Si decides quedarte Setenta
92%

Setenta

Mi niña, mi pequeña, mi vida:

Si estás leyendo esto, significa que mi tiempo se ha acabado y que yo he sido demasiado cobarde para decírtelo a la cara.

Ojalá pudiera sentarme a tu lado, apartarte el pelo de la cara como cuando eras pequeña y decirte que respires, que estoy aquí, que todo va a ir bien. Ojalá pudiera.

No sé cómo hacer esto. No sé cómo se empieza una despedida cuando he vivido toda la vida agarrándome a ti.

Lo siento, mi niña. Lo siento en el alma. Lo siento tanto…

Sé que te estarás preguntado por qué. Por qué no te dije nada hasta que fue demasiado tarde.

La respuesta es egoísta, lo sé: no quería verte preocupada.

Quería vivir mis últimos días viendo tu sonrisa.

Quería que nuestros últimos recuerdos juntas fueran risas en la cocina, películas en el salón y paseos por el parque.

No quería hospitales ni despedidas largas.

Quería que me miraras como lo haces siempre, sin esa sombra en los ojos que aparece cuando sabes que algo se acaba.

Quise fingir. Y sé que soy una cobarde. Porque tenía miedo, Talya. Te quiero tanto que no sé cómo gestionarlo. Por eso te pido perdón.

Mi Taly, no quiero que te culpes por no haberte dado cuenta. Si no lo hiciste fue porque yo me esforcé en que así fuera. Porque no puedo irme viéndote sufrir más de lo que ya has sufrido.

Así que quiero que sepas algo: no había nada que pudieras hacer. Era un destino irremediable. Ha pasado todo tan rápido que ya no hay forma de frenarlo. Así que borra cualquier rastro de culpa que haya quedado en ti.

No he sido una madre perfecta, estoy lejos de haberlo sido.

Pero necesito que algo te quede claro: te he querido más que a nada.

Te he querido de formas que no sabía que se podían llegar a sentir.

Y ese amor me ha llevado a tomar decisiones que ahora sé, con la perspectiva que da la muerte, que estaban lejos de ser las correctas.

Jamás me perdonaré por lo que pasó, Talya. Nunca, ni en un millón de vidas. Debí haberte protegido, debí haber visto señales…, pero no lo hice. Y eso es algo que, ni siquiera en estas circunstancias, puedo perdonarme.

Sé cómo te has sentido todos estos años, mi amor.

He visto cómo te encogías, he visto cómo te frotabas la piel en la ducha hasta hacerte daño, intentando arrancar una suciedad que no estaba fuera, sino dentro.

Y todo eso es culpa mía, Talya. Por no haberte cogido de la mano y haber salido corriendo mucho antes.

Yo escogí mal, mi vida. Muy mal.

Yo tenía otros planes, otros sentimientos.

Pero era joven, ingenua, y me daba tanto miedo hacerle daño a otras personas que decidí dar un paso a un lado.

Renuncié a mi propia felicidad para complacer a los demás.

Me convencí de que era lo correcto y tardé mucho en darme cuenta de lo equivocada que estaba.

Durante muchos años me he preguntado qué habría pasado si hubiera sido más valiente. Si hubiera escuchado a mi instinto en lugar de callarlo.

A veces me gusta pensar que, en otra vida, tú habrías llegado a mí de otra forma. Con otra historia y con un hogar mejor desde el principio.

Pero necesito que sepas algo importantísimo: si volver atrás significara vivir en un mundo en el que tú no existes, no podría hacerlo.

Volvería a pasar por todo ese infierno un millón de veces solo para poder tenerte. No sabría elegir un camino en el que tú no existieras.

Eres la luz que saqué de tanta oscuridad. Eres la luz de mi vida, Talya. Eres mi mayor acierto.

Espero que con tu tío Douglas y con tu tía Margaret seas feliz. Espero, desde lo más hondo de mi alma, que sepan cuidarte y protegerte como yo no supe hacerlo. Y espero, con toda la fuerza de mi corazón, que Margaret te trate mejor de lo que supo tratarme a mí.

Mi niña valiente.

No cometas mis errores. No dejes que el miedo decida por ti. No te escondas.

El mundo está lleno de monstruos, sí. Pero también está lleno de personas maravillosas que están deseando conocerte.

Confía. Ama. Vive. Arriésgate.

No estás rota, mi niña. Nunca lo has estado. Estás hecha de la misma materia que las estrellas. Tienes que brillar.

Te quiero más que a mi propia vida.

Sé feliz, Taly. Prométemelo. Vive por las dos.

Yo me voy feliz por haberte tenido. Por haber tenido la suerte de pasar cada día contigo.

Te adora con el alma,

Mamá