Si decides quedarte Sesenta y ocho. Dylan
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Sesenta y ocho. Dylan

Sesenta y ocho

Dy lan

Entro en casa y cierro la puerta a mis espaldas con un suspiro.

He dejado a Talya en casa, le he prometido que la llamaría en cuanto supiera algo. Pero no he podido dejar de darle vueltas al mismo asunto en todo el camino.

¿De qué conoce Richard a la familia de Talya?

¿Fueron amigos en el instituto? ¿Compañeros de universidad?

Edimburgo no es tan grande, el mundo es un pañuelo, pero que mi padrastro resulte ser amigo de juventud de los padres de mi…

de Talya, es una coincidencia demasiado retorcida.

Y verlo sonriendo en la misma fotografía que el cabrón que le destrozó la vida me revuelve el estómago de una forma que no sé cómo gestionar.

Avanzo por el pasillo y lo encuentro en la cocina.

Richard está apoyado en la isla central, con las gafas de ver puestas. Está ojeando lo que parece ser el correo con una taza de café en la mano. Lleva un jersey gris y tiene esa expresión relajada y afable de siempre.

Al escuchar mis pasos, levanta la vista y me sonríe.

—Hombre, pensaba que no volvías hasta la hora de comer. ¿Dónde has dejado a Talya?

Decido no darle más vueltas. Meto la mano en el bolsillo de mi sudadera, saco el trozo de papel fotográfico desgastado y me acerco a él. Lo dejo boca arriba sobre el mármol de la encimera, justo frente a sus ojos.

—Richard…, ¿tú conoces a la gente de esta foto? —le pregunto con genuina curiosidad y confusión.

Él frunce un poco el ceño, extrañado por mi pregunta, y deja la taza de café a un lado antes de bajar la vista hacia la fotografía.

Durante un segundo, no pasa nada.

Y, entonces, ocurre.

Todo el color desaparece de su cara de un plumazo. Es como si alguien le hubiera vaciado la sangre del cuerpo. Sus hombros se tensan de golpe, sus ojos se abren de par en par detrás de los cristales de las gafas y se estremece.

—Dylan… ¿De dónde has sacado esto?

Me quedo paralizado. Esperaba sorpresa, tal vez que me dijera con normalidad que eran viejos amigos a los que hacía años que no veía. Pero lo que hay en su cara ahora mismo no es nostalgia. Es puro shock.

Me apoyo en la encimera, sintiendo que el pulso se me acelera por su reacción.

—La ha encontrado Talya esta mañana —respondo—. La chica que está a tu lado es su madre. Y el otro es… su padre.

Richard se lleva una mano a la boca como si acabara de recibir un golpe físico.

No entiendo qué cojones está pasando.