Capítulo 19
Liam
Habían pasado ya casi cinco meses desde que Jules me dio la noticia de que Lakisha había pasado página y estaba embarazada. Charlotte seguía insistiendo en que fuera a hablar con ella, pero no me sentía con las fuerzas necesarias para ponerme delante y pedirle explicaciones.
La relación con mis amigos también se había visto resentida, y por un motivo en concreto. Tiempo después de que me acostara con Jules aquella noche de borrachera, de la que sigo sin recordar nada, por cierto, vino a buscarme al despacho para darme la noticia más impactante de mi vida.
—Señor Stone, está aquí la señorita Jules. Dice que tiene que hablar con usted —me dijo mi secretaria a través del interfono.
—Está bien, dile que pase.
—Ahora mismo, señor.
Ni dos minutos después se abrió la puerta de mi despacho y entró ella, como siempre, pisando con seguridad y con su mejor atuendo, como si tuviera que impresionarme, pero no lo hacía. Me quedé mirándola hasta que llegó a mi lado, pero sin reaccionar.
—Hola, amor, ¿qué tal la mañana?
—¿A qué has venido, Jules? Te advierto que no tengo mucho tiempo, tengo una reunión importante en media hora.
—Esta reunión es mucho más importante que cualquier otra, te lo aseguro. Pero dame un beso, al menos.
—Ve al grano, Jules, por favor, ya te he dicho que no tengo tiempo.
Me levanté de mi sillón y me acerqué a ella para saludarla, dejándole un beso en la mejilla. Intentó girarse para que cayera en sus labios, pero, como ya me lo esperaba, no consiguió que lo hiciera. Después de esto, me miró como si aquello no hubiera hecho más que empezar.
—Bueno, como quieres que vaya al grano, te lo diré sin paños calientes. Estoy embarazada.
—¿Perdona?
—Veo que te ha impresionado la noticia y no te diré que a mí no me ha pasado lo mismo.
—Lo que no entiendo es qué tengo que ver yo en todo este asunto.
—Hijo mío, te creía más inteligente. Pues que es tuyo, tú eres su padre.
—¿Yo? ¿Cómo voy a ser su padre?
—Creo que no te tengo que contar los detalles, ¿verdad? Un hombre, una mujer, una cama, una noche de pasión…
—Pero yo no…
Mierda. En ese momento vinieron a mi cabeza algunas imágenes sueltas de aquella noche y tuve que tomar asiento o terminaría tirado por los suelos con lo que me estaba entrando por el cuerpo. Por su manera de mirarme, desafiante, sabía que ni siquiera se había planteado abortar.
—Veo que te acabas de dar cuenta del momento exacto de la concepción de este bebé. Y no, no pienso renunciar a él; yo también tengo derecho a ser madre.
—Nadie te está diciendo nada de eso.
—Pero lo has pensado. Si estoy aquí es para que veas que el destino se empeña en que estemos juntos y para decirte que lo mejor para todos será que me vaya a vivir a tu casa.
—De eso nada. Que piense hacerme cargo del bebé no implica que también lo vaya a hacer de ti. Lo siento, pero no.
—Estás hablando desde el rencor, Liam. Sabes que no fue mi culpa; ese hombre me deslumbró con su dinero y con sus gestos…
—Al igual que tú me deslumbraste a mí. Has sufrido en tus carnes lo mismo que me hiciste a mí, pero con la diferencia de que yo sí estaba enamorado de ti y tú de ese hombre, no.
—Pero estoy aquí de nuevo y te he pedido mil veces perdón. Me equivoqué, todo el mundo lo hace, pero estoy en mi derecho de rectificar.
—Al igual que yo lo tengo a no volver a caer en tu trampa.
—No es una trampa. Si hablamos de malas artes, has tenido a la reina en tu casa, con un documento que decía que era tu mujer.
—Y lo seguirá siendo, aunque estemos separados. Además, ella nunca ha actuado con malas artes; siempre ha ido de frente. El que no lo ha hecho he sido yo.
—Bueno, esa mujer me importa entre menos y nada. Ahora lo que quiero es que sentemos las bases para la convivencia. Nuestro hijo se merece tener a sus dos progenitores.
—Y los tendrá, pero cada uno en su casa. No me niego a pasar una manutención por el niño, a darle mi apellido y a estar presente en su vida, pero no en la tuya.
