte y rápido.

No pensé en si ella se corría o no; lo único que necesitaba era hacerlo yo y, claro que lo hice, de una manera bestial. Cuando terminé, me guardé el tanga de Jules en el bolsillo de la chaqueta, pero tampoco es que a ella le importara mucho ir sin ropa interior.

Sacó un paquete de toallitas íntimas de su bolso, se limpió como pudo y entró de nuevo en el coche.

Después de hacerlo, me sentí mal, me sentía un miserable porque otra vez había vuelto a suceder, pero, en esta ocasión, ocurrió al contrario: fue el nombre de Lakisha el que grité mientras me dejaba ir en su interior.

—Jules, yo… siento mucho…

—¿Haber gritado su nombre mientras te corrías?

—Precisamente eso. Debes sentirte utilizada y no me gusta esa sensación.

—No tengo la piel tan fina como ella, Liam. No le he dado la menor importancia. Has sido tú el que ha sacado el tema.

—¿Me lo dices en serio?

—Por supuesto. Mira, Liam, si no hubiera querido follar contigo, no lo hubiera hecho. Ese último segundo le puede pasar a cualquiera. Yo conseguiré que vuelvas a gritar mi nombre en vez del suyo, si me dejas, claro.

—Creo que debemos dejarlo aquí. Mi cabeza es ahora mismo un hervidero y tengo que poner mis ideas en orden.

—Tengo todo el tiempo del mundo, siempre y cuando te ocupes de nosotros. Es tu hijo, te lo aseguro.

Jules acarició su vientre mientras yo arrancaba el coche y volvía a poner rumbo a ese hotel en el que sabía que me encontraría con ella. La vi bailando con ese hombre, riendo y siendo feliz, y sentí celos, unos celos horrorosos que no había sentido nunca.

En cuanto me vio, bueno, nos vio, porque Jules iba cogida de mi brazo, su semblante cambió y vino hasta donde estábamos nosotros, no sin antes hacerle un gesto al abogado de los Montgomery, que no tardó ni cinco segundos en estar a su lado.

—¿Se puede saber qué haces aquí y con esta? —preguntó.

—Me has mentido, Lakisha, ese hijo que lleva Jules en su vientre es mío —le contesté.

—¿Y qué quieres? ¿Un aplauso o un trofeo?

—Quiero que me dejes en paz, que no me busques más y dejes de enviarme mensajitos. Ya sé de ti todo lo que tengo que saber.

—¿Se puede saber de qué coño estás hablando?

—Creo que será mejor que habléis a solas, porque tenéis muchas cosas que aclarar —dijo Oliver, el abogado.

—No me pienso separar de mi hombre. Lo que tengan que hablar, que lo hagan en mi presencia —sentenció Jules, que se agarró a mi brazo todavía más fuerte.

—Jules, cariño, lo que dice el señor Steal es cierto. Debemos hablar, pero no solos. Quiero que contemos con la presencia de un abogado y aquí vemos que hay muchos. —Le hice entender.

—Pero yo…

—Ve a tomarte un zumo, te prometo que no tardo nada.

Le dejé un beso en los labios y noté cómo Lakisha apartaba la mirada, como si le doliera lo que estaba viendo, pero no podía ser, no cuando ella ya había rehecho su vida y tenía un hijo con ese hombre con el que estaba bailando.

Oliver se ofreció voluntario para ejercer de abogado en esta reunión y yo acepté.

Salimos de esa sala y nos llevaron a una mucho más pequeña en la que tan solo estábamos los tres.

Antes de salir de allí, Lakisha se acercó a sus amigas para que estuvieran pendientes del niño, cosa que no entendía, sobre todo estando allí su padre.

—Ahora que estamos a solas, ¿me puedes explicar qué coño has dicho ahí fuera de que yo te busco?

—No te hagas la tonta, lo has intentado de todas las maneras posibles.

—Liam, desde que salí de tu casa aquel día, hace ya casi dos años, no he vuelto a ponerme en contacto contigo de ninguna de las maneras.

—Tengo pruebas de que no es cierto eso que has dicho.

—Pues, a ver, enséñamelas.

—Además, no entiendo que me pidas dinero para salir del país cuando ya tienes una pareja y un hijo con esa pareja.

—¿Que yo tengo pareja? ¿También tienes pruebas de eso?

—Por supuesto que sí, y las traigo todas conmigo.

—Chico, pues te insisto en que me las enseñes, lo mismo hasta me entero de quién es mi pareja. Si está bueno, puede ser que me tire a su cuello.

Lakisha se lo estaba tomando todo a broma y no me estaba gustando nada, por lo que, antes de sacar el sobre, quise seguir reprochándole todo lo que llevaba dentro y saqué el tema del embarazo de Jules.

—Te las enseñaré, pero antes tengo que comentarte otra cosa más.

—¿Comentarme o seguir acusándome de algo que no he hecho?

—No me creo tus palabras de que el hijo de Jules no es mío. Además, si es o no mi hijo, eso tan solo me incumbe a mí, a nadie más.

—¿Pero de qué coño me estás hablando? Yo me enteré de que estaba embarazada cuando la vi contigo en el hospital, pero jamás te he dicho que ese hijo no fuera tuyo.

—¡Deja ya de mentir y de hacerme daño!

—¿Que yo te hago daño? No me hagas reír, por favor. Si alguien en esta habitación le ha hecho daño a otro, ese has sido tú a mí.

Saqué el sobre de mi chaqueta y lo tiré sobre la mesa. Oliver fue el primero en cogerlo y sacar lo que había dentro, examinando cada foto y cada documento. En un determinado momento, soltó una carcajada que resonó en toda la sala.

—¿Se puede saber qué es lo que te hace tanta gracia?

—¿De dónde has sacado a este detective? ¿Es el primo de Mortadelo y Filemón?

—¿Qué coño dices?

—Que te han timado, Liam. Y a lo grande, además. No sé lo que habrás pagado por este trabajo, pero, siendo sincero y después de analizar todo esto, creo que te deberían haber pagado a ti.

—¿Qué ocurre, Oliver? —preguntó Lakisha, algo desconcertada.

—Pues mira, te lo iré mostrando por partes y así le voy aclarando al caballero indignado todo, punto por punto.

Lo primero que hizo fue poner encima de la mesa las fotos de Lakisha con ese otro hombre, aclarándome que era su hermano, que vivía en el apartamento contiguo al de Lakisha y que era gay.

A continuación, mostró los correos electrónicos que, supuestamente, había enviado Lakisha. Ahí fue donde más me sorprendió, pues los rebatió todos, uno tras otro.

—Mira, Liam, para empezar, Lakisha no ha enviado estos correos, entre otras cosas porque no es su dirección, además de que ni siquiera es el dominio que utiliza.

—Se puede haber creado otro.

—No, porque, en todos sus documentos, ya no es Lakisha Smith, sino Montgomery. Por ese motivo, jamás te pediría dinero, sus padres adoptivos tienen recursos para que ella viva dos vidas, si hace falta.

—¿Estos correos los has recibido tú? —preguntó Lakisha.

—No, los interceptó el detective…

—Joder, tío, pareces tonto. ¿Cómo va a interceptar tu correo si tú no le has dado permiso para que lo revise?