Si nuestro destino quiere Capítulo 21
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Capítulo 21

Liam

Ese encontronazo casual con Lakisha en el ascensor del hospital fue como si me hubieran dado una puñalada en el corazón.

Sobre todo cuando comprobé que era verdad que había tenido un hijo, uno que llevaba en brazos el que suponía que era su padre, aunque había algo en aquel niño que me resultaba familiar.

—¿Te has convencido ya de que ella ha pasado página?

—Déjame en paz, Jules.

—¿No crees que ya va siendo hora de que tú también reorganices tu vida?

—Mi vida está tal y como debe estar. Ni más ni menos.

—No digas tonterías. Tu vida estaría mucho mejor si viviéramos juntos, si me dieras la oportunidad de demostrarte lo que he cambiado y lo enamorada que estoy de ti.

—No te confundas, Jules, no estás enamorada de mí, sino de mi estatus y de mi dinero. Si me hubieras querido, no te habrías marchado con ese tipo cuando lo hiciste.

—¿Tengo que pedirte perdón durante toda la vida o es que eres tan rencoroso que me lo recordarás en cuanto tengas oportunidad?

—Ni una cosa ni la otra. Mi responsabilidad contigo empieza y termina en ese niño, siempre y cuando sea mi hijo, por supuesto.

—No tomaré en cuenta eso que has dicho, porque me estás insultando de una manera muy elegante, Liam.

—No es un insulto. No recuerdo nada de esa noche y ya podrías estar embarazada de antes y querérmelo engargolar a mí. Si no hay pruebas, no hay apellido ni dinero.

—Vete a la mierda, Liam.

Jules adelantó el paso y me dejó allí, en la puerta del hospital, y no os podéis imaginar el alivio que sentí al verla marcharse.

Os prometo que estuve tentado de subir a ver qué le ocurría a Lakisha, pero realmente no sabía si era a ella o al bebé, como tampoco sabía en qué planta del hospital estarían, por lo que decidí marcharme.

Al llegar a casa, me encontré con Charlotte, que llevaba enfadada conmigo desde que firmé los papeles del divorcio. Para ella, no había luchado lo suficiente y, una vez más, me había dejado embaucar por la maldad de Jules, de la que pensaba que me estaba manipulando.

—Vuelves temprano. Pensé que pasarías el día con la víbora.

—Charlotte, sabes que no me gusta que la llames así. No es que me guste su comportamiento, pero tampoco me gusta el tuyo.

—Yo fui la que te vio llorar como un bebé cuando se marchó, la que te consoló y te acunó durante tantas noches como si tuvieras dos años, y ahora te saltas mi opinión y mis consejos para caer como un pardillo en sus fauces otra vez.

—No he caído en las fauces de nadie, te lo aseguro. Bueno, sí, he caído en los brazos del amor, pero no por parte de Jules, sino por parte de Lakisha, aunque ella ha rehecho su vida con otro hombre.

—¿Quién te lo ha dicho? ¿Jules?

—Lo he visto con mis propios ojos esta misma mañana, en el hospital.

—¿Qué es lo que has visto, si se puede saber?

—A ella, con otro hombre que llevaba a su niño en brazos…

—Primera pregunta: ¿cómo sabes que ese hombre es su pareja? Segunda: ¿cómo sabes que él es el padre del niño? Y tercera, pero no menos importante: ¿cómo eres tan tonto que no te has dado cuenta?

—¡Pues mira, sí, lo mismo y soy un tonto! ¡Lo mismo y no me entero de nada porque nadie me cuenta nada!

—Hijo mío, con lo inteligente que eres para unas cosas y lo cortito que eres para otras. Si lo que estás pensando es que sea yo la que se vaya de la lengua, lo llevas claro.

—Mira, Charlotte, te quiero como si fueras mi madre, pero me duele tanto la cabeza y estoy tan agotado de todo que no tengo ganas de seguir escuchando reproches. Me voy a mi habitación.

—Eso es lo que haces siempre. Reptas hasta tu habitación y esperas que todo el mundo te resuelva la vida personal. Ten huevos, ponte delante de ella, pídele explicaciones y compórtate como un hombre de una puta vez.

Era la primera vez que Charlotte me hablaba de esa forma, utilizando ese tono y esas palabras, y eso fue lo que me hizo tomar contacto con la realidad.

