33. Georgia
Ha pasado un mes desde que me desperté en el hospital con Krystin y Valentina a mi lado y supe que Warren ya no podía lastimarme.
Un mes desde que cambió todo.
Los moretones se borraron, y la nariz se me está curando, aunque los dolores de cabeza todavía vuelven cuando estoy cansada.
El resto del daño es más difícil de medir.
Algunas mañanas me despierto con Bruno acurrucado contra mí y me siento casi normal.
Otras, busco el celular esperando encontrar un mensaje de Warren, hasta que me acuerdo de que ya no tiene permitido contactarme.
Todavía no sé cómo se supone que tiene que ser mi vida sin él.
Las noticias de Warren me llegan a través de Tom. Después de entregarse, lo arrestaron. Ahora enfrenta cargos por lo que me hizo. Para poder quedar en libertad mientras sigue el proceso, tuvo que internarse en un centro de tratamiento psiquiátrico y de rehabilitación.
Las evaluaciones confirmaron trastornos graves por consumo de alcohol y opioides.
Los médicos también lo están evaluando por una posible enfermedad mental de fondo, quizás trastorno bipolar o esquizofrenia, pero todavía no tienen un diagnóstico definitivo.
Necesitan tiempo para saber qué síntomas persisten una vez que lleve sobrio el tiempo suficiente como para evaluarlo bien.
Todavía no sé cómo procesar nada de esto.
Una parte de mí no deja de mirar hacia atrás, buscando el momento en el que debería haber entendido lo que estaba pasando. Me pregunto cómo no vi las señales y por qué seguí buscándole explicaciones a comportamientos que me daban miedo.
Después recuerdo que sí vi partes de lo que estaba sucediendo. Simplemente no entendí cómo encajaban hasta que ya estaba atrapada en la vida que habíamos construido.
Las adicciones de Warren y cualquier otra enfermedad que pueda tener, quizás expliquen en parte cómo cambió.
Pero nada de eso justifica lo que me hizo.
Esa es la parte que todavía estoy aprendiendo a aceptar.
No podía amarlo lo suficiente como para que dejara las drogas, ni protegerlo de todas las consecuencias de sus decisiones.
Salvarlo nunca tendría que haber sido mi responsabilidad.
Krystin lleva todo el mes insistiendo en que me vaya a Australia con ella.
Dice que no tengo porqué quedarme para siempre.
Podría pasar unos meses con ella y con los mellizos, darme tiempo para recuperarme y decidir qué quiero sin estar rodeada de recordatorios constantes de la vida que creí que iba a tener.
No le dije que sí, pero tampoco le dije que no.
La idea de irme me aterra. Houston es donde están mis papás, donde están Valentina y Claire, y donde está todo lo que conozco. También es donde me imaginé una boda que nunca va a pasar y construí un hogar con un hombre que ya no reconozco.
Quedarme significa enfrentar todo eso antes de saber si estoy lista.
Irme podría darme la distancia suficiente para acordarme de quién era antes de que amar a Warren se convirtiera en el centro de todo.
No sé qué viene ahora, pero sé que sobreviví. Sé que estoy a salvo, y por hoy, eso es suficiente.