En ese momento llamaron a la puerta. Era Mark, que venía a decirme que teníamos que acudir a la reunión. Cuando la vio allí, una sonrisa le iluminó la cara. Siempre pensé que estaba enamorado de ella y ahora, con sus gestos, lo corroboraba.
—Este tema no ha quedado zanjado, Liam. Esta tarde pasaré por tu casa, cenamos juntos y hablamos de todo esto.
—Esta tarde no puedo. Nos vemos mañana aquí, en el despacho, a las nueve de la mañana.
—Esa hora es demasiado temprano, mejor a las doce, así no tendré que madrugar.
—He dicho a las nueve. Si no vas a poder asistir a esa hora, lo dejamos para otro día, pero no en mi casa, aquí, en el despacho. Te rogaría que me avisaras de tu decisión. Ahora, vamos a la reunión.
Mi amigo y compañero me miró como si estuviera loco, pero no le hice caso y entré en la sala de reuniones, donde ya me esperaban los clientes. Me disculpé por la demora, que no fueron más que unos minutos, pero, como ya he dicho, odio la impuntualidad.
La reunión transcurrió tal y como esperaba y, además, me sirvió para evadirme del tema de Jules, pero tan solo me duró lo que tardé en llegar al acuerdo y despedir a los clientes, pues Mark entró detrás de mí en el despacho, dispuesto a decirme lo que pensaba.
—¿Se puede saber por qué le has hablado así a Jules?
—No le he hablado de ninguna manera, tan solo la he puesto en su lugar, nada más.
—¿Estás loco? No entiendo tu comportamiento, cuando cualquier hombre estaría encantado con las atenciones de una mujer así.
—Ya, tú el primero, ¿no?
—Pues sí, yo el primero, pero a cualquiera que le preguntes te dirá lo mismo.
—Pero es que yo no soy cualquier hombre. Mis prioridades han cambiado mucho desde la universidad. He perdido a la mujer de mi vida por quedarme anclado en el pasado y no me volverá a suceder.
—¿Otra vez pensando en la lisiada esa?
—Como vuelvas a dirigirte así a Lakisha, te juro que no miraré los años de amistad que nos unen.
—Es tu responsabilidad hacerte cargo de ella y de ese niño.
—No te equivoques, mi responsabilidad es tan solo con ese bebé, y siempre y cuando pueda demostrar que es mi hijo. Con ella no tengo ninguna obligación.
—No sé cuándo has cambiado de esa manera, pero ten una cosa clara: si no te haces cargo de ella, lo haré yo.
—No me hagas reír, por favor. Ella no te aceptará en su vida, no de la manera en la que te lo estás imaginando. Te faltan unos cuantos ceros en tu cuenta corriente para que ella te considerara apto.
Mark me miró con rabia, pero también con dolor. Era mi amigo, pero no iba a permitir que dirigiera mi vida, así como tampoco permitiría que una mujer como Jules le arruinara la suya, utilizándolo para que la mantuviera mientras no encontraba a nadie con más dinero que lo hiciera.
Su negocio, ese que había montado con el dinero que le dio aquel otro hombre para que desapareciera de su vida, había ido a la quiebra, entre otras cosas porque, para ella, levantarse temprano era poco menos que una utopía.
En cuanto me quedé a solas en mi despacho, llamé a mi abogado, porque algo me decía que Jules escondía algo y no iba a hacer el tonto de esa manera. No dejaría que me engañara de nuevo.
—Letrado, buenas tardes, soy Liam Stone.
—Señor Stone, buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?
—Verá…
Le expliqué todo lo que había sucedido y no dudó en aconsejarme que solicitara una prueba de paternidad, pues, aunque había mantenido relaciones sexuales con ella, lo más prudente era confirmar que realmente se trataba de mi hijo.
Me redactó un documento, que me envió por correo electrónico, en el que dejaba muy claro que yo me haría cargo del bebé siempre y cuando se pudiera demostrar, mediante una prueba de paternidad, que era mi hijo. En él se reflejaba la cantidad mensual que recibiría, así como los periodos de visita.
Si quería que fuera así, tendría que firmar ese documento y someter al bebé a las pruebas de paternidad en cuanto naciera, ya que tampoco quería que Jules se sometiera a ninguna prueba invasiva durante el embarazo. Mientras tanto, yo me haría responsable de los gastos médicos derivados del mismo.