Algo debía estar sucediendo a mis espaldas, algo lo suficientemente importante como para que la persona que más me quería en el mundo me hubiera dicho todo aquello.

Tenía que descubrirlo, tenía que saber qué había detrás de todo eso y no podía contar con nadie.

Charlotte era quien podía sacar todo a la luz, pero ya me había dejado claro que no podía contar con ella.

Por otro lado, mis amigos tampoco me ayudarían, pues no podían ver a Lakisha y no lo harían ni pagando.

Y esa era la solución: hacerlo pagando.

Dejé allí a Charlotte y entré en mi despacho, dispuesto a contratar a un detective privado que me ayudara con todo aquel tema. Mientras tanto, no le contaría nada a nadie, ni siquiera a ella, pues podía irse de la lengua con alguien y joderme todo.

Estuve en mi despacho hasta poco antes de la cena, momento en el que subí a ducharme y a cambiarme de ropa, pues había quedado en un restaurante del centro con el detective para firmar el contrato y llegar a un acuerdo sobre lo que quería saber.

—¿Se puede saber dónde vas ahora?

—A cenar fuera, he quedado.

—Y no me has avisado…

—No sabía que ahora tenía quince años y tenía que dar mi localización por si me perdía.

—Deja la ironía para otro que no te conozca como yo, Liam. Sé perfectamente dónde vas y con quién has quedado.

—Entonces, ¿para qué me preguntas?

—No me vuelvas a dirigir la palabra hasta que no te comportes como un hombre de verdad. Si continúo aquí es porque no tengo un lugar a donde ir, pues yo no he educado a un cobarde.

Salí de allí sin decir nada y maldiciendo el momento en el que aquel coche se llevó por delante a Lakisha. Quizás ahora estaría muerto y nada de eso estaría sucediendo. Ella estaría triunfando como la gran pianista que era y no se habría cruzado en mi vida.

Llegué al restaurante y aparqué en un hueco cercano al edificio.

No era uno de los locales a los que iba habitualmente porque no quería que nadie pudiera reconocerme y, por eso, había elegido un restaurante de lo más modesto, en el que pudiéramos estar tranquilos sin tener que estar pendientes de quién entraba o salía.

El detective Kennedy me hizo un gesto con la mano desde la barra y, cuando llegué hasta allí, le indicó al camarero que podía llevarnos a la mesa reservada. Encaminamos nuestros pasos en absoluto silencio y esperamos a que nos sirvieran el vino para empezar a hablar.

—Quiero que investigues a una persona, tanto su pasado como su presente.

—¿De quién se trata?

—De la señorita Lakisha Smith, o Montgomery, porque creo que la adoptaron unos viejos amigos.

—¿Es una niña?

—No, es una mujer que tiene veintitantos años, pero ya no te diré nada más, entre otras cosas porque ya no doy nada por hecho. Hay algo oscuro en esta historia y pienso descubrirlo.

Le estuve contando lo que había ocurrido con Lakisha y todo lo que me había sucedido desde entonces. De pronto, algo se me pasó por la cabeza. ¿Y si pudiera investigar también a Jules? ¿Y si ese hijo no era mío y no tenía que esperar hasta su nacimiento para saberlo?

—También quiero que investigues a Jules Shawn.

—Eso subirá el precio del servicio considerablemente.

—No me importa lo que me cobre, me da igual pagar lo que sea, siempre y cuando la información llegue lo antes posible y sea veraz y contrastada. Quiero fotos, vídeos, lo que sea que pueda demostrar que su informe es cierto.

—Llevo muchos años en esto, señor Stone. Mi experiencia me avala y soy muy veraz y responsable. Le aseguro que, en un par de meses, tendrá en su mesa todo lo que me está pidiendo.

—Eso espero, porque me urge muchísimo. Mi futuro depende de su informe. Y creo que no hace falta decir que no quiero que nada de lo que hemos hablado salga de aquí, con absolutamente nadie.

—Por supuesto que no.

—Si necesita verme por algo, me envía un mensaje y nos veremos aquí. Tan solo faltará que me indique la hora en la que estará disponible.

Le entregué un cheque con el importe que me había pedido antes de empezar a investigar y nos despedimos. Kennedy salió del restaurante por una de las puertas y yo lo hice por la otra, por precaución, según me dijo, ya que era yo quien no quería que nos relacionaran.